Un fantasma deambula por Pereira

Reflexiones alrededor de una ciudad en progreso afectada por la crisis. «En estos tiempos de pandemia, entiendase bien, lo que importa es el virus»

Diego Firmiano
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Sobre el gobierno, la ayuda humanitaria y la soledad en las calles de Pereira

 

15/05/2020
Por: Diego Firmiano
Política Pereira

 

En Pereira, ciudad sin puertas, ni gente, ni comercio, las calles están solas. Tan solas como los ciudadanos cuando escuchan al presidente de la república hablar de ayudas humanitarias, subsidios especiales, y millones de pesos metafísicos que nadie ve, recibe, o disfruta, pero que sí escucha en las alocuciones diarias de seis de la tarde. Así está Colombia, y así, la Perla del Otún, lugar donde deambulan fantasmas o personas al azar que compran o pagan algo.

Porque en verdad, las dinámicas sociales y económicas se han invertido en tiempo de pandemia. En vez de recibir, las personas deben dar, específicamente, entregar el dinero a los supermercados quienes aumentan descaradamente el precio de sus productos; transferir los ahorros a los bancos para cancelar la cuota del apartamento, el carro, o el préstamo del viaje de vacaciones del año pasado; y pagar facturas domésticas con sobrecostos exagerados.

Cuotas de servicios básicos injustificadas, que incluso, han hecho que Diego Ramos, alcalde de Dosquebradas, se crea el Robin Hood de Risaralda, al incrementar los precios en las facturas de agua, luz y gas al estrato tres, para supuestamente entregar ayudas al estrato uno, y así mantener los intereses intactos del estrato cinco. Que el gobierno (cualquiera que sea, de Pereira, Dosquebradas, o central) no venga a decir que ayuda en concreto a sus gobernados. Esa mentira es tan vil como afirmar que César Gaviria Trujillo ganó la presidencia de 1990 por méritos propios. Un gobierno abstracto piensa en ciudadanos abstractos, no en seres con necesidades reales.

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Así que dejémonos de vainas. Mi abuela, y miles de abuelas más, que entregaron su trabajo, juventud, e impuestos al Estado toda su vida, ahora no reciben un penique. Y no es que estén languideciendo, pero si se habla de responsabilidades con la patria, también hay derechos sagrados, como el de una vejez digna, o un plato de comida asegurado ¿Y la media pensión? Se puede objetar,  pero lo cierto es que no todos los adultos mayores aplican o son aceptados en el programa, así que la burocracia parece imponerse sobre la solidaridad.

¿El Gobierno reduce a sus ciudadanos a una fila, a un formato de Google, a una queja, a una bolsa de mercado? Entiéndase bien, es una pregunta retórica sin respuesta, porque el Gobierno no es un hombre con sobrepeso que dirige un país al lado de una docena de ministros que van y vienen, sino que los banqueros, empresarios, militares, clérigos y los ricos, son realmente los que retienen y dosifican la economía en esta ciudad, manejan las cosas y deciden.

Lo que  confirma una verdad de Perogrullo: un mal gobierno, o una democracia mal entendida, prepondera las instituciones, los focos de poder, la macro economía, antes que a sus ciudadanos reales. La gente, hablemos sin ambages, solo cobra importancia en las urnas cada cuatro años o cuando se consideran enemigos públicos del Estado, no en tiempos de crisis como estos. ¿Por qué razón cada colombiano no recibe una mensualidad para sostenerse? ¿ y si el gobierno negocia con las inmobiliarias y congela, al menos temporalmente, los cánones de arrendamiento? ¿ será que…? «No sean atendidos» dice la vicepresidenta del país.  Por momentos pienso que el tercer mundo es una categoría dentro de otra.

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En estos tiempos de pandemia, entiendase bien, lo que importa es el virus. Hay que ser realistas. El presidente hace poco afirmó en televisión nacional: “no se preocupen por salir de la cuarentena, preocúpesen por estar vivos, por tener salud” Una afirmación razonable llena de banalidad y frialdad, porque es fácil decir aquello cuando un día de trabajo del mandatario equivale al salario mensual de un ciudadano común, y un mes laboral pagado de Iván Duque, significa, un año de trabajo de un colombiano de a pie.

Me reintegro a la reflexión inicial y reitero, las calles de Pereira están solas, al igual que la gente. Esta ciudad, luego de la pandemia, no volverá a ser igual. Los negocios están pausados, otros tanto ya quebraron, los pocos trabajadores activos arriesgan su piel por su pan, y los atracadores en esta recesión encuentran un buen diciembre (¿se enteraron que este mes robaron más de trescientos millones de pesos de un carro de valores en Dosquebradas?).  Al final de esta cuarenta quizá podríamos llevarnos una sorpresa: o el Covid-19 nunca fue real, o existió y no pudimos cambiar como especie siendo más solidarios y cooperativos, aún, de cara a un posible Apocalipsis. La sabía y bella poesía del viejo Salomón se impone en el 2020:

El sol sale y se pone, y se apresura a dar toda la vuelta para volver a salir. El viento sopla hacia el sur y luego gira hacia elnorte. Da vueltas y vueltas soplando en círculos. Los ríos desembocan en el mar, pero el mar nunca se llena. Luego el agua vuelve a los ríos y sale nuevamente al mar.

Salud y buena vida para usted.

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Una opinión en “Un fantasma deambula por Pereira

  1. Querido Diego Efe. Tu reflexión trasciende la Perla del Otún. Es una realidad que se vive en otras ciudades y otros países. Lo importante es que la pandemia y los cambios que a raíz de esta sufrimos como individuos y sociedad, no caigan en saco roto y queden como un episodio mas en la historia de la humanidad. Nuestros sistemas sociales, políticos y económicos deben de someterse una reflexión con el fin de replantear lo que el Covid 19 nos ha develado: egoísmo, xenofobia, corrupción, contaminación y destrucción de la Tierra. Problemas que siempre estuvieron, solo que son mas visibles con la pandemia.

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