Kafka: Amor, sexo y matrimonio

Tomados del libro «Aforismos, visiones y sueños», publicado por el Club Diógenes, traemos cinco aforismos de Franz Kafka, sobre el amor y las relaciones de pareja

Franz Kafka
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La vida sentimental de Kafka fue extraordinariamente compleja. Su relación con las mujeres, como atestigua su correspondencia, se veía influida por múltiples factores perturbadores. Si en su visión del sexo se mezclaba el sentimiento de culpa con temores psicológicos de índole variada, en su idea del matrimonio colisionaba el afán de independizarse de su familia con un estado conyugal que suponía, según su modo de considerar la institución, un sometimiento a reglas que coartaban su libertad creativa.

Nota Editorial Club Diógenes



El miedo ante la unión, ante el fluir hacia la otra parte. Entonces ya no estoy nunca más solo

Kafka, Diarios

1. Ella buscaba algo y él buscaba algo, furiosos, esbozando muecas; buscaban introduciendo sus cabezas en el pecho del otro, y sus abrazos y sus cuerpos entrelazados con violencia no les hacían olvidar, sino que les recordaban el deber de buscar. Como los perros escarban desesperados en el suelo, así escarbaban en sus cuerpos; lamían el rostro del otro desamparados, decepcionados, para rebañar todavía algo de felicidad. (El Castillo)

2. En las primeras horas del nuevo año no podría tener otro deseo más grande ni más loco que estar indisolublemente unido contigo por las muñecas, la de tu mano izquierda y la de mi derecha. No sé a ciencia cierta por qué se me ha ocurrido semejante idea… probablemente porque una vez fue conducida una pareja al cadalso unida de ese modo. (A Felice Bauer)

Franz Kafka y Felice Bauer

3. El matrimonio es, con seguridad, la caución por la más enérgica autoliberación e independencia. Tendría una familia, lo máximo que, en mi opinión, se puede alcanzar, lo máximo, pues, que tú has alcanzado. Sería de tu misma condición, toda la vieja y eternamente nueva vergüenza y tiranía serían sólo historia. (Carta al padre)



4. 12 de febrero. La figura reservada con la que siempre me encontraba no era la que dice: «no te amo», sino la que dice: «no me puedes amar por más que quieras hacerlo; tú amas, infeliz, al amor que sientes por mí, pero el amor que sientes por mí no te ama a ti». Por consiguiente resulta inexacto decir que he experimentado la palabra «te amo», sólo he experimentado la serenidad paciente que habría debido ser interrumpida por mi «te quiero»; sólo eso he experimentado, si no nada. (Diarios)

Aforismos, visiones y sueños (Edit. Club Diógenes)

5. Amé a una mujer que también me amaba, pero la tuve que abandonar.

¿Por qué?

No lo sé. Era como si estuviera rodeada de un grupo armado, cuyas lanzas apuntaban hacia afuera. Cuando me acerqué entré en su radio de acción, fui herido y tuve que retroceder. He sufrido mucho.

¿La mujer no tenía culpa de nada?

No lo creo, o mejor dicho, lo sé. La comparación anterior no era completa. Yo también estaba rodeado por un círculo de gente armada, cuyas lanzas apuntaban hacia el interior, es decir hacia mí. Cuando intentaba ir hacia la mujer topaba primero con las lanzas de mi gente armada y no podía avanzar. Quizá nunca he llegado hasta el círculo armado de la mujer y si hubiera llegado lo habría hecho ya sangrando y sin conocimiento.

¿Se ha quedado sola la mujer?

No, otro ha podido penetrar hasta ella, fácilmente y sin impedimentos. Yo he mirado, agotado por todos mis esfuerzos, con indiferencia, como si fuese el aire a través del que sus rostros se rozaron en el primer beso. (Fragmentos póstumos)

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