Somníferos

Durante esta semana presentaremos este especial de escritura joven. Día a día se estarán publicando textos de jóvenes de la ciudad que les darán a probar un poco de sus letras.

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Yo perdí mi cuerpo hace mucho rato, ahora reposo bajo una desvelada noche envuelto en sábanas vírgenes. No seré yo quien tire la primera piedra pues soy culpable hasta de lo que no se me condena. La vida está en deuda conmigo y voy a cobrarle.

10/20/2020
Por: Sebastián Arias
Poesía

I

Quiero lanzar enfáticos aullidos y gritos, gritos sin piedad. Quiero incendiar todo y en un momento de asco renacer, reconstruir aquel lugar verde, aquel lugar que suponíamos fue una tierra fértil y que ahora está llena de cuerpos de personas que fueron asesinadxs indiscriminadamente.

No logro olvidar aquellos gritos de clemencia, aquel silencio de Dilan y aquel niño que gritaba porque a su madre la habían asesinado. No logro olvidar los golpes que nos han propinado, las balas directas al cráneo que nos han arrancado nuestros ojos, nuestros sueños y nuestra vida.

Invoco a todos nuestros muertos.  Somos un ejército con corazones poderosos y la fuerza de mil toros. Nos lanzamos sin piedad alguna, seguimos gritando sin ningún descanso…

Luego lloro hasta que ellos me consuelan.

II

La vida te destruye y luego te encuentras en algún remoto lugar con mil preguntas y mil más sin respuesta.

El blues empieza a actuar mejor que aquellos somníferos.  Luego dejas todas tus cosas atiborradas en una esquina, suplantando tú trágica vida con la mugre recogida, trágica.

Nena, si en algún lugar estás, no te olvides de traer el libro color azul, ese que hace qué me golpee cien mil veces contra la pared hasta que pierde su color virgen y muestra un tono rojizo.

Todo es repetición y mugre.

III

Creeré haberla conocido y marcaré ficha de nuevo cuando llegue a las puertas del infierno. Ella afortunadamente ha muerto una vez, pero yo he muerto cien veces y cada vez disfruto más esta sensación.

Mi familia me ha condenado y ha fallado en la más hermosa e inocente forma de pensar que seré como ellos. Camino como lo hacen las palomas del parque Simón Bolívar en una tarde de domingo. Pausaré mi vida cada vez que éste sucio mundo me la recuerde y la invocaré. He llegado al bloque 10, camino presurosamente al 11 y en el 13 me decepciono pues no logro encontrar aquel cigarrillo que espera mi pronta y sucia llegada. Salgo de aquel salón porque necesitaba sentirme ahogado, ido, terminado. Fallaré en todos los intentos de triunfar porque esto he querido. Aquí, en el salón 210 fijo mi vista sobre una gota de agua que no quiere caer y en el más remoto de los casos me la llevo a los labios.  Tal vez la cosas no mejoren, pero al menos ahora disfruto perder.

Fallaré, esperaré, perderé, amaré y moriré.

IV

Estoy en caos, en un fuerte descenso calle abajo, luego imagino tus ojos y tú dulce nariz pegada a mis labios, es allí donde todo florece, donde el silencio fúnebre entra por nuestros cuerpos y nos hace despertar de una maravillosa utopía. Utopía sin razón, con encantos y besos llenos de flores y sin palabras que explican todo esto.

Pienso en la manera incandescente en que nuestros corazones se unen, es allí donde me encuentro en el sin sentido y empiezo a transformar mi cuerpo en un bello arcoíris. Transformar de acariciar y sentir que eres un rayo que se encuentra buscando una dirección para caer, para sonar estruendosamente en la ciudad caótica. Caótica de amanecer extrañando tus palabras, tus labios y aquellos ojos que esperan mi sucia llegada. Sucia de pensar que no tendré oportunidad para leerte poemas al oído y luego acabaré solo en esta ciudad mugrosa, repetitiva. Oportunidad de construir una escalera inquebrantable la cual nos conducirá al cielo y caeremos en un bosque de pinos donde los venados nos hablan y las mariposas entran por nuestros vientres.

  Noche inocua

3 comentarios en “Somníferos

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