Literatura

La crónica, la música y la Pereira de Gustavo Colorado en La Chambrana

Por: Elbert Coes

La misma ciudad que fascina y repele, en cuyas paredes florecen los murales de Lucy Tejada y en la que doña Adela Agudelo aprendió a inventarse amores para hacerle pistola a la soledad.

En 2018 La Chambrana publicó en una de sus colecciones literarias siete crónicas de Gustavo Colorado Grisales llamadas Del amor que uno se inventa. En principio resulta extraña la portada del libro, que consiste en un dibujo extravagante de Sir John Tenniel para Alicia en el país de las maravillas de Lewis Carroll, publicada por primera vez en diciembre de 1865.

La imagen se relaciona con la última de las siete crónicas seleccionadas. Pero además de esta referencia literaria, aquel grotesco burro parado en sus pezuñas, coronado de plumas y con cola de pavorreal, parece también una especie de alegoría sobre aquello que está representado en los relatos, cuyas palabras dan testimonio de la vida pereirana a mediados de los Noventa.

Para ello Gustavo Colorado recurre al testimonio directo de sus protagonistas, y de este modo consigue dar veracidad a aquello que nos narra. Especialmente porque cuenta con la memoria de vendedores informales, amas de casa, gente del rebusque, gente que de una u otra forma a todos nos resulta familiar. Estos nos ponen al tanto de los cambios que ocurren en la ciudad tanto como lo hace su infraestructura, ya por voluptuosidad o porque así lo va exigiendo el ritmo del progreso.

Alicia dibujada por John Tenniel

Por otro lado, el cronista accede a un lenguaje propio de la época, porque en efecto así se expresaron sus testigos o porque los sustantivos (ya pasados de moda) lo exigían. Términos como Compac Disc, House Music, punkero, boy scout, son muy propios de la década. Esta manera de transferirnos aquella realidad —hoy bastante lejana— demuestra una maestría en el uso de la palabra y el respeto por la voz de los personajes; lo que un crítico podría traducir también como fe en la búsqueda y hallazgo de una identidad cultural.

No podríamos por supuesto evaluar esta colección de crónicas sin el más indispensable de sus elementos: el soundtrack. Algo a lo que nos tiene acostumbrados el autor de Besos como balas (2004) y de Rosas para rubias de neón (1997). La música en Gustavo Colorado quizá sea el tropo más característico de sus crónicas. Esta le da no solamente el tema y el ritmo sino también la ruta del lenguaje y un cierto roce con la dimensión mística de la cotidianidad que nos muestra.

A su paso, Del amor que uno se inventa nos toca canciones de Maná, Joaquín Sabina, Bob Marley, Carlos Vives, Jaime Jaramillo y hasta de Jerry Rivera. Todos estos artistas presentados por conducto de sus personajes o por puro capricho del escritor, componen, si se quiere, el álbum musical de fondo que en ocasiones el lector se irá tarareando.

Del amor que uno se inventa y otras crónicas de Gustavo Colorado – La Chambrana

El libro también nos habla de un cine clásico, mudo, olvidado, y refiere el amor del autor por la poesía. Esto quizá se deba a dos razones discutibles: porque Gustavo Colorado es un hombre apasionado por el arte —lo cual cabe en sus propias palabras: «Suscribo la tesis de que el rock es en realidad un género literario»—; pero también se debe a que —una razón de peso— Pereira, aunque todavía conserva en sus genes un carácter pueblerino, a la vez es una ciudad cosmopolita, permeada sutilmente por culturas de todo el mundo.

Del amor que uno se inventa es un texto grácil y ameno que nos da un recorrido por la memoria de una Pereira completamente distinta a la actual, una ciudad vencida por la que todavía muchos sienten nostalgia; y además aborda temas universales como lo son las grandes transformaciones, el duelo, la prostitución y la violencia, hasta unos tópicos más particulares ejemplificados en la rivalidad entre Pereira y Manizales, las urbanizaciones de la ciudadela Cuba o el humor y estoicismo de don Ovidio González.

La pluma de Gustavo Colorado en estas crónicas también nos presenta unos personajes de carne y hueso, vívidos, de hondas heridas en el alma que nos obligan a empatizar con ellos; unos hombres, mujeres y homosexuales con sus características físicas únicas, como la belleza rubia de Yolanda o el sutil bigote de Vicky. Sin embargo, lo más atractivo resulta de la psique de estos, puesto que inevitablemente están permeados por nuestra larga historia de violencia, por el deseo de superación y por lo que en algún momento el cronista describe como «esa curiosa capacidad que tienen los latinoamericanos para regocijarse en el propio dolor».

The Beatles
The Beatles

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Después de llevarnos con cautela, con un finísimo sentido del humor y una lúcida forma de hilvanar las palabras, después de contarnos relatos sobre los cambios en la ciudad, del glamour impostado en las noches de La Circunvalar, del asesinato de dos travestis, del final del «morbo» en el teatro Pereira, de un posible crimen pasional en Leningrado, de la lucha de los González contra este «puto» sistema, Colorado Grisales nos despide con música, en una suerte de homenaje a The Beatles y, por qué no, a Lewis Carroll, conjugando a Alicia y a John Lennon en un mismo relato; todos bajo el cielo de esta ciudad difícil pero hermosa, extraordinaria como la portada de esta Chambrana.

Por cierto, acá dejamos, en honor al maestro, la banda sonora de este artículo:

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