La guerra no se baila con salsa

Acerca de Últimas entradas diambulos Últimas entradas de

diambulos
Últimas entradas de diambulos (ver todo)

Toda guerra es un fratricidio. Una disputa, en su mayoría, entre pueblos hermanos. Una hoguera de rencores que consume las entrañas de quienes la viven, un camino lleno de cadáveres, una ciudad para huérfanos y viudas.

Por: Jorman S. Lugo

La guerra no tiene ritmo, y si lo tuviera, no sería de salsa. El traquetear de las ametralladoras, los gritos y las explosiones de las bombas son sonidos que van en contra de los principios salseros, que pretenden, en la mayoría de los casos, bailar las penas y rebelarse contra los poderosos.

Por eso, cuando la salsa encontró guerras, bloqueos e invasiones, plantó bandera e interpuso frente a los belicistas sus instrumentos, rebeldía y sabor. Sin perder el brío que caracterizó el movimiento dejó que los soneros se encargaran de pedir libertad. Impuso los trombones para rechazar las tropas invasoras; propuso los pianos contra los que derramaron sangre. En definitiva, se opusieron a un mundo que pretendió devorarse a sí mismo y que se quemaba en la hoguera de lo absurdo.

Así lo demuestra Bush y sus Magníficos en la canción Qué humanidad. El tema es una conversación en busca de explicaciones, porque el interlocutor no comprende hasta dónde lo va a llevar el irracional actuar humano de atacar a sus semejantes. “¿Hasta dónde nos vas a llevar, por tu trágico sino, humanidad?” Aprovechándose del tono desengañado por saberse parte de una raza destructora, la canción reflexiona sobre el carácter colectivo de la humanidad, donde todos hacemos parte del tañido de sangre en el mundo; donde todas las campanas que doblan por alguien, en realidad, doblan para todos. Al mismo tiempo, evita caer en el desprecio o en la desesperanza y propone, al estar frente a ella, darle un abrazo o un beso sangrante, porque las perlas del llanto le sirven para acrecentar su collar.

Johnny Zamot refuerza la postura de Bush pero con un enfoque íntimo. El tono lleno de hastío formula preguntas sobre los motivos y consecuencias que generan los conflictos bélicos. ¿Por qué asesinar a los hermanos? ¿Cuál es el motivo para mutilar una familia? ¿Qué pasará con las mujeres de los que mueren en el frente? Con seguridad, toda guerra “solo trae muerte y la destrucción y le inyecta el odio y la maldad en el corazón de los hermanos”. Zamot formula el efecto dominó que generan los asesinatos, las venganzas y los dolores que difícilmente sanan cuando una familia queda destruida.

Serie Salsa, la posesión rítmica – Verónica Penagos

En la misma línea avanza Dax Pacem. Mientras los jóvenes se despedazan en el frente y vuelven en pedazos a sus hogares, ¿Quién logra consolar la familia? ¿Quién le enseña a una familia a resistir la incertidumbre de saber si su hijo o nieto regresará?

Ahora bien, ¿qué clases de líderes y gobernantes ordenan a jóvenes cercenarse a sí mismos? ¿Por qué están ahí, decidiendo por la vida de miles de personas? ¿Quién les dio ese derecho? ¿Quién los eligió para decidir sobre la vida y la muerte?

En ese sentido, Frankie Dante, valiéndose de su potente orquesta la Flamboyán, usa los trombones para protestar en contra de la incapacidad para resolver conflictos de muchos presidentes. En uno de los pregones de Ciencia política insiste en cambiar el sistema porque los políticos engañan al pueblo, e insiste, en que la gente tiene el poder de revertir todo si se une y despierta. Su mensaje es claro: el pueblo tiene la capacidad de invertir toda situación que atente contra ellos. No siendo poco con una canción, en Presidente Dante, él se proclama como solución para evitar que los fondos públicos se malgasten en guerras, mientras que la cultura y las familias de los que pelean las batallas, son las que pagan las decisiones de los ineptos.

Así pues, la salsa fue uno de los movimientos que se opuso a la guerra. Fue el periódico del latino. En sus páginas hubo espacio para informar, para confrontar y para proponer. No se dejó corromper por el poder del más fuerte. Por el contrario, se encargó de mostrar la dignidad que hizo fuerte al Caribe y que le permitió sobrevivir al tiburón que acechaba para devorarlo.

Portada: Salsa, la posesión rítmica, doce obras de Verónica Penagos

  Virus: Encuentro cercano de primer tipo

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Archivos