Pacto

El sol aún no se levantaba para alumbrar la partida, con los corotos al hombro dejaron atrás sus ilusiones en aquella casa que había visto transcurrir cuatro generaciones; que aún divagaban por todas sus estancias impregnadas con su esencia

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Luz Amparo Alzate Jaramillo. Zootecnista de la universidad Nacional sede Medellín. Integrante del taller de creación literaria Letra-tinta, adscrito a la red Relata Mincultura dirigido por el escritor Rafael Aguirre, casa de la cultura de Itagüí.
__Participante del taller de poesía La visión comunicable de la Corporación de Arte y Poesía Prometeo a cargo del poeta y director del área formativa Jairo Guzmán.
__Participante del taller de Escritura Poéticas del día y de la noche de la biblioteca del Parque Cultural y Ambiental Otraparte a cargo de la poeta Lucía Estrada.
__Algunos de sus cuentos han sido publicados en el libro colectivo Deshielos de tinta y la revista cultural Bohemia.
Actualmente prepara un libro de cuentos y otro de memorias.

«El sol aún no se levantaba para alumbrar la partida, con los corotos al hombro dejaron atrás sus ilusiones en aquella casa que había visto transcurrir cuatro generaciones; que aún divagaban por todas sus estancias impregnadas con su esencia»

07/12/2020
Por Luz Amparo Alzate
Cuento

Incertidumbre

 

Desde el día anterior, cuando sus padres se levantaron y encontraron en las paredes del corredor aquel letrero ¡FUERA SAPOS! El ambiente se tornó pesado; su madre no hablaba y su padre, ante lo más mínimo se enojaba; porque la comida estaba fría o muy caliente, porque hacían mucho ruido, que había mucho desorden… La familia tenía que empacar las cosas más necesarias para emprender un largo viaje.
__Ahora todos aguardaban afuera con el caballo Jerónimo, dos gallinas, morrales con algunas prendas de vestir y un costal con tres cobijas, un plástico, utensilios de cocina y unas cuantas arepas. Sólo faltaba el niño menor que buscaba a su compañero.
__¡Marcos! Llamó su madre con determinación. El niño ocultando sus lágrimas, cuerpo encogido y cabeza gacha acudió a su llamado. Marcos llevaba varias horas buscando a su cómplice compañero por todos los lugares secretos que frecuentaban, estaba convencido de no haber dejado ningún lugar sin explorar mas no lo halló. Sentía como un hueco por dentro sin Copito, él se había convertido en su mejor amigo desde el mismo día hace tres años cuando en su cumpleaños su madre le dio el mejor tesoro que un niño de siete años podía tener, aquella bolita loca que se contoneaba con gracia y saltaba subiéndose a cuanto lugar deseaba como queriéndose apoderar de todo. El tiempo no había sido su amigo, su paso raudo le impidió ubicar a Copito, tocaba partir sin él.
__El sol aún no se levantaba para alumbrar la partida, con los corotos al hombro dejaron atrás sus ilusiones en aquella casa que había visto transcurrir cuatro generaciones; que aún divagaban por todas sus estancias impregnadas con su esencia. El niño dejaba sus columpios, sus trompos, sus escondites secretos y su amigo Copito.
__Mientras atravesaban las montañas, un concierto de cigarras los despedía. Marcos miraba una y otra vez hacia atrás con la esperanza de ver a su inseparable compañero, pero la distancia se alargaba mientras la niebla iba devorando sin compasión todo lo que acababan de dejar.

  N

Pacto

 

Fue así, justo como quedamos hace veinte años, cuando nos pusimos de acuerdo en que quien muriera primero le halaría los pies al otro.
Llegó a las carcajadas, confieso que no me causaron terror, aquella risa era tan contagiosa como la que un día me cautivó.
__Cuando se fue, todo me anunció su partida; en la noche los muebles crujieron, el cielo se puso gris y lloró, el recuerdo de su alegría me acompañó en las mañanas y en las noches; sólo de vez en cuando, un tic-tac me insinuaba su presencia.
__Hoy sentí la zozobra del cumplimiento de la promesa. En la mañana, una serenata de pájaros y una algarabía de loras me despertaron. Un rayo de luz se filtró por la cortina apoderándose de mi habitación. En la tarde, los arreboles se desbordaron en amarillos, naranjas y rojos; sentí tal gozo que quise caminar, cantar…; no sabía con qué empezar. En la noche, mientras reposaba alrededor de las doce, vi su reflejo sobre la puerta del guardarropa. De pronto, como si vinieran del interior de la tierra, escuché esas carcajadas. Reí y reí con él, yo también reí, era tan contagiosa su risa, que no pude hacer otra cosa que reír y reír, como cuando por cualquier tontería reíamos hasta orinarnos.
__Cuando acallaron sus risas, su reflejo se dirigió a la ventana por donde salió dispersándose en el firmamento; desde allí me dejó ver en el titilar de las estrellas un guiño de complicidad que me insinuaba que siempre me acompañaría.

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