La cotidianidad del individuo: la postergación del erotismo

Ensayo sobre el la cotidianidad en el Eros como emanación de vida, y el Thanatos, símbolo de la autodestrucción

diambulos
Últimas entradas de diambulos (ver todo)

04/17/2020

La cotidianidad en el Eros como emanación de vida, y en el Thanatos, símbolo de autodestrucción

Por Miguelángel Cardona Hernandez

El individuo, en su incesante trasegar cargado de pesos con los que no quiere lidiar, se abandona, en cada oportunidad por mínima que esta sea, a la posibilidad y la absolutez de sus momentos de goce, sean estos eróticos o estéticos, pues solo así consigue efectuar el balance que muy seguramente necesite para soportar la existencia que lo arrastra, a favor o en contra de su voluntad. 

Me he propuesto establecer la contraposición que se genera entre la cotidianidad y el erotismo en el individuo; lo he hecho partiendo de dos poemas que nos ofrecerán lo necesario para llegar a buen puerto en la interpretación de estas reflexiones.  Uno de los poemas es del autor colombiano Gonzalo Arango, Tu ombligo, capital del mundo, y el otro del argentino Julio Cortázar, Los amantes. 

La relación que quiero resaltar en estos dos textos es, por un lado, la cotidianidad del individuo y cómo esta genera de manera inexorable una postergación del erotismo, y por otro lado, intentaremos abordar la vida y la muerte como la constante tensión en la existencia de ese individuo que se ve encasillado entre la cotidianidad y el erotismo que no son más que momentos puntuales. Igual que el estar y la ausencia, intentado abordar los conceptos de continuidad y discontinuidad del autor George Bataille. 

El sueño y su media hermana muerte, de John William Waterhouse

  La Muerte de Abraham

En la lectura de los dos poemas podemos encontrar diversos puntos de quiebre, desde los cuales el componente erótico claramente juega un papel de vital importancia. En Tu ombligo capital del mundo:

Al fin pienso en tu cuerpo abandonado
hace poco
Cansado por el triunfo del amor
Ya no estoy
Y sin embargo estoy en tu nostalgia
En el dolor de mis dientes en tu carne
Violada por mi apetito. 

En el fragmento anterior podremos encontrar varios puntos claves del componente erótico utilizado por el autor, por ejemplo, en la primera línea «al fin pienso en tu cuerpo abandonado» él es consciente de la distancia con el otro cuerpo, pero tenerlo de manera virtual, aunque sea para recordarlo, genera en él grandes ansias. Siempre en el recuerdo estarán construidas las bases del erotismo, un erotismo que fue y que será después. Por eso, su lugar en la memoria y el tiempo, son tan vitales, tanto en las obras literarias, como en la vida misma. 

La exaltación de la distancia en el texto marca de manera categórica la importancia de la imagen externa del individuo, que es la que tienen de nosotros. Es de esta manera que se construye el erotismo en la memoria; y poder acceder a él desde nuestros recuerdos confirma el hecho de que la construcción realizada alrededor de un encuentro o complicidad nos constituye como seres vivos, respondiendo a estímulos instintivos, y es en la generación de estos instintos —que surgen de manera espontánea y genuina—, donde podemos traer a colación al Eros, que según la mitología griega era considerado el dios responsable de la atracción sexual, concepto que fue tomado por Freud, junto al de Thanatos, dios de la muerte, para representar los instintos básicos del hombre. 

El Eros, caracterizado por buscar la preservación y la integridad, un instinto que incita a la unión, posibilita el sexo como fuente de placer y también de vida. El Thanatos representa los instintos de muerte o autodestrucción, busca un estado de desintegración. La destrucción es inherente al ser humano, esa destrucción nos posibilita un equilibrio.

Entonces al erotismo podemos situarlo en la categoría dirigida por el Eros, y el deseo que emana de nuestro ser crea una relación vital para el individuo. Ahora bien, entendido el deseo como un instinto genuino, ya sea de vida o de muerte, podemos decir que después de ser arrojados a la existencia, es inevitable tanto el Eros como el Thanatos. Pues solo existe un único requisito para que nazcan en nosotros esos instintos: estar vivos. De esta manera nos vemos sumergidos en una tensión constante en la vida, siguiendo los designios de cada uno de estos dos “polos”.  

Por eso buscamos la continuidad, en términos de Bataille, que significa esa posible unión que da paso al erotismo, permitiéndonos esa oportunidad de ser uno en el otro, ser continuos. Pero indefectiblemente, siempre estaremos en un péndulo constante entre la vida y la muerte, la continuidad y la discontinuidad. La muerte y el amor comparten lo inevitable e imprescindible en la vida de cada hombre, nos fascinan y nos aterran. 

Eros y psique

  Valdés Leal: el pintor de la muerte

El orgasmo y su pequeña muerte conjugan la plenitud sexual y el infinito misterio del no ser, momento en que somos todos los hombres y ninguno. La experiencia sexual a la que se accede a través del cuerpo nos eleva a la experiencia espiritual más próxima a la continuidad del hombre; paradoja entre la vida y la muerte a través del amor, porque cuando experimentas la más profunda excitación y te sientes más vivo que nunca, te desvaneces con la carne trémula en una experiencia de trascendencia casi espiritual. Muchos textos literarios relacionan la muerte y el amor como coexistentes, pero también como antípodas de la experiencia sexual que trasciende el corazón humano. 

Ahora bien, lo anterior mencionado corresponde —bien saben ustedes— al componente erótico de estas reflexiones y a la tensión allí presente de los instintos de vida y de muerte (para lo que usé los conceptos de Eros y Thanatos). Y lo he hecho porque es entre este eje (lo erótico), y el principal de esta (lo cotidiano), de donde podré partir a formular una suerte de interpretación. 

Para empezar intentaré aclarar el concepto de cotidianidad; entendemos por cotidiano esa serie de acciones que llevamos a cabo a diario, que inclusive las podríamos catalogar como rutinarias: comer, usar el transporte público para dirigirnos a nuestro trabajo, a la universidad o regresar a nuestro hogar, entre tantas otras cosas que realizamos diariamente.

Desde una mirada general, podemos decir que eso es lo cotidiano en nuestras vidas. Huserl, denomina «el mundo de la vida como el horizonte no explicitado, sino anónimamente vivido: él es esta corriente subjetiva de perspectivas, de apariencias por medio de las cuales vivimos la experiencia cotidiana» entendiendo entonces estos sucesos anónimamente vividos como lo aparentemente intrascendental que caracteriza a la cotidianidad.

Dicho lo anterior, entonces, viendo al erotismo no solo como un impulso inherente del ser humano, sino también como un momento concreto, y aquí con “momento concreto” nos referimos al tiempo en que se da lugar a la materialización de ese deseo generado por el erotismo, que bien puede ser en un encuentro cómplice con otro individuo, o un encuentro consigo mismo. Pero cuando menciono materialización, me refiero a un nivel superior del erotismo, puesto que también hay erotismo explícito en el recuerdo, que, para mayor claridad, denominaremos de nivel inferior. 

Ahora, para ejemplificar mi interpretación, propondré una línea de tiempo con espacio de un día, una semana o un mes. El momento erótico, al cual buscamos llegar para anular la discontinuidad del ser, lo vamos a situar en un punto específico, cualquiera que sea, no importa cual, puesto que, antes de ese momento y después, el individuo se encontrará con un abismo, entre su lugar en esa línea de tiempo y el lugar del momento buscado (momento erótico) situado en la misma línea. Ese abismo es la postergación que la cotidianidad acciona al erotismo.

Después de aclarados los puntos anteriormente expuestos, proseguiremos al análisis de los dos poemas, y por qué fueron seleccionados como referencia en este texto. Ambos fueron elegidos por su contenido erótico –claro está-, y por su confluencia no sólo con el erotismo sino también con la cotidianidad. Empezando con el poema de Gonzalo Arango que da inicio con estos versos: 

Salí de tu casa
Caminé a lo largo de la playa.

La mañana cautiva en alguna parte
Mas allá del mar
Se negaba a venir 

Dichoso por los cuatro costados
Me senté a tomar café
En la taberna de los asesinos.

Del anterior fragmento podríamos vislumbrar cómo lo cotidiano es el tema principal hasta ahora, y muy importante el anuncio de que el inicio de esas acciones son posteriores a la separación del cuerpo de la mujer: Salí de tu casa, aquí nos está confirmando el fin del momento de materialización erótica y nos está indicando que enseguida viene el abismo que nace de la cotidianidad marcada en los versos, donde solo hasta el onceavo, cuando nos cuenta que Al fin pienso tu cuerpo abandonado y nos confirma la brecha mencionada, y nos señala el erotismo inferior, impulsado por el recuerdo, luego dos versos más tarde nos dejará observar cómo anula la distancia y la postergación que ha surgido de la cotidianidad, y regresa hasta la puerta de ella a solicitarle entrar, y permitirse ser continuos nuevamente. 

Amor y muerte, arte contemporáneo

  El arte de pulir

La línea que dice Son las 5 a.m. en el coche del lechero es la plena confirmación de lo cotidiano que hay externo al erotismo, mientras están ellos dos habitando el paraíso, existe un mundo afuera que sigue común y corriente, del que por un momento se han salvado, pero al que inevitablemente, tendrán que regresar. 

Ahora abordaremos la cotidianidad que puede resultar un poco más clara en el poema de Julio Cortázar, Los amantes. Y veremos cómo aquí nos ayudará a confirmar la reflexión propuesta. Podremos ver de manera clara cómo la cotidianidad posterga o desplaza al erotismo. Cómo ambos se convierten en los dos extremos de un péndulo del cual no podremos ser ajenos: 

¿Quién los ve andar por la ciudad
si todos están ciegos?
Ellos se toman de la mano: algo habla
entre sus dedos, lenguas dulces
lamen la húmeda palma, corren por las falanges,
y arriba está la noche llena de ojos.

Son los amantes, su isla flota a la deriva
hacia muertes de césped, hacia puertos
que se abren entre sábanas.
Todo se desordena a través de ellos,
todo encuentra su cifra escamoteada;

pero ellos ni siquiera saben
que mientras ruedan en su amarga arena
hay una pausa en la obra de la nada,
el tigre es un jardín que juega.

Amanece en los carros de basura,
empiezan a salir los ciegos,
el ministerio abre sus puertas.
Los amantes rendidos se miran y se tocan
una vez más antes de oler el día.

Ya están vestidos, ya se van por la calle.
Y es sólo entonces
cuando están muertos, cuando están vestidos,
que la ciudad los recupera hipócrita
y les impone los deberes cotidianos.

Podemos ver cómo el autor nos propone una contraposición en el texto: juntos, los amantes consiguen esa continuidad y se entregan el uno al otro, están vivos, puesto que muertos están cuando se separan y se entregan cada uno a su respectiva e indeseada cotidianidad.

En el último párrafo encontramos el punto de reinicio, que confirma cómo deben seguir en el mismo péndulo de la cotidianidad pues se vuelve a reiniciar el proceso, otra vez a esperar ese momento, a buscarlo desesperadamente; otra vez la cotidianidad ejerciendo su autoritario poder de postergar ese momento íntimo en el que el individuo dejará de ser el mismo, para ser con —y en— el otro.

Adherirnos a esa cotidianidad, es aceptar la vida discontinua, para así poder vislumbrar la magnitud de la continuidad de la muerte, en esa dulce agonía que es esperar por algo que nos despierta los instintos de manera natural y genuina.

3 comentarios en “La cotidianidad del individuo: la postergación del erotismo

  1. Me gusta, lo felicito. esa es la vida siempre y para todos los seres que existen, no podemos por concientes que seamos los humanos, escapar nunca a lo erótico, a lo cotidiano, menos al devenir y desarrollo dialéctico de todo proceso

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Archivos