Un mito de devoción: tres poemas de Louise Glück

Como buen amante de la literatura estadounidense, me di a la tarea de traducir tres poemas de Louise Glück, recién galardonada con el Premio Nóbel de literatura

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Cada día, en las funerarias, nacen nuevas viudas,
nuevos huérfanos. Se sientan con sus manos dobladas,
Tratando de decidir sobre esta nueva vida

10/08/2020
Por: Elbert Coes
Poesía

Hoy el mundo de la literatura celebra la entrega del premio Nobel de literatura a la estadounidense Louise Glück, a quien la Academia sueca destacó por poseer una «inconfundible voz poética, que, con su belleza austera, torna la existencia individual universal», y quien además se hace acreedora de 1.1 millones de dólares.

La poeta, nacida en Nueva York en 1943 y graduada de Columbia, es profesora de Inglés en la Universidad de Yale, ganadora del Pulitzer en 1993 y del National Book Award en 2014 (Premio que ya obtuvo Juan Gabriel Vásquez) . Inició su carrera a finales de los Sesenta con el poemario Firstborn; a continuación, y a lo largo de los años ha publicado otros, más de una docena, además de ensayos que reflexionan sobre la poesía.

Entre sus obras poéticas más destacadas se hallan Averno (2006), The seven age (2001), Vita nova (1999), Meadowlands (1996), entre otras, y ensatos como Essays on poetry, ganador del Martha Albrand Award por la categoría de No-ficción. Actualmente vive en Cambridge Massachusetts y es miembro de la Academia Americana y el Instituto de Arte y Letras, elegida en 1999 canciller de la academia de Poetas Americanos.

A continuación dejo tres poemas, frescos, que acabo de traducir para este portal, extraídos de los archivos de Classic Poetry Series (2004), y que espero los deleite tanto como a mí: “A Fable”, “A Fantasy”, y el tercero y más elegante y fascinante, del maravilloso libro Averno, “A myth of devotion”.

Una fábula

Dos mujeres con
igual clamor
vienen a los pies del
rey. Dos mujeres
pero solo un bebé.
El rey supo que
alguien mentía.
Lo que dijo fue:
dejen cortar
al niño en dos; de este modo
ninguna se irá con
las manos vacías.
Sacó su espada
Y así, de las dos
mujeres, una
renunció a su parte:
Esta fue
la señal, la lección.
Supongamos
que vieras a tu madre
dividida entre dos hijas:
qué podrías hacer
para salvarla pero estando
dispuesta a destruirte a ti misma —ella sabría
reconocer la verdadera,
aquella que no podría soportar
dividir a la madre.

Una fantasía

Te diré algo: cada día
está muriendo gente. Y esto es solo el principio.
Cada día, en las funerarias, nacen nuevas viudas,
nuevos huérfanos. Se sientan con sus manos juntas,
Tratando de decidir sobre esta nueva vida.

Algunos de ellos están en el cementerio
por primera vez. Se asustan de llorar,
a veces de no llorar. Alguien se inclina,
dicta lo que sigue a continuación, lo que podría significar
en pocas palabras, a veces
arrojar tierra a la tumba.

Y después de eso, cada uno vuelve a su casa,
la cual de repente se llena de visitantes.
La viuda se sienta en el sofá, majestuosa,
y la gente hace fila para acercársele
a veces toman sus manos, a veces la abrazan.
Ella encuentra algo qué decir a todos,
Les agradece, les agradece por venir.

En su corazón, desea que se vayan.
Quiere volver al cementerio,
Volver al cuarto del enfermo, al hospital. Sabe que
eso es imposible. Pero es su única esperanza.
El deseo de ir hacia atrás. Y solo un poco,
no tan lejos como el matrimonio, al primer beso.

Un mito de devoción

Cuando Hades decidió amar a esta chica
construyó para ella un duplicado de tierra
todo igual, debajo de la pradera,
pero con una cama adicional.

Todo igual, incluyendo la luz del sol
porque sería difícil para una chica joven
pasar rápidamente del esplendor de la luz a la profunda oscuridad

Gradualmente, pensó él, le entregaría la noche,
primero como las sombras de hojas que se agitan.
Después la luna, después las estrellas. Después sin luna, sin estrellas.
Deja que Perséfone se acostumbre lentamente.
Al final, pensó él, las hallará cómodas.

Una réplica de tierra
Salvo que aquí hubo amor
¿No quieren todos amor?

Él esperó por muchos años
construir un mundo, mirando
a Perséfone en la pradera.
Perséfone, oledora, catadora.
Si tienes un apetito, pensó él,
los tienes todos.

No todos quieren en la noche sentir
el cuerpo amado, brújula, estrella polar,
escuchar la respiración callada que dice
estoy viva, eso significa también
que estás viva, porque me oyes,
estás aquí conmigo. Y cuando uno gira,
el otro gira—

Eso fue lo que sintió, el amo de la oscuridad,
mirando el mundo que había construido
para Perséfone. Por su mente jamás pasó que
no hubiera más olores aquí,
ciertamente, tampoco comida.

¿Culpa? ¿Terror? ¿El miedo al amor?
Estas cosas que no podía imaginar;
ningún amante jamás las imagina.

Sueña, se pregunta cómo llamar a este lugar.
Primero piensa: El Nuevo Infierno: El Jardín.
Al final, decide nombrarlo
La Infancia de Perséfone.

Una suave luz se eleva sobre la pradera,
detrás de la cama. La toma entre sus brazos.
Quiere decirle Te amo, nada puede herirte.

Pero piensa
esto es una mentira, y finalmente le dice
tú estás muerta, nada puede herirte
lo cual le parece
un comienzo prometedor, más real.

Edición y traducción Elbert Coes

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