Otro acto tras escena

Guess ahonda en la vida y obra de una de las personalidades más importantes del teatro pereirano. He aquí la primera de esta entrevista en dos actos

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Cada obra, cada grupo, cada dinámica genera nuevas situaciones, para mí es importante el texto y el subtexto, la acción y reacción entre los personajes, la voz, el trabajo corporal.

09/24/2020
Por Guess
Entrevista

La puerta oscilante ya no se abría como lo hacía a las tres. A esa hora no había nadie en la recepción. Ningún transeúnte o espectador osaría a perforar con la mirada los gruesos vidrios que ya no reflejan ni los miedos.

Lleno de entusiasmo como personaje invitado en la mejor obra de Ionesco, se quedó allí, en la puerta. Lo esperaban. Por supuesto ya no «La señora y el señor Martin», sino La señora López y el señor Mejía. No se atrevían a entrar solos. Pronto la llegada clarificó el panorama, el portero y los reflejos. El hombre del uniforme atado a su posición dio vía libre para dirigirse hacia los camerinos oscuros y olorosos que se resistían a la presencia humana.

Los pasillos aún poseídos por el habitual frio de nuevo fueron testigos de los itinerantes pasos y del eco que los envuelve. La escala y su descanso conducen al gran salón y al vacío que ya estaba entronizado en el Santiago Londoño.

Allí, justo a ese espacio volvieron las voces, los autores y la historia aún no contada de la Primera Dama del Teatro en Pereira; la gestora, la directora, la actriz o simplemente Claudia López. Su vida es una obra que si le ha permitido ensayos; danza, creación, un gran telón y varios aplausos.

Guess: ¿Cómo termina en esta ciudad?

Claudia López: Nací en Bogotá, pero como a los 4 o 5 años mi papa empezó a ser juez en diferentes pueblos, entonces la niñez mis hermanas y yo la vivimos entre La Unión, Zarzal, Anserma, El Cairo, igual mis padres tenían algo de la Cultura de acá. Éramos 4 hermanas ahora somos ocho, todas mujeres y con varios nietos.

Cuando tenía como ocho años mi padre fue uno de los primeros propietarios de las casas de La Pradera y nos vinimos para esta zona. Fuimos de los fundadores del barrio. Estudié hasta noveno en La Inmaculada y eso despertó mucho sentido de partencia con Pereira. Cuando tenía como catorce, Jairo Santa que era discípulo de Antonieta Mercuri, estuvo en mi colegio invitando a hacer parte del grupo Infantil y Juvenil de Amigos del Arte de Pereira que funcionaba donde hoy queda el Concejo de Pereira si no me equivoco.

Entré al grupo con mis hermanas y participamos en el primer montaje que fue El Principito. En esa época me convertí en la mano derecha del director un poco por el instinto de liderazgo y dirección en los grupos. Desde entonces mi proyecto y sentido de vida se aclaró, era el teatro. Después continúe mi proceso en Bogotá.

Claudia López (En la mitad del océano)

Guess: Muchos quienes la conocen pensarían que empezó con la dirección. ¿Qué fue primero? ¿la actuación, la gestión o la dirección?

C.L:  Primero fue la actuación, pero creo que pegada con algo innato por el deseo de enseñar, de transmitir conocimiento.

Guess: ¿Cree que la actuación estaba intrínseca o la fue desarrollando?

C.L:  La actuación la fui desarrollando. No digo que fue un talento a flor de piel, lo he ido trabajando, depurando, me he esforzado, con pasión y me entregado por el amor a los procesos.

Guess: ¿Cree que un actor nace, tiene momentos de inspiración o se hace?

C.L:  Para mí un actor se hace. Bienvenido si se nace con ese gran talento y se junta palmo a palmo con la disciplina y el interés, porque cada montaje, cada proyecto implica un esfuerzo, un trabajo riguroso. Hay muchos con gran talento que no desarrollan con disciplina los trabajos, no llegan a tener el mismo nivel que otros que no tienen tanto talento, pero si tienen la disciplina, mucha pasión y entrega por el trabajo. Creo más en la disciplina, aunque lógico le doy un valor a cuando se tiene el talento. Deben ir unidos.

Guess: ¿Elige los elementos que se necesitan para ser un buen actor?

C.L:  Creatividad, capacidad imaginativa, espontaneidad. Primero es tomar la decisión de querer ser actor, empezar a forjarse haciendo trabajo de cuerpo, trabajo de voz, investigación de temáticas que tienen que ver con la obra, contextualización histórica de los autores, de las circunstancias del momento en que se escriben las obras y del momento del que está hablando la obra. La introspección: El momento de asociación de temas personales, pero también cuando se disocian. Hacer el juego; aterrizar lo ficcional e identificar que se le presta al personaje. Determinar que se le agrega gracias a la investigación.

Combinar lo personal y lo ficcional con cosas que técnicamente son logradas gracias a la investigación. Dar lo máximo de mí, a nivel corporal, a nivel vocal, gestual, a nivel emocional y a nivel de técnicas de interpretación que implican actualización, la lectura, los talleres, cursos y el trabajo dentro de los grupos.

Guess: ¿Cree en los actores naturales o piensa que esta es una profesión que requiere todo un proceso de inmersión, concientización, exploración y transformación?

C.L:  Puede que las dos cosas sean viables, pero honestamente me inclino por el actor formado. Esta es una profesión. A nivel cinematográfico y a veces teatral se acude a actores naturales, al trabajo con personas que están poniendo su vida al servicio de la acción teatral y pueden resultar ejercicios válidos, pero para mí la actuación es un oficio como cualquier otro oficio. Oficios como el músico, como el médico, como el artista plástico, como el matemático; es una profesión.

  La dama del espejo

El teatro en términos globales es una profesión, y hay especialidades, muchas personas pueden desarrollar varios roles que se entretejen en el quehacer teatral como el actor, el director, la dramaturgia, el encargado del concepto sonoro o de la dirección musical, el luminotécnico, el encargado del concepto de los diseños de imagen, a nivel de vestuario de escenografía, de maquillaje, todo corresponde al concepto de una poética de la escena y todo debe tener un porque y un para qué. En el proceso creativo del grupo yo creo mucho en la dirección, en la dirección que está al servicio de la indagación y el redescubrimiento de todo el colectivo, porque el teatro en sí mismo es una acción colectiva. 

Guess: Desde su perspectiva ¿Qué debería ver, leer, escuchar y explorar un actor?

C.L:  Yo tengo muy cercano a Stanislavski, fue mi escuela inicial, pero también estuve muy cercana a Bertolt Brecht a Peter Brook, y en algunos diplomados vi a Antón Chéjov, eso en cuanto a leer y explorar. Hay autores con unas guías de ejercicios prácticos y juegos dramáticos concebidos desde la pedagogía que son increíbles. También hay cientos de juegos teatrales que puede explorar un actor y todo eso suma. En mi vida han pasado personas que tienen corrientes específicas y que me han interesado como Beatriz Camargo con el BioDrama y BioDharma, donde tuve la oportunidad de estar en la Maloka en un Taller Internacional, y en dos oportunidades compartí con Fernando Montes de Varasanta, indagando sobre La Poética de la Acción y los Géneros Pictóricos y otro laboratorio realizado en Bogotá sobre El cuerpo pensante del Actor. Todo el trabajo de Fernando es guiado por la técnica de Grotowski.

Otro maestro a estudiar y que me marcó fue Juan Carlos Agudelo y El Teatro Del Silencio, con un trabajo más físico. En otro proceso con el grupo La Matria, Diana Lucia León nos trabajó la dramaturgia del actor: como los impulsos y la interioridad expresan mucho más allá de lo visible. Puede ser más imperceptible pero más potente en escena.

Guess: ¿Se puede inferir que un actor es bueno porque este en la tele, o en el cine o ya lo esencial es que haga parte de un colectivo teatral?

C.L:  Para mi cualquiera de las opciones es válida, son simplemente diferentes medios, diferentes caminos y entender que son diferentes lenguajes. En la región, la poca gente que trabaja con estructura de grupo me agrada. Es lo ideal. Los que trabajan estilo compañía donde van y vienen algunos actores por diferentes circunstancias también es válido, es de entenderlo. El actor que trabaja en una compañía, pero también lo hace en televisión porque lo invitaron hacer un casting y representó bien un personaje, vale. Lo mismo sucede con la radio; cuando inició la Emisora Cultural yo estuve siete años con Ricardo Núñez haciendo El Altillo y el Armadillo que era un programa radial para niños y fue una experiencia muy linda como actriz.

    Guess: ¿Entonces cualquier espacio es un escenario para un actor?

C.L:  Sí. Es que también está el espacio «no convencional». Yo como espectadora cuando vi El hilo de Ariadna de Enrique Vargas vi algo mágico. Luego lo apropie cuando trabaje con Secretaria de Salud, y tuve una experiencia parecida, donde se propiciaron espacios en los que de cinco en cinco fueron entrando las personas hasta tener todos unas vivencias únicas desde el nacimiento hasta la muerte en diferentes momentos. Se podría decir que es una corriente teatral que yo he apropiado en los últimos años.

Guess: ¿Qué tipo de sensación ha tenido cuando ha estado en escena?

C.L:  Las maripositas que siempre uno siente antes de salir a escena, que te acompañen de por vida siempre, son lo mejor. Ese susto, ese nervio vivo, que genera el momento previo, porque el teatro es un arte vivo, y aunque usted repita la misma obra, cada vez es una nueva vez, una nueva verdad y una nueva mentira porque es ficcional, pero a su vez lleva la esencia de la verdad…

Guess: ¿Una dualidad o una dicotomía?

C.L:  Si esa es la palabra, hay cierta dicotomía entre la verdad y lo ficcional, pero se juntan y yo estoy de acuerdo que se junten. Hay corrientes que radicalmente sugieren: para nada. Yo puedo estar en un momento catártico, explotando, llorando, gritando y de un momento al otro !bang!… neutro y al mejor estilo brechtiano crear un distanciamiento donde empiezo a hablar seco o neutro como actriz porque hay un giro en el personaje, o porque se acabó la escena o la obra y ese era el personaje y no yo.

Claudia López (Murcielagario)

Que haya tenido una vivencia fuerte, si la tuve. Cuando estábamos montando Sólo vine a hablar por teléfono, con la adaptación dramatúrgica de Julio Cesar Sánchez, yo protagonizaba a María y en una de las exploraciones donde al personaje lo iban a encerrar, a mí me empezó a vibrar el abdomen, entonces fue una reacción física involuntaria de una emoción muy fuerte, porque hubo una asociación con una realidad que yo había vivido. Quien haya leído el cuento de García Márquez y conozca la obra, entiende ese concepto del encierro. En mi caso yo ya había superado o asumido cualquier diagnóstico, quitándole el mito a mi condición de ser bipolar. Allí lo que sucedió fue una evocación inconsciente de algo ya vivido con mi sistema nervioso.

En ese montaje siento que mi trabajo fue muy bueno, porque siento que ya había vivido escenas de la obra y lo supe asumir, incluso en esas circunstancias a mí me arrastraron y cuando salí de escena ya volvió Claudia a ser quien era.

Guess: Claudia, ¿por qué la psicología?

C.L:  Decidí estudiar Psicología Social Comunitaria porque me enamoré de un proyecto que hizo Crearte en convenio con Secretaria de Salud, que era hacer obras de teatro con temáticas de prevención en salud para comunidades. Primero un grupo de terapeutas nos daban una serie de conferencias de temas específicos, se hacían los perfiles de los personajes, luego hacíamos el montaje, se lo presentábamos a los terapeutas, lo depurábamos, después los presentábamos en comunidades, luego se hacía foro o conversatorios y se abría la posibilidad de que el público pidiera cambio de las escenas. El público se identificaba con las historias, pues muchas coincidan con sus historias de vida y solicitaban que los personajes vivieran otras cosas; era una técnica psicoterapéutica muy interesante, a eso le sumamos mi interés por ayudar a otros, por compartir conocimiento desde mi infancia.

Yo había estudiado en La Escuela de Teatro del Distrito de Bogotá, y aunque tenía la intensidad de un pregrado, ese proceso era muy informal y en esa época había pocas escuelas de formación de teatro en el país. Realicé todos los cursos, talleres y diplomados del Ministerio de Cultura y todas las convocatorias las aprovechaba, pero aun así sentía la necesidad de un pregrado. La psicología resultaba un complemento para seguir manejando los grupos de teatro que yo manejaba, a su vez es interesante el manejo psicológico de los personajes. Siempre les vendí la idea a mis estudiantes de que estudiaran una carrera complementaria al teatro.

Guess: ¿Con qué personaje se ha identificado más? ¿protagónico, antagónico, un antihéroe, de reparto, pero trascendente?

C.L:  En La casa de Bernarda Alba de García Lorca hice el personaje de Martirio, un personaje que me costó mucho trabajo encontrarlo, porque era muy opuesto a mi personalidad, fue un trabajo muy profundo, muy bonito y estaba muy joven. Protagonice La gaitana, una obra escrita y dirigida por Luis Alberto García, el creador de I took Panamá. Si tuviera que elegir me quedo con Martirio… Logré un trabajo más esencial, más desde el ser. En los montajes de Crearte fue bueno el haber hecho el protagónico de María, pues como siempre tenía que estar mediando entre la dirección, la gestión y la actuación, siempre di la pelea para que otros tuvieran un protagónico o un personaje más importante.

Guess: ¿En su proceso creativo tiene algún ritual, alguna manía, o algún lugar común al cual siempre vuelve?

C.L:  Para mí, manía es asociación y disociación con mi propio ser interior y con mi historia de vida. Si es absolutamente distante a mí, es buscar en esa distancia un yo. Es esencial poner a Claudia y pensar como reaccionaria. Cada obra, cada grupo, cada dinámica genera nuevas situaciones, para mí es importante el texto y el subtexto, la acción y reacción entre los personajes, la voz, el trabajo corporal. (Se queda pensativa) En los últimos cuatro años hemos estado con Crearte indagando en el grupo Aves del paraíso, sobre la intuición femenina, y allí, yo como directora creé un pequeño ritual de entrada antes de empezar cada sesión, o jornada de trabajo. Es importante hacerlo porque abre las puertas hacia el interior y hacia el cosmos, y desde el interior hacia afuera.

Guess: ¿Un personaje se le ha salido de las manos, lo ha vivido, la ha invadido, de tal forma que ha dejado de ser Claudia?

C.L:  No sé, siempre ha existido un control (risas); lo más cercano fue el de María en Sólo vine a hablar por teléfono, en esa jornada.

Guess: ¿Tiene algún sistema o método además del de Stanislavski en su trabajo y en la construcción de personajes?

C.L:  Bueno sí, pero primero como directora, lo principal es partir del texto, hacer un exhaustivo trabajo de mesa, hacer exploraciones de los actores que van a interpretar los personajes. Me interesa siempre hacer exploraciones de la vida del actor para después ir haciendo interconexiones. En el Grupo Escuela de Teatro yo me tomaba el tiempo de que los actores exploraran todos los personajes para después hacer pruebas de reparto y asignar personajes. Tengo una anécdota con la obra Sueño de una Noche de Verano, de Shakespeare. En ese momento me sentía muy segura del proceso, pero fui algo ingenua frente a lo que estaba viviendo el grupo como colectivo. Hice muy juiciosa todas las pruebas de reparto, todos los integrantes pasaron por todos los personajes, y yo iba colocando los porcentajes en la tabla de puntuaciones que siempre me servía de guía, después analicé e hice el reparto. Al siguiente día llegaron y se ubicaron al fondo del escenario, no en proscenio, sino bien al fondo se sentaron todos, a comer churros o roscones mientras se reían con todas las ganas. Yo me preguntaba ¿pero porque están así? los llame, y les pregunte, ¿Qué les pasa? Alguien dijo, ¿Usted no sabe? Y soltó la carcajada. Pasó un buen rato y todos seguían así. Luego me enteré que era por la rosca que hubo al definir el reparto (risas).

Guess: ¿Hubo rosca?

C.L:  No, no hubo rosca (risas). He sido imparcial para tomar las decisiones.

Guess: ¿Qué elementos caracterizan o le da identidad a las obras de Claudia López?

C.L:  Por un lado he trabajado con obras cercanas a la fantasía, como La Historia interminable, Momo, Blondinette, pero también trabaje con teatro del absurdo como La cantante calva, que marcó un hito muy importante en Pereira, Jacobo o La sumisión, de Eugène Ionesco, que son temáticas opuestas. También he trabajado creaciones colectivas a partir de trabajos de autor como El mar del tiempo perdido, donde se entrelazaron unos cuentos con otros, por subgrupos exploraron y luego se integraron. Rumores de nadie fue una investigación sobre mitos y leyendas de la región y encargue a Héctor Ramírez un ex – alumno de la segunda promoción y a su vez estudiante de literatura que hiciera la adaptación. Fue una obra donde hubo mucha improvisación y surgió una dramaturgia propia.

Otro director me había puesto un reto: «¿Claudia usted es capaz de hacer una obra sobre la Pereiranidad?» Yo Acepte. Empezamos a investigar sobre la Pereiranidad, buscamos quienes nos dieran charlas, fuimos a los barrios, a los parques, escuchamos muchas historias y exploramos de diferentes maneras. Así llegamos a una dramaturgia y a una puesta en escena de La calle de la otredad, excelente obra que lamentablemente tuvo pocas funciones, porque se acabó esa promoción y los actores se dispersaron, no fue fácil engancharlos de nuevo como sí paso con otras promociones donde si logre mantenerlos cohesionados.

  Virus: Encuentro cercano de primer tipo

Guess: ¿En su momento el teatro La Mama de Armando Rodríguez o La Candelaria de Santiago García, establecieron un compromiso con la realidad social y política del país, retratando fragmentos de las problemáticas de la época ¿En qué medida su trabajo le ha apostado a esa dramaturgia, investigación o a ese tipo de procesos?

C.L:  En Jacobo o La sumisión hay muchas analogías de las problemáticas sociales y políticas. Blondinette es una metáfora sobre lo sucedido en la Segunda Guerra Mundial, cuando estudiábamos la contextualización con los estudiantes nos ilustrábamos con los significados de cada personaje, este personaje significa esto, este personaje significa lo otro, esa era parte de la metodología que se logró después de haber hecho el taller sobre dirección escénica. Era hacer unas fichas de análisis dramatúrgico donde se busca contextualizar la obra, escena por escena, personaje por personaje, y qué significaba para nosotros dicho personaje.

Con María Teresa Llano la capacitación se enfocó en las nuevas tendencias. Se hicieron exploraciones de performance y demás. Aunque estábamos montando Sueño de una noche de verano, se hacía una búsqueda desde cada quien y desde la ciudad. De pronto la parte política y social en firme quizás no esté tan marcada. Mi compromiso social ha sido el trabajo con los jóvenes para enamorarlos del teatro con la metodología del aprender haciendo, propiciando un proceso pedagógico, profesional, creativo donde halla interdisciplinariedad.

Guess: ¿Qué elementos debe tener una buena obra? ¿música, danza, performance o puede ser frugal y minimalista?

C.L:  Puede ser cualquiera de todas esas, quizás todas son válidas. Amo cualquiera de las manifestaciones y experimentaciones. Me le mido a cualquiera de las anteriores.

Guess: Hay obras muy interesantes, quizás algunas se deben a la crítica, ¿pero muchas se sostienen en la espectacularidad del montaje?

C.L: (Después de una pausa…) Creo que las dos cosas se dan y pueden ser necesarias. La crítica es válida, lo que pasa es que estamos muy pobres de personas que…

Guess: Que sean objetivos en el análisis crítico.

C.L: Sí, de personas que hagan un ejercicio profesional de crítica teatral. Se está dando poco a poco, se está empezando.

Guess: A partir de Grotowski se crea la idea de que un actor se vuelva un autor sin convertirse en el centro del espectáculo, recurriendo a herramientas como la «organicidad» o «la improvisación». ¿Está de acuerdo con que el actor participe en la dirección, la dramaturgia o la puesta en escena? ¿o cree que se necesita mucha experiencia para estar a ese nivel?

C.L: Estoy totalmente de acuerdo. Para mí la esencia del trabajo como directora es contar por lo menos con un 70% de lo que dan los actores. No me caso con la metodología de un director con una jerarquía donde él esta acá y los actores están allá. O el director que diagrama todo el espectáculo y es la cabeza y los actores están en función de esa cabeza creativa. Para mí el ejercicio de directora es la capacidad de ser un agente provocador para que el equipo de actores, y todo el colectivo empiece a emerger toda su propia creatividad, todo el conocimiento, que salga a flote todas las potencialidades inclusive las que no conocían y las pongan al servicio del montaje.

Es fabuloso, me siento afortunada de haber descubierto o desempolvado talentos en las personas. Por ejemplo, Beto, estudiante de la segunda promoción que hoy reside en España, quien se enamoró de la iluminación y en ese momento yo le permití que fuera la mano derecha del técnico de luces de aquí del Santiago Londoño, porque así es que se aprende. Yo permito que mis actores estudien y exploren las cosas que yo sé, y las que no aprendí por diversos motivos, o las que ya no hago, pero sé que son importantes para el actor.

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