Leer como escritor

En este ensayo, Daniel Cassany sustenta dos maneras de leer, y sugiere que una de ellas es la adecuada si lo que se busca es escribir como todo un profesional

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El autor de La cocina del escritor y Construir la escritura, uno de los ensayistas literarios más prolijos de la década, nos cuenta en este breve texto sobre las forma en que debería leer todo aquel que desea escribir como profesional 

07/21/2020
Daniel Cassany
Ensayo

Volviendo a la habilidad de la expresión escrita, la tesis de Smith es que todo aquel que se convierte en un escritor competente ha leído y lee textos escritos exactamente de la misma forma que un niño escucha las cosas que dicen sus padres o sus amigos. Según él, los aprendices de escritores tienen que leer como un emisor (como un escritor) para aprender a usar el lenguaje escrito de la misma manera que lo usan los buenos escritores. No hay otra manera de adquirir el complejo y numeroso conjunto de conocimientos necesarios para escribir.

Por ejemplo, estamos leyendo una revista, una narración o una carta personal y, de repente, nos detenemos para fijarnos atentamente en la ortografía de una palabra: güisqui. No es una palabra nueva, la hemos escuchado muchas veces por la radio o la televisión y sabemos qué significa. Incluso la usamos en determinadas circunstancias. Lo que nos sorprende es la adaptación castellana de la grafía inglesa whisky. Pensamos: «Ah, mira, puedo escribir así esta palabra». Posteriormente puede que descubramos que usamos dicha palabra con la grafía castellana que hemos aprendido.

Hemos aprendido la nueva grafía incidentalmente. No habíamos empezado a leer la revista o la narración con la intención de aprenderla. Tampoco leíamos con el objetivo de estudiar conscientemente la ortografía de las palabras o de aprender algún otro aspecto de la expresión escrita. Nos hemos fijado en la ortografía de esta palabra porque nos gusta y porque nos ha sorprendido. Nos gustaría poder escribirla de la misma manera que lo ha hecho el autor. De hecho, leíamos el texto y nos fijábamos inconscientemente en la forma de escribir de su autor. A medida que leíamos el texto, lo estábamos escribiendo con el autor, estábamos reescribiendo el texto con él. Leíamos como un escritor porque pertenecemos al grupo de personas a quienes interesa saber escribir como el autor. Hemos aprendido a escribir la palabra güisqui con esta grafía porque a este grupo le interesa poder utilizar esta palabra de esta forma.

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Para leer como un escritor nos comprometemos —«engage»— con el autor del texto y, leyéndolo, lo reescribimos con él. En cada paso, en cada nueva frase o en cada párrafo nuevo, anticipamos lo que dirá el texto, de forma que el autor no sólo nos está enseñando cómo se usa el lenguaje escrito, sino que precisamente está escribiendo para nosotros todo aquello que quisiéramos escribir. El autor se convierte en un colaborador inconsciente que hace todo aquello que quisiéramos hacer. Escribe con ortografía y gramática correctas todas las frases que quisiéramos escribir, puntúa y cohesiona el texto tal como quisiéramos puntuarlo y cohesionarlo, etc. Y lentamente, con poco tiempo y sin esfuerzo, aprendemos todo lo que necesitamos para escribir. Leyendo como un escritor (como un emisor) aprendemos a escribir como un escritor.

Pero no siempre leemos de esta forma. Del mismo modo que los niños no aprenden a hablar como determinadas personas a las que escuchan, nosotros tampoco aprendemos a escribir como una guía telefónica o como un diccionario, aunque de vez en cuando los leamos. En estos casos, leemos como un receptor (como un simple lector). Sólo nos interesa comprender la información que contiene el texto y no deseamos aprender a escribir como los autores de estos libros. No queremos pertenecer al grupo de personas que escriben este tipo de textos.

Así pues, podemos leer de dos maneras y sólo una de ellas sirve para adquirir el código escrito. Este hecho explica por qué determinadas personas que son buenos lectores no son además escritores competentes. Se trata de individuos que leen exclusivamente como lectores (como un receptor). Pocas veces o nunca leen como un escritor. Las causas de este hecho pueden ser muy variadas: no quieren pertenecer al grupo de los escritores, no se identifican con este grupo, no ven ni el beneficio ni las ventajas de la utilización de la expresión escrita, etc. Las consecuencias son trágicas para estas personas, ya que si no pueden o no quieren leer como un escritor, difícilmente adquirirán el código escrito y raramente llegarán a ser escritores competentes.

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Smith no analiza en profundidad las diferencias entre estos dos tipos de lectura y tampoco las circunstancias o las causas y las consecuencias que los rodean. Sobre este punto, sólo menciona algunos factores que dificultan la lectura como un escritor y, por consiguiente, la adquisición del código escrito. La siguiente lista contiene los distintos aspectos que cita:

Circunstancias en las que se hace difícil leer como un escritor

  • Cuando nuestra atención en el texto está sobrecargada.
  • Cuando estamos totalmente concentrados en el acto de leer, relacionando apropiadamente las palabras.
  • Cuando intentamos memorizar todo el texto.
  • Cuando leemos en voz alta.
  • Cuando tenemos problemas para entender el texto.
  • Cuando no comprendemos la intención que tiene.
  • Cuando no entendemos las palabras básicas.
  • Cuando no tenemos ningún interés en escribir lo que leemos.
  • Cuando no nos gusta escribir.
  • Cuando no tenemos ninguna expectativa de utilizar el tipo de lenguaje escrito que leemos.

Finalmente, Smith comenta que, además, un aprendiz de escritor, tiene que aprender todas aquellas técnicas que un texto acabado y publicado no puede ofrecer. Se refiere a habilidades que van desde el uso de clips, fichas de libros o escritos, papeleras (sic), hasta la utilidad de escribir borradores y revisar y corregir el texto. En definitiva, se refiere a la necesidad de que el aprendiz desarrolle buenos procesos de composición del texto. Y afirma que no los puede aprender de los textos ya escritos porque allí no aparecen. En estos textos no hay nada que demuestre que el autor ha utilizado clips o fichas, que ha escrito muchos borradores antes de la versión definitiva o que ha corregido más de una vez el texto. Por lo tanto, el escritor no lo puede aprender de los textos ya escritos.

Pero del proceso de composición ya hablaremos más adelante.

Describir al escribir (Ed. Paidós Comunicación)

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