Fuego

Durante esta semana presentaremos este especial de escritura joven. Día a día se estarán publicando textos de jóvenes de la ciudad que les darán a probar un poco de sus letras.

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10/21/2020
Por: Karen Giraldo
Jovencitos rebeldes

Amanda

Querida Amanda:

Siempre al desayuno te sirvo la parva más vieja que encuentro, no la que traen a las 6 de la mañana, no, de esa tanda siempre me guardo 3 buñuelos y 2 pan queso, también me encaleto una arepa y un croasán porque a Kelly le gusta comer siempre eso al desayuno. Y como te enteres que a ella sí le hago lo que quiere, me cobras el almuerzo del día y yo ni de chiste voy a pagar lo mismo que los comensales. Kelly me cae mucho mejor, ella siempre nos da consejos a María y a mí sobre cuidado del cabello o nos cuenta sobre su vida, eso me gusta de ella, también me gusta que me deje salir más temprano para irme de compras con María.

Amanda, espero que las cámaras de seguridad del tercer piso del hotel nunca me hayan visto esconderme de ti en una de las habitaciones donde Gloria hace el aseo todos los sábados, porque como te des cuenta de eso, me pones a trabajar un turno más, y para ajustar, de gratis.

Usted, Amanda, me inspira a no querer levantarme a las 5 de la mañana para ir a trabajar… Y no es que yo sea una mala trabajadora, porque cuando me lo propongo, le dejo el restaurante reluciente, es más, cuando me lo propongo, les digo a las camareras que dejemos el chisme para otra ocasión y hago todo lo que debo. Eso casi siempre pasa los jueves, cuando usted no está.

Si yo pudiera acusarla de ser tan ordinaria, lo haría, diría que usted les da a los clientes comida de la más ordinaria y que las propinas las reparte también para usted, cuando usted lo único que hace es sentarse durante el almuerzo, detrás de la barra a comerse los postres de los clientes.

Amanda, querida Amanda, espero que un día te descubran, quizá entonces ese día yo le entregue esta carta solo con la intención de hacerla caer en cuenta que usted no sirve para ser jefe, pero nunca con ánimo de ofender.

Mientras tanto yo voy a subir a trabajar a la cocina, porque donde usted llegue y vea que me robé una hoja de la impresora para hacer una carta, me pone a pagar con mis propinas el almuerzo de todos mis compañeros.

Noche eterna

Mi cuerpo se estremece, siento tu respiración en mi abdomen y la mía se hace más forzosa, comienzas a jugar con el ritmo de la canción de fondo y sin piedad agarras mi cuerpo contra el tuyo, ahora puedo sentir tu pálpito que se acelera cada vez que retumban las palabras sucias en la habitación. Ya estoy demasiado húmeda y tu demasiado inquieto, juegas con tus dedos y yo estoy tan ocupada siendo tuya que solo puedo soltar gritos que se comen al silencio.

Haces un recorrido con tu lengua y mis manos comienzan a sostenerse de las sabanas vírgenes, la canción cambia y ahora el ritmo es más fuerte, nuestras respiraciones se convierten en una, y sin piedad penetras cada espacio de mi ser, estamos en este baile y tu boca se come la mía, te siento, me sientes.

Mi piel blanca tiene tus manos marcadas en señal de victoria, dejas que tu ser me consuma y mis gemidos comienzan a salir sin permiso. Cada figura tiene una sensación diferente, nos gusta sentirnos vivos y hacerlo sin compasión.

Estoy tan estremecida que justo llega el momento del éxtasis, llegamos al clímax cortando con un grito. Un grito diferente, uno que es más silencioso, como si muriera momentáneamente. Nuestras miradas se fijan y nuestros rostros dibujan una sonrisa sincera.

Fuego

Escucha el gemido de mi corazón, cariño, me estoy quemando.

Ven, ven pronto antes que el incendio me consuma.

El polvo, el que no nos dimos, y probablemente en el que me convertiré después de que mi cuerpo arda. ¿Acaso no me escuchas? Esta es mi muerte, el fusilamiento de mis luchas internas, esto son las voces en mi cabeza siendo proclamadas.

No lo entiendo, hace un año tenía paz ¿qué me ha pasado? Claro, tuve que conocerte y dejar que cortaras mis alas. Imbécil, si querías volar lo hubiéramos hecho juntos, pero no tenías que arrebatarlas.

Aunque no me sorprende, tú, mi fuego, nunca pediste permiso para arder y consumirme.

Ahora mírame, nadie escucha mi voz chillona pidiendo auxilio, y todo por no escuchar a mamá cuando decía que terminarías matándome. Y créeme duele más esta muerte de emociones, por favor ven y masácrame, ahorraríamos el drama y probablemente acabaría el sufrimiento.

  Angusola y los cuchillos

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