Otra vez tu boca

La musicalidad, la cadencia y el ritmo y una inagotable sensibilidad permean la poesía de Helena Restrepo, a quien nos complace publicar por primera vez

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Estos poemas hilvanan las formas del exterior con la belleza y las sombras que llevamos dentro

07/04/2020
Por Helena Restrepo
Poesía

La autora nace en Pereira, 1974. Es médico y cirujano de la Universidad de Antioquia. Ha publicado los libros Nacer de Nuevo (2014), Historia de un libro (2016) y Eva se enamora de un Fantasma (2018). Su poesía ha sido divulgada en diversas revistas nacionales y antologías de Colombia, México y España.
__En estos versos hay una musicalidad excepcional, acompasada por la forma particular de su gramática, de la cual se apropia la poeta para adaptar a la cadencia de su rítmica, manifestar sus sentires e hilar el entorno con la revolución que a todos nos ocurre dentro.

Mi defensa

¿Qué puedo argumentar en mi defensa
que no sea una excusa
o se torne una ofensa,
una torpe estrategia de mi musa?
No entiendo el mecanismo de la mente,
la duda permanente,
su búsqueda de escape a lo real,
el pensamiento dual.
Y es que a pesar de todo, dividida,
mi amor por lo sutil es algo inmenso.
No destruyas el puente

que se rompe la vida.
Con esta mente turbia es que te pienso.
Aunque fastidie tanto con su bulla
y no me quede otra, soy sincera,
y sigo siendo tuya,
compleja y fragmentada, pero entera.

De roca

Caminar con sensatez,
sin miedo a dar mal el paso,
es difícil, en mi caso,
no son de agua mis pies.
Anhelo su fluidez
y mi palabra la evoca,
pero estoy hecha de roca
volcánica que recuerda
con fuego en la axila izquierda
el misterio de una boca.

Luciérnaga

Quizá por ser mujer en edad fértil
visito cada tanto algún infierno,
me vuelvo melancólica, suicida,
me encierro en la penumbra de mis huecos.
Y digo: «estoy normal, no pasa nada»,
y acorazo mi lágrima en el pecho
hasta que, en soledad, le doy su cauce.
Los estrógenos caen y el veneno
de su ausencia en la sangre es de vacío,
oscuridad, tormenta, casi miedo.
Aunque sepa de ciencia me doblega,
solo queda esperar, tiene su tiempo.
Y, sin embargo, quiero que tu abrazo
me recuerde mis alas y mi vuelo
y mi naturaleza de luciérnaga
que a veces se ilumina con un beso.

Indigestión

Tengo una indigestión de poesía,
quisiera vomitar letras y versos,
mandarlos a la mierda algunos días,
pero no me abandonan los perversos.

Hay tanto por leer, no doy abasto,
el tiempo no me alcanza, y yo le huyo;
comer, pecar y ser no es un malgasto
ni el ansia de correr es por orgullo.

Anhelo, del principio, la inocencia,
un reloj al revés, nada, vacío,
el silencio de ayer, la transparencia,
pensar sin escribir, pero no puedo;
hasta en endecasílabos sonrío
y un poema me apunta con el dedo.

Mi sed

Mi sed es una soga apretada en el cuello, 
desahuciada del agua que le sacia la sed, 
exprimiendo caricias de cualquier desencuentro 
que, antojado, resbala por mis dunas de piel. 

Mi sed tiene un contrato firmado con el cielo 
y un grillete invisible amarrado a mis pies
que me impide caer de los muros del miedo, 
pero baila en el filo del dolor y el placer. 

No me quejo, lo escribo, son dos cosas distintas;
me exorcizo en palabras sin alivio ni cura.
No me salvan las letras del instinto suicida. 
 
Sobrevivo, confieso, porque no sé morir. 
Mi memoria de río, masoquista y absurda, 
bebe lágrimas, sed y se cree feliz.

Sucumbir

 Sucumbir a la tentación 
dormir en ella por un tiempo 
dejar que te acaricie los sesos
contemplar la loba con que juega
-inmortal, en los huesos-
hambrienta de sueños con pies y cabeza.
Y una noche, de frío, despertar.
Y otra vez, sin sueño, dormir.

Y que, en la mañana, 
el canto del sol, lleno de pájaros, 
celebre tu retorno a la luz.

Te espero

Si se trata de ti, sabes que quiero.
Observo tu reguero de colores
con que sueñan mis flores, jardinero,
y a veces desespero. No demores.

Aguardo entre temblores, vocifero
callada con mis peros y motores,
con mis miedos peores, y prefiero
tu silencio sincero o tus rumores

directos, sin pudores, en mi oído
y mi cuerpo adherido a tu caudal
que me hace dual, vacía e infinita,

contradicción bendita, sinsentido,
algo desconocido, acmé, total,
casi cristal que vuela, pajarita.

Amanecer

Y amaneció otra vez, quién lo creyera.
Me muero cada noche y la esperanza
renace con el sol como una lanza
clavándose en mi fe de pordiosera.

Y amaneció sin compasión siquiera.
¿Será una fantasía de venganza
que tira a lado y lado mi balanza
probando la bondad de mi madera?

El sol me desafía nuevamente
a seguir caminando y con la frente
en alto aunque camine de rodillas.

Atada a su calor, un dos de mayo,
amanecí otra vez entre sus rayos
poniendo a ojos cerrados mis mejillas.

Otra vez tu boca

 He probado de diferentes modos
-quizá no han sido todos-
para hallar un camino hasta tu boca
-tu boca, combustible de mis versos,
de extraños universos-
que ahora me convoca
con su canto sereno
a no entrar por la puerta,
a penetrar por otros intersticios
que conducen a calles precipicio
y entender el silencio de su trueno,
su palabra desierta.
¿Existe solamente esa salida?
Perdón, ¿no hay más entradas?
A veces me confundo con la huida
que probé y no funciona,
con su risa burlona
me lleva a otro principio.
Ya me siento agotada en mis intentos.
Debo reconocerme derrotada
y nunca convocada
por tu boca de viento
pariente de la nada
principio interminable de este cuento.

 

  Safo

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