Una voz en la tormenta

Guess sostiene una entrevista con el politólogo colombiano Andrei Gómez-Suárez, quien vivió desde muy cerca el proceso de paz liderado por el expresidente Juan Manuel Santos

Por Guess
Entrevista

Un amplio sector de la sociedad colombiana que decía ser pro-paz tenía una profunda desconfianza o en el gobierno o en la información o en las Farc

Llego más temprano que de costumbre a la primera jornada del conversatorio, que seguro le daría los suficientes elementos para entender un dialogo. Una hora de trayecto, dos porteros novatos y un interminable inventario de protocolos en marcha no fueron suficientes para detener su destino. Jamás hubiera sospechado lo que estaba por escuchar.



El purpura del canapé reflejaba una de las más holgadas posturas.  Sin embargo, este no era óbice para dejar de mencionar algunos hechos y principios históricos fundamentales. Aunque imaginó otros detalles, parece que de repente todo se alineaba.

¡Ah, carachas! La pantalla se abre y con hora inglesa aparece uno de los caballeros del dialogo estructural: Andrei Gómez-Suárez.

Un investigador bogotano, apasionado por la memoria histórica de su país y la geopolítica contemporánea.  Un analista objetivo que, con afable acento, interpreta muchas de las voces que tuvieron un discurso legítimo. Un estudioso que con tacto ha sabido sortear las vicisitudes de un conflicto, impulsando la reflexión y promoviendo una inteligencia emocional que permita gestionar las diferencias de manera constructiva.

Guess: ¿En qué consiste la ReD Rodeemos el dialogo y cuál es el objetivo de esta organización en Colombia?

Andrei Gómez-Suárez: Rodeemos el Dialogo es una organización que nació como un grupo de amigos, que les interesaba el Proceso de Paz en Colombia que estaba surgiendo entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las Farc en el año 2012. Este grupo nació en Londres, y surgió porque todos sentíamos una preocupación: a pesar que las partes parecían tener interés en ponerse de acuerdo y llegar a un acuerdo final de paz, la sociedad civil estaba muy desconectada. Entonces como grupo lo que quisimos fue tratar de decir: «Nosotros desde la sociedad civil, Rodeemos el Dialogo, e invitamos a que estas dos partes que han sido enemigos acérrimos, lleguen a un acuerdo final».

Eso que nació en Londres motivó a que a principios del 2014 nos trasladáramos para Colombia y originara una serie de Desayunos de Paz en los que empezamos a encontrar nuevas personas en Bogotá que se interesaban por el mismo tema, por rodear la negociación, por tratar de no juzgar a los equipos negociadores sino por tratar de entender cuáles eran las dificultades y cuáles eran los logros que iban a alcanzar. El equipo, hoy en día en Colombia, ha seguido trabajando alrededor de cómo apoyar la implementación de los acuerdos de paz, y cómo ayudarle a la sociedad civil a tramitar las dificultades de la transición de la guerra a la Paz.

Guess: En el Prólogo del libro El Triunfo del No usted utiliza el término «La Cartografía Emocional». ¿A qué hacía referencia con dicho término en esa época?

Andrei Gómez-Suárez: En esencia lo que yo estaba planteando es que el país no se puede leer solamente como un país conformado por regiones geográficas, hecho de montañas, ríos, departamentos y demás, sino que al país había que hacerle un mapa de cuáles eran las emociones que iban reconfigurando nuestras complejas tensiones identitarias. Con el libro, lo que trato de hacer también es escribir esa cartografía de cómo el miedo, la rabia, la indignación y la decepción se van apoderando de ese terreno en el que se construye la identidad nacional. Tengo que aceptar que desafortunadamente en el libro no me alcanzo el tiempo —ni el espacio— para hacer una Cartografía Emocional del otro lado de la moneda, que es todo ese lado de la esperanza, de ese sentir de solidaridad que también despertó la negociación de paz en La Habana.

Guess: En el mismo texto usted habla de «compartir novelas» con sus estudiantes de La Universidad de Los Andes para «entender mejor la carga emocional que hemos heredado en estos últimos 50 años de guerra». ¿Qué novelas leían? Y desde su posición, ¿cómo la Literatura nos permite entender mejor dicha carga emocional?

Andrei Gómez-Suárez: Qué buena pregunta esa. Mira… yo hice una clase de maestría en La Universidad de Los Andes, en la que las lecturas obligatorias eran novelas. Los estudiantes no tenían que leer los típicos textos de Gonzalo Sánchez, Donny Meertens o los textos de los politólogos en Colombia. Lo que teníamos que hacer era leer doce novelas. Doce novelas a lo largo de todo el semestre para tratar de comprender la guerra y las dificultades alrededor de la guerra. Voy a recoger unas cuantas; la primera con la que abríamos era El Crimen del Siglo de Miguel Torres, que aborda el asesinato de Gaitán. Esta maravilla de novela histórica también servía para mostrar que la impunidad ha reinado en Colombia desde esas épocas.

Para acercarnos a los años sesenta leímos Abraham entre bandidos, de Tomás González. Es otra lectura del bandido político después de la violencia Liberal-conservadora. Cuando saltamos a los 80 leímos 35 muertos de Sergio Álvarez, una novela vital que narra la complejidad que introdujo el narcotráfico en nuestras emociones. Para terminar, incluimos Los Ejércitos de Evelio Rosero, que cuenta una masacre. Nosotros en Ciencias Políticas, que es lo que yo he investigado, generamos tendencia a ver los conflictos como estadística, como entrevistas cualitativas históricas, como análisis de sistemas políticos, y uno nunca trata de aproximarse al dolor que este conflicto nos ha causado, cómo lo cargamos o llevamos dentro.

Te cuento: cuando hicimos la presentación con el texto de Rosero, por primera vez vi toda una clase de estudiantes llorando. Esto los había impactado en su ser. Entonces el arte en general y las novelas en particular son una herramienta poderosa para encontrarnos con esa historia y ese bagaje que cargamos.

Guess: Ya que nos adelantamos un poco y continuando por la parte artística, ¿cree que el área cinematográfica o audiovisual ha sido protagonista y se ha apersonado con las vicisitudes del conflicto como lo ha hecho Argentina o Chile, o aún hace falta?

Andrei Gómez-Suárez: Umm… En Colombia se ha hablado del conflicto armado desde el audiovisual de varias maneras, no necesariamente en películas. Recuerdo algunas como Golpe de Estadio. En términos de documentales sobre todo… digamos que sobretodo, después de la firma del acuerdo de paz ha surgido una producción grande de lo que ha sido el conflicto armado en Colombia. Recuerdo El Silencio de los Fusiles, Para acabar una guerra del inglés Marc Singer, un documental espectacular. Acabo de ver Una vez fuimos Colombia. Me parece que ha aumentado después del acuerdo una buena cantidad de documentales o películas relatando la dejación de armas de las Farc o el impacto que tuvo el conflicto armado.

Antes del acuerdo había unas cuantas, pero quizás se daba un manejo distinto del tema y eso tiene que ver con el momento histórico en el que se producen las cosas y también tiene que ver, tristemente, con el gobierno anterior a Santos, que generó una visión perversa de lo que estaba pasando en Colombia, donde se deshumanizó completamente a las Farc y el conflicto se dejó de ver en su totalidad, se negó su existencia. A pesar de todo, hubo un periodista interesante, Jorge Enrique Botero, que crea un material tipo documental que plasma lo que estaba ocurriendo en medio del conflicto.

Guess: Apoyémonos en un documental para hacerle una pregunta personal: «El Baile Rojo». ¿Por qué un politólogo de La Universidad de los Andes toma un camino tan complejo de abordar la desaparición de La UP?

Andrei Gómez-Suárez: Te cuento una historia que he narrado en público y aclara el prefacio del libro: Genocidio, geopolítica y redes transnacionales. La razón por la cual empiezo a investigar La Unión Patriótica, es porque yo me vengo al Reino Unido a realizar una Maestría en Guerras Contemporaneas y Estudios de Paz. Allí tomo una clase con un profesor, uno de los más grandes expertos en genocidio en su momento. Y él nos pregunta en la introducción ¿Usted porque está tomando esta clase? En la clase había personas de Sri Lanka, de Ruanda, de países que habían tenido conflictos directos, y todos querían tratar de comprender lo que había ocurrido en sus países. Cuando llega mi turno le digo:

«Yo crecí en un país donde hubo mucha violencia política y mis padres fueron parte de un partido político y a la mayoría de sus miembros los mataron. Quisiera entender si la destrucción de ese partido político, puede entenderse como un caso de genocidio».

Nunca imaginé entrar a esa clase con esa pregunta en la cabeza porque la tenía debajo del tapete de mi historia. Me había dedicado a estudiar de manera distinta; aunque ya lo había abordado en Los Andes, nunca lo había visto como lo vi ese día. Eso cambio mi vida por que abrió una caja de pandora. Me obligó primero a hacer mi tesis de maestría sobre ese tema, y a revisar una cantidad de archivos personales que mis padres poseían. Ellos habían renunciado a La UP después del asesinato de Bernardo Jaramillo, y en la casa se cerró el tema. Hubo un silencio, pero también era como si estuvieran dentro de una olla a presión. Esto se convierte en una tesis de maestría, posteriormente en un proyecto de tesis doctoral y termina siendo mi primer libro, y de allí salto a trabajar para el Centro Nacional de la Memoria Histórica, sobre un proyecto de investigación que trata de entender el tema del exilio y la Unión Patriótica en Europa.

Guess: ¿Qué partido o movimiento, de alguna manera retomó las banderas o los ideales de la Unión Patriótica?

Andrei Gómez-Suárez: Yo creo que La Unión Patriótica inspiró la posibilidad del pluralismo político, teniendo a la izquierda como eje articulador a mediados de los años ochenta. Después del asesinato de Bernardo Jaramillo el poder nacional de la UP queda debilitado; quedaron un par de bastiones en algunas regiones. Pero esas banderas de ser una tercera fuerza que entraba al escenario político, por una coyuntura histórica terminan siendo trasladadas a la alianza democrática del M-19, a pesar de que la visión era un poco distinta. Bernardo y Pizarro ya se habían encontrado, eran muy contemporáneos en edad y visiones, pues habían visto la necesidad de unir fuerzas, incluso cuando Bernardo muere se forman unos círculos políticos denominados: «Bernardo vive, palabra que sí». Estos círculos empiezan a apoyar a Pizarro y les devuelve la esperanza por unas dos o tres semanas hasta que cae asesinado Pizarro.

Después quien enarbola las banderas durante un tiempo es Navarro con el ingreso a la Asamblea Nacional Constituyente; posteriormente continúan otros proyectos que siguen recuperando el proceso social y político. Lucho Garzón en algún momento, el Polo Democrático recupera también algunos ideales, incluso cuando el partido de la UP desaparece legalmente en 2002 algunos miembros se siguen considerando de la UP. Por todo ello, en 2013 cuando se les devuelve la personaría jurídica, el partido vuelve a emerger con sus grupos de base y con exiliados que empiezan a salir adelante. Posteriormente se da una conversación interesante entre la Unión Patriótica, Colombia Humana y los que siguen con las    ideas de reivindicación a la UP.

Guess: Retomando el texto El Triunfo del No, hay un término constante allí: «Los Dispositivos Retóricos». Los Dispositivos Retóricos como mecanismos políticos efectistas quizás han sido instalados desde la segunda guerra mundial con Joseph Goebbels, logrando convertirse en instigadores del miedo, la rabia o la violencia. En el caso nacional, ¿cuáles han sido los que han repercutido en la sociedad colombiana?

Andrei Gómez-Suárez: Yo creo que tienes razón, han surgido con más fuerza después de la segunda guerra mundial, pero han sido de alguna manera parte de la humanidad. A medida que va evolucionando el lenguaje y se van desarrollando medios de comunicación impresos, emergen campañas amarillistas que sirven para deslegitimar al otro, y allí encontramos la semilla de Los Dispositivos Retóricos.

Por otro lado, yo tomo el concepto Dispositivo Retórico a partir de una traducción que hago de un término que utiliza un investigador geopolítico llamado Gerard Toal. Toal lo que hace es un análisis de geopolítica critica en la que habla de la política exterior norteamericana durante la guerra fría en particular, donde se generaron unos scripts (guiones), que tienen como función simplificar la realidad para que sobre dicha simplificación de la realidad se creen unos dramas de lo que estaba pasando en el mundo y se diseñe una política pública que legitime unas acciones particulares en contra de ciertos países.

Ejemplo, la simplificación de Cuba para generar un bloqueo: la amenaza del comunismo. Yo tomo la idea, pero no llamo a esto un guion. Me parece que la palabra guion nos confunde, voy a llamarlo Dispositivo Retórico. Además, le doy un componente adicional que no tiene Toal: los Dispositivos Retóricos simplifican la realidad, condensan una emoción y permiten la colectivización de emociones alrededor de esa simplificación. El ejemplo más claro es el castrochavismo, en el contexto del plebiscito.

Esa palabra no existía ni era parte de ningún debate nacional ni internacional. La habían utilizado en contadas ocasiones algunos opositores del régimen opositor venezolano, pero no era un término importante. Sin embargo, lo que termina haciendo el principal opositor del proceso de paz en Colombia, es capturar este concepto y lo utiliza para simplificar lo que está pasando en La Habana y «el peligro» que viene de La Habana. Entonces él dice: –Lo peligroso de La Habana es que allá se está negociando la llegada del castrochavismo a Colombia. Y Santos es un castrochavista y aquí hay una amenaza castrochavista frente a Colombia (risas).

Si nos damos cuenta, no solo son mentiras, Fake News, sino que además condensa una realidad, la simplifica, y esto, que es muy complejo, de manera irresponsable lo reduce a: «todo tiene que ver con el castrochavismo que viene de un lado para otro…» e instala el miedo. El miedo de la amenaza externa usualmente ha sido el miedo más potente para todos los colectivos de seres humanos en el mundo. Así es como se crean identidades colectivas, cuando hay una amenaza externa que va en contra de nuestras identidades. Entonces los Dispositivos más poderosos, terminan dependiendo del momento histórico. Hay unos que son más poderosos y más efectivos, pero dependen de la época.

En mi libro sobre la UP, yo muestro los Dispositivos Retóricos, que contribuyeron a que ocurriera una Coyuntura Geopolítica Genocida, en la cual la destrucción de La Unión Patriótica era legitimada por un sector de la sociedad colombiana. Cuál fue ese Dispositivo Retórico que fue poderoso en los Ochenta: el proselitismo armado. Se simplificó, toda la importancia, los procesos y todo el poder que convocaba La Unión Patriótica. Alrededor de que la UP, hacía política con armas o el concepto del proselitismo armado fue súper poderoso ayudando a legitimar los perpetuadores. Incluso hoy algunos académicos siguen utilizando ese lente para interpretar lo que paso con la UP en el pasado.

Termino esta idea diciéndote que quizás en el 2016 el plebiscito se perdió por otro Dispositivo Retórico muy poderoso; fue increíble cómo se manipulo a la sociedad; sin ese Dispositivo Retórico, que se repitió intensamente y se implementó en los dos últimos meses de la campaña del plebiscito, habría sido muy difícil que el «No» ganara.




Guess: ¿En el plebiscito faltó una comunicación de base entre los negociadores de La Habana con la población colombiana de manera más fluida o definitivamente fue un proceso que se dejó permear por la posverdad?

Andrei Gómez-Suárez: El problema de la comunicación entre los negociadores de La Habana y la población colombiana no se podía resolver por parte de los negociadores. Porque los negociadores cuando venían a Colombia y decían lo que estaba pasando en La Habana, no les creían. Uno no puede ser parte y a la misma vez juez, no puede. Los equipos negociadores hicieron un esfuerzo increíble.

El equipo negociador realizo 16 foros junto con la RedProdePaz en 16 distintas zonas de Colombia. A la cabeza, Sergio Jaramillo y Humberto de la Calle haciendo pedagogía con alrededor de cinco mil personas. En varios casos la gente salía de sus espacios a decir que como así que una Justicia Transicional. A mí que me importa una Jurisdicción Especial para la Paz. Que es una Comisión de la Verdad. La gente quedaba perdida por una cantidad de términos técnicos que los negociadores de La Habana los manejaban a la perfección, pero la gente del común no los interpretaba en su día a día.

Allí hubo un esfuerzo que fue lo suficiente, pero donde se falló… tres errores. Primero: la cara avergonzada de la Paz de Santos. Ese fue un error brutal. Un presidente que no se mostraba orgulloso de una negociación compleja que él mismo estaba promoviendo… porque entre otras cosas él estaba tratando de mantener tanto a los optimistas como a los incrédulos en el mismo bote. Santos tenía que haberse montado en el acuerdo con autoridad como lo hizo De Klerk con Mandela por la paz en Sudáfrica. Yo entiendo que no lo haya hecho desde el año 2012 que apenas estaba empezando la negociación, pero cuando Santos se monta en 2014 en su segundo periodo, con la bandera de la paz, allí él no fue el ejemplo de lo que le estaba pidiendo a la sociedad, y la mejor pedagogía es el ejemplo.

Segundo: los equipos negociadores no le dieron el suficiente vuelo a la sociedad civil, en particular el equipo del gobierno. A la sociedad civil era a la que había que hacerle pedagogía. Nosotros desde Rodeemos el Dialogo llegamos a muchas zonas donde nunca había llegado el equipo negociador, nos abrían las puertas, reuníamos a quinientas personas y les decíamos: No somos ni gobierno, ni Farc, pero leímos el acuerdo. ¿Cuáles son sus dudas? ¿Cuáles son sus necesidades? Había sesiones con 100 preguntas y nosotros respondíamos pregunta por pregunta. Incluso muchas increíbles, por ejemplo: «¿Es verdad que Santos es un Comandante?» ¡Qué!, ¡pero, por favor, qué es eso! «Es que eso lo recibí por WhatsApp».

Tercero: y el que más le cuesta a la gente entender. Un amplio sector de la sociedad colombiana que dijo que estaba preparada para la paz, no lo estaba. Un amplio sector de la sociedad colombiana que decía ser pro-paz tenía una profunda desconfianza o en el gobierno o en la información o en las Farc. Y no podían tener una pedagogía efectiva que en verdad ayudara a convencer al resto. Y a esas personan les tomó mucho tiempo. Hubo sectores de los campesinos de varias zonas de Colombia que votaron por el «No» porque no querían que las Farc dejaran las armas; es decir: aquí hubo un problema de una sociedad que se ha acostumbrado a la guerra. No hemos logrado entenderlo todavía y cargamos con esa responsabilidad como sociedad.

Guess: ¿Cuáles han sido los dos aciertos y los dos desaciertos de Santos?

Andrei Gómez-Suárez: Primer acierto: jugársela por La Paz. Creo que Santos… de verdad, entendió que había que cerrar el conflicto armado por la vía negociada. Y le dedico todo su capital político.  Segundo gran acierto en clave de paz fue involucrar a la comunidad internacional. Santos fue un embajador y logró con el Consejo de las Naciones Unidas volcar el mundo entero hacia Colombia. Colombia de repente era un país que se mostraba como ejemplo de esperanza para el mundo.

Los dos desaciertos, primero: la falta de convicción de que él tenía que ser el ejemplo de reconciliación con Rodrigo Londoño para la sociedad colombiana. Él no podía pedirle a la sociedad que votara por el «Sí» si él no estaba 100% jugado por el «Sí», y eso se tenía que construir en dos años, y no en un mes antes de la campaña. Segundo desacierto: él traicionó a medias a las élites. Cometió un error que no era posible en ese momento, el cual fue nombrar a Néstor Humberto Martínez como Fiscal General de la Nación. Este y otros nombramientos que Santos propuso en la corte constitucional. Pensar que Vargas Lleras sería el heredero de la paz, cuando en realidad estaba haciendo campaña por el «No».

Guess: ¿Qué tanto de político es Santos y que tanto de diplomático?

Andrei Gómez-Suárez: Santos es un jugador de póquer. Santos es un estadista. Es un estratega de una política distinta, estilo Reino Unido. Es de las grandes ligas porque es una política interesante, allí no hay populismo. Él trató de navegar en el agua más difícil porque sabía que ir hacia un extremo le rompía el barco. Sabía que tenía que mantener a Vargas Lleras alineado porque él no era el gran populista. ¿Eso qué significaba?, llevarse al mayor sector del establishment y de la maquinaria política con él. Te lo digo: si el huracán Matthew no ocurre y ese tema de la ideología de género no emerge un mes antes, y gana el «Sí» en el plebiscito, este país sería otro; porque a Vargas Lleras le hubiera tocado montarse en el tren y sacarlo adelante.

Hubiera jugado una carta distinta a la que jugó después en la implementación jurídica. Hoy lo vemos cuando escribe su carta a Timochenko y le dice: «acepto sus disculpas, lo que quiero es toda la verdad». Santos apostó a que no perdía y tuvo un error de cálculo: hacer el plebiscito en un contexto como el colombiano sin meterle la maquinaria política a fondo; porque, como lo decía, en el caso de Vargas Lleras no se comprometieron; ese fue un gran error de Santos como político.

Guess: Paralelo a la Mesa de Conversaciones de La Habana se conformó una Comisión de Historia del Conflicto y sus Victimas cuya misión entre otras cosas era esclarecer las raíces del conflicto. ¿A su criterio cual es la raíz del conflicto?

Andrei Gómez-Suárez: Es importante el consenso al que llegaron las partes. Hay raíces muy profundas sin lugar a dudas que vienen desde antes de los años 40, como la falta de una reforma agraria, incluso la Patria Boba que menciono en el libro, y allí en ese problema fundacional menciono que tiene que ver con las emociones. Tenemos una identidad nacional fracturada por un trauma de ser incapaces de construir desde la diferencia y nos tenemos que matar entre nosotros porque es la única opción. En 1958 se propone el Frente Nacional como una «paz criolla», que termina ahogada en sangre, y gracias a eso entre otras cosas es que surgen las Farc en el 64.

Guess: A las filas tanto de la extrema izquierda como de la derecha y a las del ejército han llegado los campesinos más pobres y las personas de más escasos recursos. ¿Usted cree que a estas personas el conflicto los marginó y los excluyó de la democracia?

Andrei Gómez-Suárez: Sin duda, pero no solo el conflicto sino lo que está detrás del conflicto, que son unas estructuras económicas, sociales y políticas perversas. Eso ha mantenido a un amplio sector de la sociedad colombiana marginada, tanto en las ciudades como en el campo. El país se urbanizó en menos de dos décadas y paso de ser fundamentalmente rural en los años 50s a ser básicamente urbana en los años 70. En esa década el 70% de las personas ya estaba en la ciudad; hoy quizás tengamos muchas más por el desplazamiento.

De igual forma para la época, muchas de esas personas en estas zonas que no encontraban oportunidades y antes que empezara en furor el narcotráfico, se plegaban al ejército o a la policía para poder alimentar a su familia o para subsistir en esa nueva realidad. En la época eran algunas de las pocas instituciones estables donde se veían posibilidades de progreso e incluso no se exigía el ser bachiller. Por otro lado, están las insurgencias, que se unían en procesos colectivos para encontrar una autonomía propia, o para resistir al estado. Cuando emerge el narcotráfico, este genera una dinámica completamente distinta de posibilidades para esas y muchas otras personas. Estos grupos pueden pagar a jóvenes sin recursos para que se unan a sus filas, unos sueldos que no les puede pagar ni el ejército ni en ningún otro lado.

Sin duda el conflicto armado ha beneficiado a un sector de la sociedad colombiana al cual le parece mejor que muchos jóvenes estén «echando bala» y que el ejercito los esté confrontando a que estén estudiando en el colegio o las universidades tratando de cambiar el país.

Guess: La democracia hoy se juega un poco entre marcas populares y escándalos mediáticos. ¿Usted cree que sensacionalizar el debate público buscando producir emociones y ratificar percepciones tiene mayor efecto en el electorado que los programas de gobierno o las ideas del candidato?

Andrei Gómez-Suárez: Si, así es. Ummm… pero ese es el eje de la política. Acá nos han creído ingenuos. La sociedad colombiana en los años 50 no votaba tampoco por planes de gobierno; votaba por un trapo rojo o un trapo azul. El eje es la emoción. Lo que he tratado de plantear durante estos últimos años en Colombia es que el eje son las emociones. Los seres humanos somos fundamentalmente emocionales… podría decirse que nuestra actividad mental es 99% emoción y un 1% razón. ¿Eso que implica?, que la gente puede encontrar muchas «razones» para votar, pero esas razones justifican las emociones.

Entonces si yo siento que debo proteger a mi familia y siento que Equis candidato «puede proteger» a mi familia, entonces voto por ese candidato. Los programas de gobierno no se leen. Lo mismo sucedió con el acuerdo de paz, nadie leyó las 297 páginas; digamos muy pocos; bueno, a excepción de los académicos o los negociadores. Bien, yo lo leí, pero a mí me toco traducirles a miembros de Rodeemos el Dialogo, a académicos y a personas formadas. Al final, ¿por qué votaba la gente?: votaba por una idea.

¿Es la paz posible o no? ¿Los grupos armados las van a dejar? Al final siempre triunfaban las emociones, desconociendo los procesos. Entonces se volvió común escuchar: «Que rabia que estos tipos no paguen cárcel». O comentarios emocionales como: «Es que estos tipos van a ganar más de un salario mínimo y yo no me lo gano».  Los seres humanos tomamos todas nuestras decisiones, todas, basadas en nuestras emociones.

Guess: Con respecto a este tema de las emociones, recordemos los tres sismos políticos que surgieron por la misma época: el Brexit en Gran Bretaña, la elección de Trump en Norteamérica y el triunfo del «No» en el plebiscito.

Andrei Gómez-Suárez: Sí, fueron cercanos y pensemos hoy por qué ganó Biden. Un triunfo completamente emocional. En todos los lugares del mundo se juega: los seres humanos son emoción. Las emociones no son malas, las emociones son lo que nos ha permitido evolucionar, nos ha permitido mantenernos como especie. El cuento de que la racionalidad está por encima de la emoción es un cuento que se inventó occidente. Y fue una disputa filosófica profunda durante la Ilustración. David Hume estuvo constantemente en contra de eso. Ese «cuentazo» de Kant, de que todos tenemos que vivir de acuerdo a nuestra razón, hace mucho no funciona.

Ahora la gran pregunta es: ¿cómo nos construimos emocionalmente? Nos construimos como una sociedad llena de rabia, de odio, de rencores, o nos construimos como una sociedad que es capaz de perdonar lo imperdonable. Uno solo perdona lo imperdonable, lo que es fácil de perdonar no entra en cuestión. Las sociedades que han encontrado ese tipo de equilibrio espiritual son sociedades que logran salir de los ciclos repetitivos de la violencia. Pero esa pregunta no nos la hemos hecho en Colombia. La culpa siempre va a ser del otro.

Guess: ¿Usted cree que los actos públicos de reconciliación muchas veces simbólicos funcionan? O son estrategias de comunicación política en la medida que la víctima con ellos de alguna manera democratiza su propio dolor.

 Andrei Gómez-Suárez: Creo que depende de cómo se organicen, funcionan. Cuando uno ve el acto de reconocimiento temprano de las Farc con Bojayá, ese fue un acto supremamente cuidado. Un acto donde ni siquiera se permitieron cámaras. Todo se hizo como lo pidieron las comunidades. Con ese consentimiento, esos actos son absolutamente fundamentales, tanto para las víctimas, porque con ellos ayudan a sanar sus heridas, como en general para la sociedad colombiana. Porque esta sociedad debe empezar el camino de perdonar. Los que debemos perdonar somos todos, o sino el problema vuelve y queda atado al mismo ciclo. Hoy no se pueden utilizar las víctimas como una categoría para decir: en Colombia se necesita justicia y legalidad, y no es cierto, acá se necesita es perdón y reconciliación. Es que perdonar no es olvidar, y ¿cómo se construye ese proceso? Eso ya lo vivió Bojayá.

Guess: Muchas de las nuevas generaciones desconocen los procesos políticos y solo han visto una parte de la realidad colombiana por medio de las pantallas. ¿Usted cree que los más jóvenes carecen de una memoria formalizada por la falta de formación escolar o por falta de enlaces fijos con el pasado de su entorno?

Andrei Gómez-Suárez: Creo que esto es múltiple. También creo que las cosas han empezado a cambiar un poco. Ejemplo: cuando regrese en el año 2010, con Rodeemos el Dialogo teníamos un equipo pedagógico que iba a los colegios y las instituciones. En una ocasión llegamos a una Institución Educativa Distrital y les propuse: vamos a jugar un juego de roles: les damos unos papelitos y deben representar ese personaje. Un niño de 9 o 10 años leyó, se me acercó y me dijo: No sé quién es Álvaro Uribe.

Por el lado académico un colegio debe formar a los jóvenes en su pasado y no venderles una sola versión. Pueden utilizar los cuentos, los textos. Incluso acabamos de sacar un comic ayer que habla sobre la coca en el Putumayo. En ese caso y con todo lo que tiene que ver con tecnología, los jóvenes educan a sus papas.  Este es un estado que no ha educado a las anteriores generaciones. Y no se pude esperar que esos padres ofrezcan alguna historia a sus hijos. El reto hoy es que los jóvenes desde muy pequeños empiecen a interiorizar una concepción de país. Que estas herramientas las lleven a sus casas, y que en sus casas ayuden a la transformación social. Es necesario que existan Radio Comunitarias, donde se generen espacios de memoria, que también se permitan en la televisión. Es crear como un ecosistema de la memoria para que surja una visión más crítica de lo que sucede.

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Andrei Gómez-Suárez, Doctor en Relaciones Internacionales y Master en Guerras Contemporáneas y Estudios de Paz de la Universidad de Sussex, Reino Unido. Especialista en Resolución de Conflictos Armados y Politólogo de la Universidad de los Andes. Cofundador de Rodeemos el Diálogo (ReD). Investigador Asociado en Memoria y Reconciliación de la Universidad de Bristol (2019-2020) Senior Consultant Positive Negatives, University of London, School of Oriental and African Studies (SOAS). Honorary Senior Research Associate, Institute of the Americas, University College London (2018-2019). Ha sido Investigador Asociado en Justicia Transicional (Universidad de Oxford) y en Procesos de Paz en la Universidad de Sussex (Centro de Estudios de Conflicto y Seguridad).

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