Última noticia de Macondo

Rafael Aguirre explora con fábula metafórica dos sencillos enunciados de la naturaleza que nadie puede responder: ¿quién hablara con la serpiente? y ¿qué sucedió aquel día en Macondo?

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«La idea fue aplaudida hasta el paroxismo, hasta que otro ratoncito formuló la aplastante pregunta:»

Es imposible leer estos cuentos sin llegar a esbozar una silenciosa sonrisa. La ironía propia del ser humano, que suele delegar responsabilidades y obligaciones en los otros, es quizá la gran fábula de Destino de Ratones, a su vez es un recordatorio de las grandes fábulas ya contadas, es el caso de Maus y de Alicia en el país de las maravillas, cuyas influencias literarias, cuyas revelaciones siguen siendo de suma importancia para leernos como sociedad. Por otra parte, Última noticia de Macondo sin duda resulta ser un digno homenaje que extiende, aún más de lo ya logrado, el universo literario de García Márquez; resaltando aquí la apatía y displicencia del mundo —a diferencia de la histeria presente en el primer cuento—, e incluso la caricaturización de aquello que no comprendemos, al modo de El último viaje del buque fantasma e incluso de Un señor muy viejo con unas alas enormes(Nota de editor)

07/25/2020
Rafael Aguirre
Cuentos

 

Destino de ratones

 

Por años circuló el mismo cuento: el ratoncito que propuso ponerle un cascabel al gato para detectarlo cuando se acercara a la ratonera. La idea fue aplaudida hasta el paroxismo, hasta que otro ratoncito formuló la aplastante pregunta: «¿Y quién le pone el cascabel al gato?».

Pero en la asamblea de estos días, un ratoncito con gafas y de aire intelectual expresó lo siguiente: «Señores. Yo sé quién le pone el cascabel al gato». «¡Quiéeen, quiéeen…!», vociferaron todos ansiosos y el ratoncito en cuestión respondió: «Pues la culebra cascabel». De inmediato la ratonesca multitud irrumpió en voces: «¡síii, síii, síii…!». Y el estruendo de aplausos duró hasta que otro ratoncito de aire campesino pidió la palabra, se levantó y con voz tímida preguntó: «¿Y quién habla con la culebra cascabel?». Un silencio sepulcral, desesperanzador y con sabor a muerte, se apoderó del recinto. La asamblea terminó.

«¿Y quién habla con la maldita culebra cascabel? Otra pregunta sin respuesta. Quién sabe por cuantos siglos más», murmuró a la salida otro ratoncito.

 

Última noticia de Macondo

 

Cuenta el compadre Poncio Milano que en su tierra de juventud existió un burro de nombre Palomino al que le salieron alas de mariposa, aunque en realidad, según dice la mayoría, lo que ocurrió fue que le crecieron las orejas a tal punto que, primero, parecían de elefante africano, luego, se ancharon y alargaron hasta quedar como las alas de una mariposa gigante.

Pero es que las orejas le crecieron tanto, que un día lo vieron agitarlas y todos creyeron que simplemente se abanicaba para refrescarse. Eso pensaron todos, hasta aquel día en que, con incredulidad, lo vieron mover sus orejotas con cierta gracia de aleteo de mariposa y levantar sus patas unos cuantos centímetros del suelo, como levitando. El bendito equino, que ya calificaban como engendro del demonio, estaba aprendiendo a volar. Lo vieron batir su orejamen cada vez con más fuerza, pero también con más estilo de mariposa. En medio de rezos, bendiciones e histeria colectiva, Palomino despegó y todos, con la boca abierta, vieron cuando se alejó más y más. A ratos dejaba sus oreji-alas quietas para darse el lujo de planear y sus patas colgaban como el desplegado tren de aterrizaje de un avión.

Nadie por aquel lugar tuvo una cámara fotográfica para registrar cuando Palomino se fue perdiendo en el horizonte, hasta desaparecer de las pupilas de aquel gentío que se fue desgranando para sus casas, sabiendo que toda palabra sería inútil para explicar el fenómeno. ¿Quién podría creer semejante historia?

  El tiempo del sueño

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