Postales oníricas: George Orwell, 1984 y la distopía del panóptico

Pertinente ensayo entre literatura y distopía; una reflexión frente a los modelos de competencia económica propios de la actualidad, especialmente a través de la red social, El ojo que todo lo ve

diambulos
Últimas entradas de diambulos (ver todo)

El panóptico que nos vigila en la actualidad y con el cual vigilamos es un símbolo.

10/01/2020
Sebastián Gallo Sánchez
Ensayo

En un mundo que se mueve entre la pandemia y la desesperanza vuelve a la memoria colectiva el término orwelliano para definir algunos fenómenos como el cambio de nombre de los sucesos relacionados con el poder, para disfrazar la realidad o las condiciones de la vida de las personas de clase baja que, defienden a los soberanos a pesar de las condiciones actuales. Este término como algunos sabrán proviene de la obra de Eric Arthur Blair, conocido en el mundo literario como George Orwell, el autor de obras como Rebelión en la granja, un sin número de ensayos y 1984, obra que hoy nos convoca.

En la controlada Franja aérea 1, lo que fuera años antes Inglaterra, Winston Smith, un miembro del Partido Exterior que trabaja en el Ministerio de la verdad, batalla con la melancolía de tener que vivir diariamente controlado por una telepantalla que, aparte de decirle qué hacer a diario, lo vigila todo el tiempo. Esto sin contar una úlcera en el tobillo que le aqueja a diario y no le permite moverse con total libertad. Este personaje es el punto de partida para que Orwell nos describa una sociedad que es una forma ficticia e hiperbolizada de lo que tuvo que vivir  el mismo autor en la guerra civil española y en la segunda guerra mundial: una sociedad que se rige por un partido interior que controla a los burócratas del partido exterior y a su vez mantiene a los llamados “proles” en la ignorancia total por medio los ministerios de la verdad, de la paz, de la abundancia y del amor, cuyas funciones son completamente descabelladas, como el caso del Ministerio de la verdad que se dedica a destruir los archivos de la historia para que esta concuerde con la versión que se da de las cosas que suceden o el de la paz que se encarga de que Oceanía esté siempre en guerra.

George Orwell (1984 y Rebelión en la granja)

A esto se le une la imagen de un Gran Hermano que es la cara visible del partido y a quien se le debe ofrendar una obediencia y un fanatismo ciego, de lo contrario, los miembros pueden ser acusados de crimental, una falta terrible que puede consistir en hacer mala cara cuando, a través de las telepantallas, se da un anuncio que todo el mundo sabe que es mentira pero que debe aceptarse como verdad. El crimental es un término originado en nuevalengua, o neolengua, lengua creada por Orwell para la novela y por medio de la cual el partido trata de controlar el pensamiento de sus colaboradores para que no piensen en ideas como la libertad o lo malo, remplazando lo malo por términos como “no-bueno” y creando algunos conceptos detallados como el doblepiensa: utilizado para que las personas puedan resignarse y mantener un pensamiento realista de cómo suceden las cosas. Un ejemplo de esto puede ser el momento en que el ministerio de la abundancia manipula las cifras de las raciones que se dan a la gente y dice que éstas han aumentado cuando realmente disminuyeron con respecto al periodo anterior. Aun conociendo la realidad, se debe mantener otro pensamiento de alabanza a este anuncio que se da y alienar el pensamiento para estar en acuerdo con el partido y sus cifras.

En esta controlada sociedad, el tema de la vigilancia es vital para mantener el poder, los miembros del partido exterior son vigilados por las telepantallas, una policía del pensamiento los investiga y pueden ser denunciados incluso por niños, por sus propios hijos quienes muestran un temprano fanatismo al partido. Winston Smith camina por las calles de los guetos de los proles de manera arriesgada, buscando en sí mismo un ancla al pasado, un objeto o un testimonio que le diga que las cosas no han sido siempre así y que puede todavía recordar algunas cosas que no le han obligado a borrar en el ministerio. Aunque sabe que estas excursiones le pueden llevar a la muerte y a la desaparición porque él mismo se encargaba de incinerar evidencias de que hubieran existido algunos criminales mentales o algunos eventos que desacrediten la verdad del partido.

Esta sociedad perfectamente fragmentada, ordenada y finalmente castigada hace que nos pongamos a pensar en un futuro en el que nuestro sistema ha caído y su gobierno no hace más que aferrarse con fauces y garras a la silla de poder para que sus posesiones y sus posiciones  no caigan en manos del ciudadano común o de otros de su clase que pululan diariamente entre su círculo, esperando su caída; hace que nos pongamos a pensar en un gran apocalipsis, hace que nos pongamos a pensar en el estado de infección del Covid-19. Lo que ya nos dijo Foucault en Vigilar y castigar (2003), que el estado de peste le convenía al gobierno de una ciudad:

La ciudad apestada, toda ella atravesada de jerarquía, de la vigilancia, de inspección, de escritura, la ciudad inmovilizada en el funcionamiento de un poder extensivo que se ejerce de manera distinta sobre todos los cuerpos individuales, es la utopía de la ciudad perfectamente gobernada. (p.182).

Una sociedad que ha dejado de lado los suplicios medievales, ha dejado de castigar el cuerpo de las personas y ha empezado a castigar el alma, es decir, el estado ya no quiere valerse de la violencia para castigar al condenado pero existe en el estado de peste, un estado de excepción, en el cual se subdivide el poder para catalogar a los individuos que están enfermos a la vez que hace gala de su omnipresencia y de su fuerza (2003:p 182).

Michel Foucault (Vigilar y castigar)

Foucault menciona también el panóptico creado por Bentham como el elemento arquitectónico del que se vale el estado para ejercer esta vigilancia y este control sobre la población, una estructura compuesta por un anillo en la periferia repleto de celdas para encerrar a la gente y en el centro una torre desde la cual un vigía está atento de los movimientos de los presos o de los enfermos, también de los locos porque ha sido usada con distintos fines, además invierte todo principio de un calabozo tradicional como vemos:

El panóptico de Bentham es la figura arquitectónica de esta composición…se invierte el principio del calabozo; o más bien de sus funciones –encerrar, privar de luz y ocultar – ; no se conserva más que la primera y se suprimen las otras dos. (2003:p.185).

Si bien Foucault menciona que la justicia ha cambiado su forma de actuar del suplicio a la condena en instituciones donde se vigila al condenado y se somete a una disciplina férrea, también es cierto que en el estado de peste, dependiendo del nivel de poder y control que haya adquirido el gobierno sobre determinado país, el suplicio sigue aplicándose como un bochornoso espectáculo en aquellos lugares donde la justicia es un mero elemento decorativo; como cuando en el medioevo todos acudían a ver cómo descuartizaban a un condenado que era despedazado por caballos y eso le agradaba a población aunque cualquier día sus propios hijos se vieran envueltos en tan horrible castigo sin ser sometidos a un juicio.

El panóptico que nos vigila en la actualidad y con el cual vigilamos es un símbolo. Proviene de lo más profundo de nuestras conciencias y desde los albores de la humanidad, cuando los egipcios pensaron que el halcón era un ave sagrada, que su poderosa visión era la manifestación de Horus, una deidad de la realeza y del sol. El ojo de Horus era símbolo de orden, de perfección y de protección y en la actualidad, una multitud de esotéricos lo utilizan para lo que lo usaban en Egipto, para proteger del “mal de ojo”. Desfila por las pieles de los cantantes pop en sus tatuajes y la gente lo piensa producto de una secta “illuminati” aunque tiene relación con el ojo de la providencia de origen masón, y tiene como símbolo la misma carga “el ojo que todo lo ve” o “el delta luminoso”, incluso en el cristianismo aparece este ojo como representación de la omnipresencia y la omnipotencia de dios.

Este símbolo sigue royendo la conciencia de la humanidad y de la misma manera en que persigue a Winston Smith en las telepantallas, en el ojo de los niños y de los integrantes del partido interior, nos vigila hoy, a través de nuestras “telepantallas” las computadoras y los teléfonos, el ojo de instagram y de la cámara de selfie y lo utilizamos para vigilar a nuestros familiares y ejercer control en nuestros trabajos o para ser controlados por nuestros jefes.

Postal de 1984

En un apartado de 1984 Winston se pierde por las calles de Londres para tener alguna sensación de libertad e ingresa a una tienda donde un señor llamado Charrington vendía todo tipo de elementos curiosos, él cree estar ahí libremente lejos de la mirada del partido, incluso compra algún recuerdo del lugar en el que empieza a pasar las tardes alejado de su monótono trabajo; un lugar sin telepantallas. Más adelante, renta un cuarto en el lugar y empieza a frecuentarlo con una chica (tener pareja con intenciones que no fueran puramente reproductivas estaba prohibido por el partido). La tensión de la novela se concentra en este lugar porque siempre están pensando en el momento en que puedan ser descubiertos; saben que será su fin y que nunca podrán volver a verse. Antes de saber si serán descubiertos o no, ellos mismos ejercían sobre sí una autovigilancia; sabían cómo funcionaba el panóptico y podían buscar en él puntos ciegos.

La distopía orwelliana toma sentido en la actualidad más que nunca. Nuestra propia razón nos tiende la trampa: realmente podemos estar siendo vigilados y controlados a través de un panóptico pero también poseemos micropanópticos en nuestros bolsillos con los cuales vigilamos a nuestros círculos sociales, nuestras parejas sienten la visión de nuestro ojo de Orus cuando ingresa a sus redes sociales y publica algo comprometedor, hacemos parte de una macroestructura panóptica pero tenemos réplicas de ella en nuestros hogares y a diario nos levantamos temprano a escribirle oraciones (a orar) y el colmo de la contradicción, en algunos casos, escribimos en su contra.

Bibliografía

Foucault Michel. (2003). Vigilar y castigar: nacimiento de la prisión. Argentina: siglo XXI editores.

Orwell George. (2013). 1984. México: Penguin.

  Todo pasado fue peor o la infancia de Juan Rulfo

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Archivos