Roma

Durante esta semana presentaremos este especial de escritura joven. Día a día se estarán publicando textos de jóvenes de la ciudad que les darán a probar un poco de sus letras.

diambulos
Últimas entradas de diambulos (ver todo)

Soy una puerta decorada pero sin brillantina. Soy una planta que recibe el sol de las nueve y desprecia el de las dos de la tarde. Soy la pretensión de la ropa y la oscuridad de los pensamientos. En días de lluvia soy el desierto árido.

10/22/2020
Por: Nathaly Giraldo
Cuento

Viaducto

En el ocaso de una tarde polvorienta se levanta un gigante de dos cabezas que se mantiene dormido sobre el agua y la vida, su esquelético cuerpo invita a los mortales a adentrarse en sus entrañas que no parecen peligrosas sino bellas. El polvo de la tarde entra y sale de su cuerpo al igual que los trabajos, papeleos, vidas, que bien pudieran completarse sin la necesidad de acudir a su encuentro. Quienes se atreven cruzar por su columna prefieren hacerlo sin reparar el interior, en un movimiento rápido de entrada y salida fugaces, el gigante despierta en los mortales afán e inexperiencia, pasiones que quizá no son propias de él. En este instante ocurre lo siempre inesperado, las sirenas llegan a limpiar el desastre con sus aguas y chamanes. El gigante aún dormido ni se inmuta. Sus años de estadía en la ciudad trasnochadora y morena le han enseñado que la lluvia siempre se lleva las huellas de los errores.

Así es, él no ha vivido acá desde siempre, fue traído por un hombre que se rehusaba (igual que su tocayo Cesar) a ser olvidado. Lo presentó a nosotros bajo el nombre de modernidad necesaria y lo aceptamos porque era bonito, colaborador. Ahora, lo veo inevitablemente cada día, de todos los meses y los años; lo raro es que aún no se le notan los años, ni las cuatro almas que aún yacen inertes en su interior.

Llamada a alguien perdido

__-¿Aló? ¿Sigues ahí?
__-Si, nena, aquí estoy, sígueme contando
__-Vale, entonces resulta que mi hermana dejó plantado a su marido en el altar, fue un escándalo que no te imaginas. Salió en el periódico del barrio incluso. En la portada hay una foto de ella y una mía, yo era la dama de honor.
__-¿Entonces que hizo tu hermana? ¿Se dejó con el tipejo ese, huyó?
__-¿Que si huyó, me preguntas? Por supuesto, tomó el primer tren con destino desconocido.
__-Y tú, ¿qué?
__-Yo, yo estoy sola de nuevo, toda mi vida he estado sola, desde que… Bueno solo he estado sola.
__-Se que no te gusta la soledad.
__-No sé si me guste, solo sé que no puedo evitarla… Emmm ¿sigues ahí?
__-Soy una taza… Una tetera… una cuchara, un cucharon… Había una vez una iguana…
__-Ya no estás, de nuevo no estás… A veces anhelo con todas las fuerzas saber dónde estás, encontrarte y que te encuentres. Te quiero.
__-Y la iguana tomaba café, tomaba café…

Cuelgan*

Tenía planeado escapar, pero me encontré con una muralla de palabras que me incitaban a lanzarme al vacío. En este cálido tejado todo está tranquilo, pero la tranquilidad me aburre, saco una extremidad al vacío, luego la mitad del cuerpo. Un viento me toca el hombro y caigo. La muralla se derrumba y escapo. La ventaja de ser un gato es que si te lanzas te quedan seis vidas.

Roma

Todos los caminos conducen a Roma, en Roma hace sol y hay casas bonitas, también hay gatos perdidos. En Roma hay gente que no conozco y me da miedo, pero también hay personas amistosas. En Roma hay un parque oscuro con una pareja de muchachos besándose muy rápido. En Roma uno se pierde en las noches buscando lugares que todo el tiempo estuvieron en la calle del frente. Mis sueños se llamas caminos, y yo, me llamo Roma.

  Conversación alrededor del cuento

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Archivos