Reseña

Fenomenología de la ensoñación, a propósito de Bachelard

Por: Nathaly G.

En su libro La poética de la ensoñación, Gaston Bachelard investiga la imagen poética a través de la fenomenología y todo lo que esta conlleva, pero dicha investigación se realiza solo por medio del lenguaje poético. Lo que conlleva también a estudiar la ensoñación poética que permite al soñador abrirse al mundo y hacerse parte de otros mundos nuevos.

Gaston Bachelard fue un filósofo, poeta, físico y crítico literario francés, quien en sus últimos años de vida se maravilló por el estado de ensueño y realizó una búsqueda más poética que se evidencia en libros como La poética del espacio y el que aquí nos compete, La poética de la ensoñación.

El capítulo de «Las ensoñaciones que tienden a la infancia» apunta a que en dicha infancia existe también una soledad, pero no una soledad como la que se interpreta socialmente mala, sino una que permitía la ensoñación primitiva. Bachelard dice que en estas ensoñaciones primitivas no éramos uno solo, no estábamos sujetos a la unidad de un nombre, sino que esta nos liberaba de ese nombre y nos permitía expandirnos.

Gaston Bachelard (1884 – 1962)

El problema se presenta cuando intentamos unificar en la historia de nuestro nombre todas las ensoñaciones que fuimos o que vivimos. Esta infancia permanece en nuestros recuerdos por las historias que nos cuentan los demás. Entonces estos recuerdos no son los nuestros sino los de otros. Según el autor, solo podemos acceder a la realidad de nuestros recuerdos a través de la ensoñación; «El recuerdo puro solo puede encontrarse en el ensueño» (Ibidem).

Gracias a la ensoñación, nuestros recuerdos dejan de tener un tiempo para convertirse en un instante máximo de imágenes. Para el autor, estas imágenes son puras, pues en la infancia es cuando nos dejamos asombrar con frecuencia y cuando los colores del mundo son más reales para nosotros. Es la primera vez de todo. El mundo de la infancia se construye por nuestras propias fábulas, distintas a las de los cuentos infantiles que escriben los adultos. Estas contienen un lenguaje especial que permite maravillarse, encantarse. Es por eso que para escribirlas hay que, como el autor lo dice, «volverse en cuerpo y alma un ser admirativo, reemplazar ante el mundo percepción por admiración».

Luego, Bachelard habla del existencialismo poético, el cual se encarga de mantener en nuestra memoria los recuerdos queridos. Su responsabilidad es hacerlo a través de la ensoñación, invitándonos a ensoñar nuestros recuerdos y de alguna manera a reconstruirlos, re-imaginarlos. Es así como estos se convierten en la casa de una ensoñación inagotable, pura. El autor refiere los arquetipos de la infancia y cómo la poesía solo es posible a través de la cosmicidad, que será la forma en la que el poeta nos conecta con su lenguaje. Pues todos poseemos esa cosmicidad desde la infancia.

La poética de la ensoñación, Ed. Fondo de Cultura Económica

En el capítulo cuarto del libro, llamado «El cogito del soñador», se habla del sueño nocturno y de cómo cuando soñamos no somos realmente nosotros, nos desarraigamos de nuestro ser, no tenemos conciencia en el sueño nocturno. Esta es la diferencia fundamental que tiene el sueño nocturno de la ensoñación. En la ensoñación tenemos conciencia, seguimos siendo nosotros los que viajamos a través del onirismo.

De esta manera, al tener conciencia en el ensueño, también existe en él un cogito, el «cogito del ensueño», cuya esencia es soñar el mundo. A través de este capítulo el cogito se engrandece y a través del lenguaje poético, el escritor nos invita constantemente, por medio de su lenguaje, a sumergirnos en sus ensoñaciones que serán también las nuestras. El autor lo ejemplifica en algunos versos de Don Bosco. Lo más importante es soñar. La expresión que mejor ilustra las ideas recopiladas en este capítulo es: «El cogito difuso del soñador de ensoñación recibe de los objetos de su ensoñación una tranquila confirmación de su existencia».

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