La calle es nuestra

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La calle es nuestra

– Jorman S. Lugo –

 

La calle siempre ha estado dura pero ahora es nuestra. En las esquinas estamos presentes, contando nuestra vida, pintándonos. Somos los hijos del arte y en cada paso que damos, transformamos. Nacimos en las entrañas urbanas, pateando balones y tarareando salsa. Crecimos en medio de farolas que guían los caminos que pintamos. Vamos y venimos, diciendo, mostrando, invitando a ser dueños de la calle. Nuestro pregón está en las paredes porque la ciudad es nuestro museo.

Así empezó todo. La querendona tiene su encanto en sus caminos y sus calles son el recuerdo de la figura femenina, que nos inspira, que nos dio el temperamento; por eso crecimos como mujer dispuesta a transformar la realidad. Pero con habitarla no alcanza. El tiempo es una ruleta que todo destruye en forma de olvido. Lo único que perdura es el arte, la expresión, el sentimiento. Nuestro lenguaje es la imagen. Así hacemos que la ciudad mude su piel y convierta lo inhabitable en atractivo; que los ojos curiosos se detengan y guarden un recuerdo en sus memorias. Para eso estamos aquí: para tocar fibras, para sensibilizar, para transmitir mensajes. El arte si no incómoda, si no dice algo, es solo artificio. Nosotros queremos ir más allá de la técnica.

 

 

Trabajamos con el entorno. No le apostamos a nada que no tenga la pretensión metamórfica de los espacios, tampoco nos aventuramos con procesos que solo buscan la exaltación personal. La trascendencia es memoria colectiva y la calle la habitamos todos. Con las comunidades trabajamos, con ellos planeamos. Primero nos acercamos a su realidad, nos dejamos tocar por sus historias, y luego en los muros, ellos verán el reflejo de lo que son. Es una suerte de enroque donde se pone en jaque al rey aséptico, donde los murales hacen de periódicos comunitarios, donde los ladrillos hablan por los marginados. Es, en otras palabras, tomar posición frente a problemas sociales.

Pero el fin no justifica los medios. Menos en cuestiones artísticas. El arte tiene tanto de forma como de fondo, es la conjunción de mensaje con estilo. Y la Querendona tiene los mejores. Todos los pasos que hemos dado nos han servido para avanzar. Sobre todo por la forma en que se ejecuta, por los resultados finales, por la satisfacción de las barriadas. Entendimos que crear es un juego alquímico que busca la perfección. Y no vamos a retroceder hasta rozarla.

 

  Nuestro Quijote

 

Recorriendo las calles nos dimos cuenta que la vida pasa afuera. Que el mundo se construyó en el exterior, que en las plazas se llegaron a consensos, se acordaron las leyes, las políticas. Afuera se definió el concepto de amar y es donde la sociedad se transforma. Por eso, ahora que al salir las luces de los carros van y vienen, en un eterno baile apresurado; que las personas viven angustiadas por el paso del tiempo que siempre las alcanza, El Festival Querendona, hace que los transeúntes detengan sus relojes y piensen, que se vean reflejados en los muros y se apoderen del lugar que los acogió, que habitan, que los cuenta y que sin saber, les pertenece.

 

Escríbanos a diambulosli@gmail.com

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