Crónica,Literatura

¡La Copa de vino la necesito con la comida!

Por Christian Corr Nosotros, que no teníamos velas en ese entierro, por chismosos, se nos había dañado la comida, aprendimos que escuchar conversaciones ajenas es un grave error Una noche. Bogotá. El frío. La llovizna. La fila. Debemos entrar. La mesa. Voltea allí. Voltea allá. Llegamos. Las mesas eran muy juntas. Buena ambientación. Buena música. Mucha gente. Nos sentaron en la mitad de una mesa grande. La música. El menú. Los aperitivos. Primera vez en un sitio de esos tan, como se diría coloquialmente: fancy. La mesa estaba vacía y afuera esperaban los comensales su turno. La sombrilla. El labial....
Literatura,Poesía

Dios y azar

Por Mate Matías Arango … campanadas celestiales que esnifan el bazuco, el polvo derrochado por el sol que desamparó este pedacito de ciudad. No tengo paz con esta ciudad colmada de neurosis, ni goce; mi dionisiaco placer me lo han robado las chicas de la vida alegre que pululan bajo los hospedajes residenciales entre séptima y octava. “El azar no existe, Dios no juega a los dados”; el mío ha caído bajo la misma dirección de los dados de un viejo bullicioso que, como Einstein, sabe que Dios no regala monedas. Una niña ya crecida —cumpliendo las promesas de la ciudad moderna— aguarda...
Literatura,Poesía

Llévate todo

[vc_row][vc_column][vc_column_text] Imagen: Marcharse para siempre - Juan Carlos Boveri [/vc_column_text][vc_column_text] Por David Cañaveral Morales [/vc_column_text][vc_column_text]Llévate todo, pero no mis poemas llévate mi mente si quieres, pero no mis letras ya tengo varias lineas perdidas; te las has llevado tú entiende que no soy Bukowski o Fante. Llévatelo todo de una vez mis momentos mis licores mi vida mi alma si quieres; llévate todo eso pero deja intactos mis poemas ¿No ves que no me parezco a Borges o a Neruda? Quédate con el café cargado de mis noches te regalo mi lámpara nocturna si quieres, te puedes llevar algunos libros...
Cuento,Literatura

La Vida vacía de Bonnie Anne

Por Mateo Quintero El cuerpo quedó saciado, vacío. Igual que su alma. ¿Por qué el ser humano debe apegarse a algo toda su vida? Bonnie tenía el cabello desordenado. Hacía un par de horas que se lo había planchado, pero ahora estaba desflecado. Le recorría toda la espalda hasta las nalgas bañadas en sudor, rojas. La pestañina se le regaba por el cachete, el maquillaje estaba corrido como si hubiera llorado sus 23 años. Estaba arrodillada, pero con el trasero en los pies, un poco sentada. Tenía la cara hacia el frente, con los labios estirados en forma de beso...