La invención de la melancolía

Este relato se mueve entre la fascinación por Pereira y la remembranza, usando una gramática pintoresca

diambulos
Últimas entradas de diambulos (ver todo)

Este relato se mueve entre la fascinación por Pereira y la remembranza

05/07/2020
Alejandro Matamoros
Cuento

Podría haberle llamado, ¡sí!, pero hubo algo que me detuvo. En aquellos días me dispuse a recuperar amistades perdidas, porque hay fervores que la memoria se encarga de atesorar mientras uno transita banalidades festivas, amistades que curan los vestigios de un mal día; no las noctámbulas de viernes o sábado, ¡no!, hago venia a las que ofrendan el fogaje de un abrazo escaso, las de domingos, atardeceres, tertulias, angustias y café.

Podría haberle llamado, ¡sí!, pero esta vez opté por contemplar su paso. De vez en cuando pienso: ¡Cuidado!, aquí alguno de los dos va a tener que reescribir los mapas. Pero puedo estar equivocado. Tal vez no sea un asunto de cartografía y sí una cuestión gramatical, no en una suerte de rigor como El Hombre duplicado. Por el contrario, es un dilema enteramente bisoño. Bien sabe usted cómo me enmaraño, cuando entre el punto y la coma tiendo siempre a resultar foráneo.

Puede que mi picaresca narrativa le resulte inconexa, pero confío en su sintaxis, así que me permito continuar en mi obstinada odisea.

En mi mundo a usted la he llamado Dalia, entendiendo que es un nombre de su entero agrado, obedeciendo, claro está, a una extraña fijación con los nombres que me resultan gitanos como: Ruth, Raquel, Elena, Penélope, Dalia o Salomé. Por otra parte, usted tiene la costumbre de pasear su perro entre las cuatro y las seis, justo cuando la lluvia ha cesado y el cielo de Pereira lo ensangrenta el atardecer. ¡Pereira! ¡Qué lugar!, con su clima bipolar, su café, el teatro y sus músicos de bulevar.

Disculpe si me disperso, pero esta ciudad es un pasillo, cual sentida entonación de Garzón y Collazos. Y es que, ¡cosas majestuosas ocurren cuando uno está en su regazo! Alguien dijo alguna vez que Dios es argentino. Yo ignoro por completo la veracidad de esa afirmación, pero si de algo estoy seguro, es que ansiosamente debe anhelar con el tinto de la perla teñirse el paladar.

Por cierto, aún no defino si en mi mundo su perro se llama Cerezo o se llama Laurel; como mi gato, un amigo imaginario que me mantiene cuerdo, es gris y de ojos color miel. Perdón, debo aclarar que más que un amigo es un tertuliano.

Bueno, me parece que es el momento de profundizar. ¡Señorita!, permítame comunicarle que usted, aunque se haga la desentendida, carga con la responsabilidad de habitar en mi memoria, así que seré yo quien se ocupe de este desencuentro. Si no decidí acercarme de alguna manera con anterioridad es porque por estos días me encuentro a dieta, así que me abstengo de comer mierda, pero por mí no se preocupe, señorita, ¡coma usted tranquila!; reconozco que yo solo necesitaba concebir un texto.

Siendo sincero, soy un hombre de remembranzas y melancolías, algunas incluso me resultan ingeniosas, como: las amistades de domingo, las mujeres gitanas, mi fascinación por La Perla, ¡bueno!, y lo de Dios y mi gato era inevitable. Los amigos imaginarios suelen ser un buen recurso literario y entenderá que cuando una idea es huérfana de un cuento, solo la invención de la melancolía le encuentra un hogar.

Me disculpo si de alguna manera le hice perder el tiempo, hace poco me pasó y no es grato. Probablemente esperaba como es costumbre, una versificación a su frondoso y oscuro cabello, a su sapiencia o a sus virtudes, y es que uno está propenso a la ceguera cuando se instala en la euforia de la gloria.

Por cierto, tal parece que voy a necesitar espacio en mi memoria para cosas de importancia y adivine que recuerdo me resulta innecesario.

En ocasiones lo fácil es rendirse, pero…, después de mucho, considero culminado en el siguiente punto final, el naufragio en lo impertinente de mi ejecución gramatical.

FIN

  El Judio errante

Una opinión en “La invención de la melancolía

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Archivos