Virus: sobreviviendo a lo desconocido

Posiblemente este sea un escenario idóneo para quienes tienen conciencia ambiental y desean quedar libres de la contaminación humana

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04/13/2020

Posiblemente este sea solo un escenario idílico para quienes tienen conciencia ambiental

“….había devastado el país durante largo tiempo. Jamás una peste había sido tan fatal y tan espantosa. (…) Las manchas escarlata en el cuerpo y la cara de la víctima eran el bando de la peste, que la aislaba de toda ayuda y de toda simpatía, y la invasión, progreso y fin de la enfermedad se cumplían en media hora”.

La Máscara de la Muerte Roja, Edgar Allan Poe

Por Guess

Con este inevitable relato de mediados del siglo XIX; Edgar Allan Poe ya nos presentaba el confinamiento como un método eficiente de subsistencia frente a lo desconocido. De manera más surrealista; el aislamiento, la interacción obligada y la escases, también es presentada por Luis Buñuel en un intrigante filme de su etapa mexicana “El Ángel Exterminador. Ambos trabajos, tanto la producción del director español como el macabro relato del bostoniano, exploran en cierta medida la angustiante degradación de la conducta humana cuando es llevada a unos límites de encerramiento y sometida al azaroso argumento de lo inexplicable.

La reclusión mental por lo regular supera el aislamiento físico. En estas condiciones el cerebro primitivo regula las reacciones que de alguna forma aseguran la supervivencia. En términos evolutivos: no se piensa, se actúa por instinto. Aquí es donde salen a flote fobias, manías, miedos y cuanta cantidad de trastornos se mantienen ocultos bajo una inmensa capa que se va tejiendo desde las tempranas etapas de desarrollo dentro de cada ciclo vital humano.

No es de extrañar que después de un enclaustrado proceso, en determinados territorios, varios colectivos y muchos individuos experimenten un cambio notable en su patrón de conducta, lo que en esencia podría acarrear una actitud reaccionaria, que llevaría a develar y fortalecer un rechazo social generalizado o un miedo irracional injustificado a personas de cierto colectivo o de ciertas características.

Detrás de la invasión, y el progreso de una situación crítica, no hay un desenlace con final cerrado, sino una etapa de observación que podría arrojar un diagnóstico un poco más equilibrado para los medios y la opinión pública, pero bajo los parámetros del Big Data. Con la crisis “controlada”, y los medios inmersos en otras novedades y dilemas territoriales, los análisis que vendrían posteriormente ya no estarían enfocados en la salud física y mental de los ciudadanos sino más bien en los nuevos fenómenos de disfunción social que entrarían a reforzar la exclusión de personas o colectivos en posición vulnerable. A partir de estas condiciones más que un trastorno mental, el dilema que se gesta es un fenómeno social.

El monstruo tiene poderes de ubicuidad

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¿Pánicos compartidos o fenómenos individuales?

Entre los miedos,  fobias y particularidades con frecuencia se ha contado con el implacable síndrome Burnout, con la histórica claustrofobia, con la impecable ataxofobia, con la siempre aguda hemofobia, con una inquietante variedad de trastornos obsesivos compulsivos y quizás desde un punto de vista sociológico con la heterofobia, pero hoy las circunstancias se prestan para que el endémico chauvinismo salga a flote, acompañado de la infalible xenofobia, la cual ha trepado picos inalcanzables, en complejos momentos de la historia.

Posiblemente este sea solo un escenario idílico para quienes tienen conciencia ambiental y en su mundo verde desean quedar libres de la contaminación humana.

Las circunstancias actuales también se prestan para identificar una serie de tendencias que a la par terminaran por convertirse en fenómenos sociales contemporáneos, siendo las Fake News y la virtualidad, algunos de los más notables y que han traído consigo varios neologismos y términos de dudosa procedencia.

La virtualidad y el trastorno de ansiedad que caracteriza a personas incapaces de vivir desconectados de una ciber-realidad, se ha propagado a niveles pandémicos y ha trastocado los cimientos emocionales de miles de víctimas y aun así no ha sido tratada con total rigurosidad. Si a eso se suma el acompañamiento permanente de falsas noticias que inunda dicha ciber-realidad, la paranoia está asegurada.

La aporofobia, el neologismo creado por Adela Cortina para referirse al fenómeno social relacionado con el repudio a los pobres, probablemente será el último virus que vislumbre su llegada, con la presente situación. Con poco tiempo de vigencia y frente a la debacle económica que se divisa, la aporofobia será un virus que sin sospecha, contagiara a miles de seres alrededor del mundo y cobrara más víctimas que la realidad virtual.

Virus: epílogo  de un sobreviviente

Más allá de creer o no en pánicos compartidos,  teorías conspiratorias o fenómenos individuales, si hoy le diéramos a Buñuel o a Poe ideas sueltas para que ampliaran su trabajo, tendrían que construir una obra con un  argumento un tanto inexplicable, empezando por el título:

Virus: sobreviviendo a lo desconocido

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Sinopsis

En medio de una gran convocatoria miles de invitados se han refugiado en un reducido espacio para escapar de un monstruo intangible, cuyas características han sido prefabricadas a través de imaginarios e insólitas conjeturas. Estos imaginarios son fruto de paranoias colectivas previas.

Características del argumento

El monstruo tiene poderes  de ubicuidad y a su vez puede transformarse en los miedos más irracionales y espantosos dependiendo de la comunidad donde llegue.

La mayoría de personajes son muy primitivos y actúan por instinto. Los órdenes imaginados están a merced de una realidad virtual que controla un ser llamado Big Data. Los protagonistas no tienen espacios reales de comunicación, sino que están permeados por Fake News, y hasta el mínimo contacto físico está prohibido. Los sentimientos o cualquier manifestación emotiva están supeditados a unos rigurosos códigos de control. Quienes los infrinjan recibirán el violento rechazo social.

La trama evolucionará en la medida que los personajes asuman angustiantes niveles de degradación y aprendan a convivir con lo desconocido.

Buñuel y Poe estarían frente a su primer obra en el siglo XXI, pero ¿Qué tipo de desenlace le darán a este relato distópico?

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