Taller La carretera de Cormac McCarthy

Reflexiones sobre una de las obras contemporáneas más importantes de Norteamerica, y sobre la influencia del cine en su construcción

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04/08/2020

El texto corresponde a la base del taller de lectura para la biblioteca del Banco de la República. Pereira.

Siempre crees que hemos caminado más trecho del que hemos caminado

El autor y su obra. Ustedes ya deben saber que en la literatura universal hay diversas tradiciones. No pretendo fraccionar ni estratificar autores, comparar sí, en la medida en que sea útil para mejorar la comprensión. Si bien, a criterio personal, no creo que toda literatura sea arte, lo ideal es tratarla como tal, como un acto de creación y sublimación de la belleza.

Lo primero que debe quedar claro es que hay enormes diferencias entre la tradición anglosajona y la latinoamericana, la cual se ha venido forjando en los últimos años partiendo de unos conflictos sociales muy propios de nuestra geografía. Sí, más allá de la perorata de muchos académicos, creo que hay una tradición latinoamericana, y lo digo porque de forma autodidacta crecí leyendo ingleses y norteamericanos, entre los cuales también existen notables diferencias.

Portada La carretera. Ed. de bolsillo de Penguin Ramdon House, 2006

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Cormac McCarthy, nacido en Providence, Rhode Island, el 20 de julio de 1933, está muy emparentado a los escritores del sur de los Estados Unidos, por lo tanto se le puede relacionar con autores como William Faulkner, Mark Twain y John Steinbeck, quienes retrataron en sus obras muchos aspectos de aquel estilo de vida. Desde su primera novela, El guardian del vergel, hasta la última, La carretera, McCarthy ambientó su trabajo en el sur, perfeccionando su calidad y profundidad especialmente después de trasladarse a Texas, desde Louiseville, Tennessee. A diferencia de muchos de los predecesores, pone el foco en el futuro, lo cual comienza a plasmar en su primera obra, la apocalíptica Meridiano de sangre, publicada en Random House en 1985.

Tras eso, en 1992, comienza su Trilogía de la frontera con Todos los hermosos caballos, cuando empieza a obtener reconocimiento de la crítica y por supuesto del público. La carretera, obra que nos concierne en este taller, se publica en el año 2006, y si bien no me queda claro qué editorial se encarga de ella inicialmente, el ejemplar al que tengo acceso es un Penguin Random House de bolsillo, traducido por Luis Murillo Fort. En 2005 había nacido una de mis obras favoritas, No es país para viejos, de la cual hablaremos más adelante.

La carretera y la distopía social. Hablemos de La carretera antes de que se acabe el mundo. Sé que hay mucho más por decir del autor, pero si nos centramos en chismosear los pormenores de su vida, por mucho interesantes, este taller no acaba nunca. Hablamos de una novela de corte postapocalíptico, manteniendo los matices góticos propios de los parajes desolados y respetando la atmósfera no solo en la tradición de sus antecesores, sino también del universo de su propia obra.

The road, 2006, película desarrollada en una atmósfera gótica

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Esta novela recibió en 2007 el premio Pulitzer en categoría de ficción y fue finalista para el National Book Critics Award en el año anterior. The road, título original, está ambientada en un mundo en ruinas —no muy lejos del actual—, donde los pocos sobrevivientes que vemos a lo largo de la travesía del héroe —también hablaremos de ello—, parecen estar preocupados, igual que hoy, por comer y sobrevivir. Nada más.

¿Cuál es la trama? Tenemos a dos personajes principales, padre e hijo, sin nombres como es frecuente hallar en el autor, recorriendo una larga carretera que, curiosamente evitan todo el tiempo, y que más bien recorren de forma paralela, entrando y saliendo de ella de cuando en cuando, para así mantenerse a salvo de los otros hombres, violentos, hambrientos, abusadores. Estos dos, cuya relación es bastante, digamos, tierna, donde uno hace todo por proteger al otro de ese mundo en devastación, sin un objetivo claro se dirigen al sur, como si el solo hecho de mantenerse en movimiento fuera la salvación; pero la verdad, es que todos sabemos, y lo saben ellos, no hay esperanza, o pareciera no haberla.

Los personajes se mueven en una tierra que ha sufrido un cataclismo no especificado en la obra, una tragedia que aniquiló a gran parte de la población y la vida en la tierra, lo que explica la soledad y la falta de comida. Sabemos que el padre está desahuciado y que necesita encontrar un lugar seguro; esta motivación, el estímulo para leer la obra, se diluye, pues el lector ve cómo el padre se deteriora dadas las circunstancias. Sin embargo, la belleza de la novela no está en la supervivencia al final, sino más bien en ver a estos personajes andar la carretera, el modo en que afrontan los obstáculos, la dinámica relación padre e hijo y la esperanza más allá de las probabilidades que ofrece el porvenir.

No diré más por si a alguien le falta leerla completamente. Además, quiero pasar a un tema que me parece relevante y que ustedes deben estudiar como amantes de la literatura, como observadores del mundo y como críticos de su tiempo. Se trata del viaje del héroe, el cual, por vía de Joseph Campbell, advierto se debe acudir al mito. Al mito universal, a las cosmogonías, al sánscrito, a las leyendas locales y del mundo. Muchos de los autores americanos, si bien sería atrevido decir que se basan en el viaje del héroe para construir su obra, sí es justo mencionar que respetan la posición expresada por Campbell cuando manifiesta que todo relato en sí contiene de forma implícita una o varias etapas de dicho viaje. Pues bien, Cormac es uno de los autores que aprovechó muy bien la tesis, y tanto en La Carretera, como en las novelas No hay país para viejos, Meridiano de sangre, Todos los hermosos caballos, En la frontera, esto queda claramente marcado.

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El viaje del héroe, en resumen, refiere la travesía que todo personaje, hombre o mujer, no me importa, bestia o animal doméstico, hace entre un punto de partida y otro, desde el mundo ordinario hasta, podríamos decirlo así, la apoteosis. Un viaje que necesariamente no tiene que ser físico y que, por cuenta de Jung, entendemos sucede también a nivel de la psique. Pero esto no lo inventó Campbell, aclaro. El Tarot, uno de los mazos más antiguos de la humanidad, simboliza dicha travesía; desde la carta de EL Loco, que representa la iniciación, hasta le arcano de El Mundo, la apoteosis —referencia al tarot Marsella—. Les dejo la inquietud, ya que debo seguir hablando de La carretera. Lean a Campbell y algunos textos de Carl Jung referentes al tema.

En el cine. Acá no me detendré mucho, pues pienso publicar estas notas y ya el texto se ha hecho extenso. Varias de las obras de McCarthy han sido llevadas al cine, entre ellas las más importantes son All the pretty horse, No country for old men (los hermanos Cohen) —quedo en deuda— y The road, 2009. Esta última dirigida por John Hillcoat y protagonizada por Vigo Mortensen. Filme que a mí parecer retrata muy bien la travesía de los personajes y cuida la atmosfera, aunque se queda algo corto en la ambientación gótica y la profundidad de la relación entre los protagonistas. Sin embargo, vale la pena verla, tanto como leer el libro, ya que el filme permite una interpretación de aquello que plantea el autor.

Por último, dejo algunas anotaciones, cuando no un par de exhortos. Hoy día es difícil pensar y analizara la literatura y el cine norteamericanos por separados; sobre todo en la actualidad, la relación es estrecha, y uno bebe del otro en todo momento, los ejemplos sobran. A este respecto, caben autores nobeles, Bestsellers e impopulares, desde realismo y no ficción hasta el género de fantasía. El estilo del mismo Cormac McCarthy es muy cinemático, ya que usa la técnica del zoom, el plano secuencia y la escenificación, una influencia importante que le deja el teatro, igual de importante —pero ya saben que no quiero irme por las ramas—. Así que mi invitación es a que repiensen nuestra literatura en relación con el cine y el teatro, porque en cierta forma es hacia la conjugación de todas las artes en una sola a donde nos dirigimos como creadores. Gracias.

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