La muerte es una niña solitaria

En estos poemas de Maritza Palma encontramos una profunda preocupación frente a la vida en relación con la muerte

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«Hay un muerto en mi interior»

07/06/2020
Por Maritza Palma
Poesía

Nacida en Pereira en 1995. Amante de la palabra, tanto la que se calla como la que se pronuncia en el momento adecuado o inadecuado. Me tranquilizan el río y el mar. De profesión comunicadora social, periodista e investigadora. Por resistencia, a veces, poeta. La autora se presenta también por medio de la canción «Una breve descripción de mi persona» de El Cuarteto de nos: clic

Vida

Hay un muerto en mi interior
un náufrago envenenado con el último suspiro
una pena que ya no distingue la causa del efecto.

Camina lento
respira una vez más como si reviviera
y continúa muerto
muerto de mí
muerto por mí
muerto para mí.

No duele
tiene la mirada fija
sobre la conciencia que todo lo ha visto
y que se hace la muerta.

Las manos en pausa
la saliva escasa
los labios entre abiertos
la frente arrugada
los ojos tristes
la mirada distraída;
así me tiene este muerto que cargo dentro
este muerto que soy yo misma
asustada ante la vida.

La muerte es una niña solitaria

Creo que he tenido
-desde que nací de pies-
cierta enemistad con la muerte.

Ella
me respira en la nuca
y no tiene afán de mí.
De hecho sabe
-de alguna forma-
que siempre le he pertenecido.

La muerte disfruta que yo esté viva
ella sabe
que me duele más
ver a otros morir
que si fuera mi propia muerte;
ella sabe
que me pesa más
el dolor de la existencia
que el miedo
a dejar de ser.

Todos los días
muere alguien
y en ese instante
la muerte de nuevo
me clava un puñal por la espalda
me gira
me ahorca
y se para sobre mi pecho
para hacerme sentir
que aunque duela fuerte
que aunque duela mucho
esa
aún no es mi muerte.

Ella y yo sabemos que mi dolor
es un dolor constante
una pena presente
por cada uno
de los que sí están muertos
aquellos
que han amado la vida
más que yo.

Pero ella
la muerte
es una niña solitaria
que se pinta la cara de rudeza
y no hay nada
nada
que le duela más
que esa soledad.

Ya quisiera la muerte haber nacido
al menos de pies.

Danzar hasta morir

Danzar hasta morir
danzar hasta sangrar.
Moverse
dejar de moverse
detenerse
respirar
correr.

Danzar hasta morir.
Moviéndose descalzo.
Moviendo los dedos de los pies:
detenerlos
saltar.

Danzar hasta morir.
Abrazar la vida
decirle que ya fue suficiente
que quieres olvidarte de ella
que solo quieres danzar
danzar
moverte hasta morir
saltar hasta que sangren los pies
se fracturen los huesos
se te parta el corazón
y llores a mares
porque te estás despidiendo de la vida
porque ahora no sabes si la querías
pero solo buscas moverte
sacudirte
sudar hasta morir
hasta que las lágrimas se sequen
hasta que el pensamiento
sea ausencia
vacío
y seguir danzando hasta desintegrarte
confundirte con el polvo
ser aire
y seguir danzando hasta morir
o hasta transformarte en algo más
hasta morir
o hasta volverte agua
sangre
llanto
o ser persona de nuevo
solo por joder
solo por volver a intentarlo con la vida
para un día cualquiera decirle
que no puedes más
que no te queda tiempo
que andas con tanta cosa
que los pelados del barrio te consumen
el poco tiempo libre que te quedan los domingos
que no puedes continuar
porque solo tienes tiempo
para danzar
hasta volver a morir
y seguir muriendo
para seguir danzando.

Suicidio

Una
a cada día
a cada noche
a cada palabra
a cada decisión
se anda haciendo daño
volviendo a recuerdos
a besos
y a personas
que alimentan
el placer
la felicidad
y hasta el amor,
pero al final
no serán más
que otro vacío
en la boca del estómago
otro estrujón
otro grito
que nos recuerda
que andamos buscando
formas de morir lentamente
de morir
en la soledad
de la memoria.

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