La peste, lo terrible y la posibilidad del ser poético (II)

En esta segunda de entrega sobre «La peste, lo terrible y la posibilidad del ser poético», el autor se permite desarrollar aspectos relativos al espejo de Narciso, la vacuidad social y la revolución necesaria del ser

Si tenemos la posibilidad del ser y reconocemos a los demás como parte importante de esa construcción, quizá lograríamos avanzar en comunidad, para ello es fundamental lo poético, porque es lo único que logra ver en la diferencia y en la marginalidad lo bello e importante de las cosas.

El espejo de Narciso

El sujeto contemporáneo se enamora de sí mismo y se ahoga en su hedonismo y vanidad. La posmodernidad trajo consigo no solo la utopía del progreso[1] sino también el individualismo, el Yo, no cartesiano, sino atado al consumo, en palabras del sociólogo Lipovetsky en La era del vacío: al espectáculo donde pareciera ser que la indiferencia domina y solo importa la búsqueda del placer.

Narciso, después de rechazar el amor de Eco, observa su figura en un estanque y se enamora de sí mismo, tanto, que se ahoga en búsqueda de su propia imagen. El mito es fundamental para nuestro ensayo, pues la pandemia que vivimos puede ser el espejo donde nos demos cuenta de lo que somos.

El espejo de nuestra contemporaneidad, la pandemia, refracta un ser malevolente, indolente, destructivo. A pesar del virus, en algunos países como en Colombia han aumentado los asesinatos a líderes sociales; las personas se mueren de hambre; algunos políticos roban el dinero que se ha destinado para ayudar a las familias más vulnerables. El espejo entonces muestra todos nuestros defectos pero también, en el fondo, algunas virtudes.

Albert Camus

Organizaciones y personas en todo el mundo se han dedicado ayudar a otras, el arte y la educación se han reinventado para generar nuevas posibilidades que estimulen a educar, respetar y elevar el talento humano. La peste de Camus ha vuelto a leerse. Por tanto, la sociedad narcisa tiene la oportunidad de mirarse en el estanque y a pesar de observar el rostro de la muerte y la miseria, posee la oportunidad de tratar de conocerse y corregir el rumbo, observar las grietas del camino, y de nuevo avanzar lento, sin ahogarse en su propia vanidad.

La posibilidad del ser poético

La posibilidad del ser poético se encuentra en la relación con el otro que también nos construye. Creemos que si logramos un vínculo poético con los demás, seguramente creceremos como sociedad. Lo poético en estos tiempos de pandemia se encontraría en la narración, en el relato cotidiano de aquellos que en medio de las adversidades luchan por continuar. El sistema educativo y la tecnología podrían jugar un papel fundamental si se dedicasen a crear medios donde no solo los estudiantes sino también las personas contaran lo que ocurre, lo que viven y enfrentan.

El mundo parece detenerse por el COVID-19, y es increíble que los medios tecnológicos de los gobiernos u otros estamentos no escuchen las dificultades de los habitantes y lo que hacen para sobrevivir. Las escuelas, colegios y universidades se preocupan por seguir avanzando y enseñan contenidos por medios virtuales; mientras esto ocurre­, en algunos países latinoamericanos ­se ignora la hambruna, las historias en las calles de los vendedores ambulantes, la desigualdad que se genera y el grito de los oprimidos que nadie escucha. Es importante recordar que a lo largo de la historia siempre han existido las brechas sociales, sin embargo, la pandemia tiene la virtud de hacerlas reconocer, de que miremos el estanque y observemos los ojos de Narciso.

 La posibilidad del ser poético se encontraría en dos elementos: el primero, despojarnos del individualismo y crecer en colectivo, en comunidad, logrando el único medio para llegar a la solidaridad: la empatía. Segundo, se necesita contar, porque es un mecanismo que logra conocer las visiones de los demás frente al virus. El medio más eficaz para aprender es la conversación. La educación debe reconocer el momento que enfrenta y enaltecer lo que viven y observan los estudiantes y la comunidad. Si se valora lo que se cuenta, se tendrá el principio de enaltecer la palabra, lo poético.

El filósofo alemán, Martín Heidegger, en El ser y el tiempo derroca un Yo racional y controlador de la naturaleza, en su lugar postula un sujeto que evade la realidad y tiene la posibilidad de ser ahí si se pregunta por sí mismo. Al respecto menciona:

El “ser ahí” es un ente que no se limita a ponerse delante entre otros entes. Es, antes bien, un ente ónticamente señalado porque en su ser le va este su ser. A esta constitución del ser del “ser ahí” es inherente, pues, tener el “ser ahí”, en su “ser relativamente a este su ser”, una “relación de ser”. Y esto a su vez quiere decir: el “ser ahí” se comprende en su ser, de un modo más o menos expreso (1993:22).

El ser ahí como un ente del ser, que interroga por su esencia, que necesita tener una relación, sin embargo no es definible. Se percibe entonces un sujeto disuelto, no dominador ni supremo dueño de su consciencia. Y es allí donde la voz de los demás es importante para construirnos, para saber que podemos ser si también los otros están allí.

Martín Heidegger

Si tenemos la posibilidad del ser y reconocemos a los demás como parte importante de esa construcción, quizá lograríamos avanzar en comunidad, para ello es fundamental lo poético, porque es lo único que logra ver en la diferencia y en la marginalidad lo bello e importante de las cosas. El poeta español Gustavo Adolfo Bécquer, en su rima inmortal menciona: “/No digáis que agotado su tesoro/, /de asuntos falto enmudeció la lira/ /podrá no haber poetas pero siempre habrá poesía/” (1999:15). En ese sentido se trasciende el significado convencional de lo poético, ya que no solo estaría en los libros sino en la vida misma, y es allí donde postulamos que podemos reconocernos y tener la posibilidad del ser poético en el momento que vivimos.

Seguramente la pandemia pasará, de hecho ya es historia en algunos países; sin embargo, a pesar que el ser humano seguirá creciendo individualmente y destruirá la naturaleza  y al otro como ha ocurrido desde siempre; la pandemia pudo por un momento detener la catástrofe y mostrar en el estanque el Narciso lo que podríamos avanzar si emprendiéramos la búsqueda de la posibilidad del ser poético.

Lea La peste, lo terrible y la posibilidad del ser poético I

Bibliografía

Bécquer, Gustavo Adolfo (1999). Rimas. Bogotá: Norma 

García Márquez, Gabriel (2007). Cien años de soledad: Bogotá: Norma

Gray, Jhon (2013). El silencio de los animales. Sobre el progreso y otros mitos modernos. Madrid: Editorial Sexto Piso. 

Heidegger, Martin (1993). El ser y el tiempo. Bogotá: Fondo de cultura económica.

Lipovetsky, Gilles (2017). La era del vacío. Barcelona: Anagrama.

Saramago, José (2003). Ensayo sobre la ceguera. Buenos Aires: Alfaguara

Saramago, José (2006). Las intermitencias de la muerte. Bogotá: Alfaguara.

Tucídides (1990): Historia de la guerra del Peloponeso, Libros I-II (introducción a cargo de Julio Calongo Ruiz y traducción de Juan José Torres Esbarranch), Madrid, Gredos.

[1] La idea de la utopía del progreso y el fracaso del proyecto moderno se refiere a que después del siglo XVI, donde termina el Medioevo, viene un avance de modernización y humanismo para el hombre; sin embargo, con el paso de los siglos, el ser humano se ha desencantado de la idea del progreso, pues el tiempo ha demostrado que la modernización ha servido para generar y abrir brechas sociales. Al respecto véase El silencio de los animales Sobre el progreso y otros mitos modernos, John Gray (2013).

  Miguel De Cervantes: «El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha»

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Archivos