Otro grano de arena

Crítica general dirigida a las instituciones, los artistas y el sector cultural de la ciudad de Pereira

Por Juliana Herrera
Opinión

1) Artistas, ustedes al igual que el resto de las personas dependen de su propia voluntad unida a factores externos para que prosperen. Crecerán y serán más visibles aquellas personas que se les escuche y estimule. Quienes son discriminadas tarde o temprano terminan marchitándose y dedicándose a otras cosas. Un artista no puede depender de la venta de su obra, muchas veces debe dedicarse a enseñar, a gestionar proyectos o a trabajar en cosas En una ciudad pequeña pero tan biodiversa como Pereira, es importante estimular (económica y mediáticamente) a una mayor cantidad de personas que tienen su propia visión del mundo.

2) Los artistas tienen derecho a recibir un pago cuando exponen, recitan, cuando hacen música, cuando ayudan en la ejecución de cualquier evento, festival o concierto. En La Cuadra, en Corto Circuito y demás encuentros que impulsan las instituciones privadas o públicas. El arte se hace con pasión pero también con recursos. Ese compromiso social con el arte está a cargo de las instituciones y corporaciones que muchas veces precarizan su entorno. Al igual que el compromiso de tener los espacios adecuados para exhibir arte, no como la sala Carlos Drews que parece un cementerio de obras, cuya administración casi siempre ha sido deplorable. Es decepcionante encontrar salas sin guías, sin luces prendidas, instalaciones y videos sin funcionar, todo sin un cuidado por alguien responsable de la sala.

3) Los artistas deben estar dispuestos a ser criticados, a debatir con argumentos, a rendir cuentas por becas y premios ganados, estar dispuestos a defender un discurso y ser consecuentes con el mismo. Se espera una mayor visión crítica hacia las problemáticas locales y nacionales en vez de esa lambonería selectiva o silencio cómplice. Deben aprender a trabajar en colectivo, a ser justos, a moderar su egoísmo innato. “Los” artistas deben asumir que “las” artistas también se pueden desempeñar igual de bien o mejor, aunque en el fondo no se debería tratar el arte como una competencia de género, pero infortunadamente este aspecto prevalece.

4) Existen procesos individuales y grupales valiosos que los medios periodísticos locales no visibilizan todavía, mientras que otros procesos son sobrevalorados. Es lógico que cada creador local busque promocionar lo que está haciendo, pero estos medios culturales de comunicación (Plan C, La Cebra que habla, Emisora Remigio Antonio Cañarte, Telecafé etc.) también deben tener un compromiso con la investigación, la crítica, con el análisis de obras, incluso con una mejor redacción de sus textos, que apenas informan las producciones culturales aceptadas por la institucionalidad. La responsabilidad de la formación periodística en la ciudad también recae sobre las academias que enseñan este oficio.




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5) Se debe replantear el programa de Licenciatura en Artes Visuales de la UTP. Por experiencia de los egresados y estudiantes que padecieron o padecen allí. La planta de profesores no es adecuada para las nuevas formas de entender el arte, porque no se atreven a investigar, plantear preguntas nuevas para desarrollar, o diseñar situaciones relacionales, contraculturales, expandidas, reflexivas, autocriticas. De qué sirve tener una de las mejores facultades del país (desde su infraestructura) si se enseña de una forma tan atrasada y mezquina. También es conveniente que la Maestría en Estética escuche este llamado. Reconozco las buenas intenciones como los laboratorios de creación con el Banco de la Republica, pero estos procesos deben plantearse con una mayor duración, procesos que invoquen un espíritu de exploración real (ensayo y error) y no con esa actitud soberbia, ajena a la realidad local y dependiente de discursos extranjeros, que no se adecuan bien a este contexto. Si bien se deben observar todas las teorías, por la misma característica del arte como lenguaje histórico, también deben atreverse a pensar por cuenta propia.



6) Las convocatorias que realiza la Secretaría de Cultura deben ser honestas y pertinentes. Con jurados realmente calificados para cada área, donde funcione la meritocracia. Con tiempos distintos de ejecución para cada proyecto, con una mejor forma de circulación- exhibición. Con una veeduría externa sobre la organización y para artistas ganadores, para que el dinero público se utilice de la mejor forma posible, porque es finalmente nuestro dinero el que está en juego. Uniendo voluntades idóneas y sinceras entre la Secretaría de Cultura, la academia, medios de comunicación, espacios de exhibición y creadores. Está bien no depender de estos recursos para la creación, pero también es necesario fiscalizar su uso ya que afecta la cultura de toda una región.

7) La creación de un evento nacional en artes vivas, con una duración mínima de tres días, donde existan exposiciones, conciertos, performances, lecturas al aire libre, intervenciones urbanas, etc. Donde también el sector gastronómico y turístico se integre con ofertas para todo tipo de público. Un evento donde conectemos tradiciones y visiones locales con prácticas de vanguardia en el arte contemporáneo. Realizado en barrios, parques y espacio público, descentralizando las actividades para no generar concentraciones de personas por el contexto de la pandemia. Algo que se convierta en un verdadero motivo de atracción porque no contamos con un evento artístico relevante a nivel nacional.

8) Falta un proceso de formación de públicos. Propongo que las practicas pedagógicas necesarias para estudiantes de Licenciatura en Artes se hagan con un modelo enfocado en semiótica, historia del arte y arte contemporáneo, donde se enseñe a pensar mejor desde la actividad artística, ya que es una deficiencia en general del público la falta de lectura interpretativa de obras, y más allá de eso, la falta de lectura del mundo. Se pueden integrar los estudiantes de bachiller que gusten de las artes plásticas, para que hagan prácticas y servicio social en salas de exhibición de la ciudad. Esta recomendación apunta al desarrollo del pensamiento crítico y está ligada con el punto # 3, por la falta de mediadores en las salas de exhibición.

9) Desde la alcaldía se debería permitir mayor intervención artística de muros e infraestructura como puentes, avenidas, andenes por parte de expresiones como graffiti, muralismo, gestos efímeros y otros, sin la expectativa que sean eternos, sino que vayan con el tiempo reemplazándose por nuevas imágenes, pero con permisos de fácil acceso por parte de la administración local, sin intervención de la policía, sin censura a los mensajes y su contenido. Se debe respetar estas expresiones porque la gente siempre tiene algo para decir en esta difícil realidad, y en parte facilitar la capacidad de expresión sirve para mejorar la salud mental, además de activar una vida estética sobre muros y zonas que son públicas.

10) Hacer un Tanque de pensamiento anual ( Think Tank) donde los distintos sectores de la cultura sean escuchados por gremios económicos y académicos, y viceversa, estableciendo un dialogo no solo entre sector público y privado, sino entre diferentes áreas del conocimiento humano, que dará como resultado conclusiones diversas, nuevas formas de practicar y entender el arte y la cultura, como proyectos que contemplen creaciones transdisciplinarias, impulsando la capacidad de reflexión, formación de públicos, para articular realmente todo que conduce una mejor percepción y a desarrollar la sinestesia. La sinestesia es un campo de exploración sin estudiar y practicar en la ciudad, que puede conducir a una percepción más poética y justa de la realidad, tanto para creadores como el público en general.

Quizás algunas ideas anteriores ya han sido planteadas y discutidas, quizás algunos puntos puedan sonar utópicos por los intereses burocráticos que llevan a que la mediocridad sea el común denominador de estos tiempos, pero siento que esto resume algo del sentir propio y ajeno. Continuaré asumiendo una posición crítica, ya que estamos sufriendo las consecuencias de una cultura hegemónica, esclava de las apariencias, dentro de una dictadura de las imágenes oficiales, de los premios, de los discursos oficiales. Debemos fomentar una mayor comprensión de actitudes y prácticas distintas, que activen otros campos semánticos, esperando siempre que se sumen otras voces que continúen la discusión, en esta ciudad que necesita más calidad, honestidad y diversidad cultural.

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