Poesía

Penas de ayer

Por: Sebastián Gómez Gutiérrez

Ahogado en soledad, mi ser se apuñala a sí mismo; se martiriza por las penas del ayer, por este que un día fue y nunca se preocupó por existir realmente. Cansado de respirar por inercia, explota en éxtasis, lo posee la emoción y salta del risco. Una gota rueda desde su lagrimal, hasta el final del precipicio y mientras él cae con un puñal en el sobaco izquierdo, muere el ayer, dejando a su paso un perpetuo hoy, donde el objetivo es uno:

No morir en el intento de vivir.

Muere el ayer y con él, las penas, los «No hice esto, o aquello», mueren las lástimas y los lagrimales se secan; las puertas viejas que cerraron con cerrojo demuestran su intención de no abrirse, no hasta que se golpee en ellas con sutil cuidado y he aquí lo más complicado, con la frente baja: 

Quedan los egos y algunos pensares suicidas recaen a la medianoche.

Queda la soledad y en ella me humanizo, toco a mi puerta, preguntándome si estoy; yo allá, pero acá. Por la ranura observo: mientras con la diestra sostengo un café al que le doy sorbos y con la zurda, firme, pero sutilmente sostengo un bastón, voy escribiendo estás letras: «¡Él se pierde!» Eso es la vida, mientras pierdes el sentido en cada línea van fluyendo los excesos, esos que pueden llegar a dos extremos «¡Bacanal! El ser humano es emotivo por naturaleza». ¿Sé que vivo mientras leo un escrito? ¿Cómo encontrar la humanidad sino en lo poético? El arte es la esencia de lo humano; impacta al ser en su profundidad, aunque no se dé cuenta…

El arte no tiene sentido, pero despierta cada uno de ellos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *