El corazón de la orca pesa cien kilos

Este ensayo rastrea el contexto histórico de la vida de Wislawa Szymborska, acompañado de pinturas relativas al Realismo socialista

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Este ensayo rastrea el contexto histórico de una de las poetas más importantes de la literatura contemporánea

06/19/2020
Por Juan Sebastián Sánchez
Ensayo

Wislawa Szymborska nació en Kórnik, un pueblo al oeste de Polonia y vivió desde los ocho años en Cracovia. El contexto histórico de Szymborska fue difícil; Polonia fue y sigue siendo un país donde el concepto de identidad es confuso; esto obedece al proceso socio-político sufrida en el territorio polaco. En 1772 se hizo una distribución de Polonia entre Rusia, Prusia y Austria. Entre 1815 a 1915 fue un periodo de constante lucha contra el gobierno zarista de Rusia. En 1915 ocurre la ocupación alemana y austrohúngara y en 1939, la invasión de la Alemania de Hitler.

Estas condiciones de cambios abruptos hicieron de Polonia una nación sin una ideología que permitiera tener identidad. Wislawa fue la depositaria de esta sensación de no saber con qué palabra nombrar lo que ha sido arrebatado. Esa sensación histórica de no tener grito auténtico y carecer de un idioma en el cual reconocerse; Polonia fue obligada a pensar en alemán y a hablar en ruso.

Los primero escritos de Szymborska estuvieron cercanos al movimiento Realismo socialista que pretendía retratar la «realidad» en que se desarrollaba el régimen socialista en la vida de los ciudadanos y cómo este traía «bienestar» a los habitantes de Polonia. Esta etapa del Realismo socialista en la poeta fue corta, afortunadamente. En Polonia hubo un constreñimiento de pensamiento y en contraparte surge una generación de poetas fieles a la libertad del ser a través del lenguaje poético rechazando toda idea de pensamiento dogmático. En 1932 se hizo un llamado a los intelectuales y artistas polacos a enrolar lo que el régimen consideraba arte y literatura:

Pintura de Realismo socialista

El realismo socialista, método básico de la literatura y de la crítica literaria soviéticas, exige del artista una representación veraz, históricamente concreta de la realidad en su desarrollo revolucionario. Además, la verdad y la integridad histórica de la representación artística deben combinarse con la tarea de transformar ideológicamente y educar al hombre que trabaja dentro del espíritu del socialismo (Slonim 1974 198) (Ruiz, 2011, pág. 19)

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La literatura o arte que no siguiera la estética del régimen era considerada, de forma descarada como una literatura pedagógica o de divertimento. Esta valoración hizo que Wislawa Szymborska y otros poetas ajenos a la «verdad histórica» del régimen tuvieran que soportar el ensombrecimiento de sus obras, y se vieron obligados a comercializarlas en forma clandestina. Este panorama de homogeneización de la literatura hizo que la poética de Szymborska tuviera esa esencia de la simplicidad para nombrar los objetos, los sentimientos humanos y animales, la vida y la muerte: la existencia.

Entre la crítica y algunos lectores circula la falsa idea de pensar que lo poético es  lo que irrumpe como una ruptura con el lenguaje, lo ininteligible y polisémico. Szymborska es lejana a tener un lenguaje complejo, sino que su poesía es diáfana y ceñida a las normas de la escritura; la urgencia de la poeta polaca no es experimentación con las posibilidades del lenguaje, sino una recuperación de territorio, de identidad y de lenguaje perdidos por lo absurdo de las guerras o ideologías humanas.

Pintura del Realismo socialista

Podemos decir que la poesía de Wislawa Szymborska, es de tendencia filosófica, aunque decir esto no da claridad o no dice demasiado sobre su obra, pero permite develar un estilo interrogador más que impositivo o salomónico como por ejemplo el estilo del poeta alejandrino Constantino Kavafis. Este constante preguntarse es parte del oficio de la poeta para aprehender de los objetos y de las personas esa esencia que no podemos percibir y que solo a través de la lente del lenguaje poético es visible:

La inspiración no es un privilegio exclusivo de los poetas o de los artistas en general. Hay, ha habido y seguirá habiendo cierto grupo de personas a las que toca la inspiración. Son todos aquellos que conscientemente eligen su trabajo y lo realizan con amor e imaginación. Se encuentra médicos así, y pedagogos, y jardineros, y otros en cien profesiones más. Su trabajo puede ser una aventura sin fin siempre y cuando sean capaces de percibir nuevos desafíos. A pesar de dificultades y fracasos, su curiosidad no se enfría. De cada duda resuelta sale volando un enjambre de nuevas preguntas. La inspiración, sea lo que sea, nace de un constante «no sé». (Szymborska, 1996, pág. 50)

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Para Szymborska la inspiración está en la simplicidad que habita el mundo cotidiano, y en las personas que viven de forma cotidiana: no solo la inspiración es otorgada a poetas, artistas, sino también al campesino, al jardinero o al hombre en situación de calle; cada uno lleva dentro el don de inspiración. En sus poemas se ve reflejado este pensamiento de descubrir a través de un lenguaje simple la hendidura por donde asoman las preguntas esenciales. ¿Quién? ¿Cómo? ¿Dónde? ¿Por qué?

Decir entonces que estamos ante una poesía filosófica es motivo de sospecha porque aunque la filosofía nace de los interrogantes, estos están acompañados de un argumento y una verificación. Wislawa recurre a las preguntas sobre «las causas primeras» pero no con la intención de dar una certeza, sino que desde la simplicidad busca insinuar lo que habita detrás de la reflexión y el asombro.

En la obra poética de Szymborska no hay giros o experimentación en la forma, lo que sugiere que los lectores de la poeta llegan a ella por el contenido de su poesía. El mensaje es más importante que la forma que lo contiene.

Pintura de Realismo socialista

La obra poética de Wislawa Szymborska se compone de varios libros, pero el estilo despojado de todo lenguaje hermético inicia con  Llamando al Yeti, donde se presiente una poeta cercana a la ironía. En el poema Noche existe el ya conocido recurso literario de la poeta de iniciar preguntándose o preguntándole al Otro: humano, dios o personaje de la mitología, las cuestiones esenciales en las cuales el lector es un personaje activo quien en ocasiones responde las preguntas formuladas por la poeta. Szymborska desde un juego interrogatorio es capaz de establecer intimidad con nosotros.

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¿Pues qué habrá hecho Isaac?,
dígame, padre catequista.
¿quizá rompió con su pelota el vidrio del vecino?
¿quizá rasgó sus pantalones nuevos
al cruzar la cerca?
¿tal vez robaba lápices?
¿soplaba en los exámenes?

Luego el poema bajo una atmósfera imperativa desarrolla el miedo de una niña que presiente a Jehová como ese ente que coacciona a su padre para que realice en ella lo mismo que otrora hiciera Abraham con Isaac. No es raro que Szymborska recurra como tema literario a los mitos bíblicos para convertirlos en un instrumento de crítica y sarcasmo hacia algo establecido; en el caso del poema anterior ataca la idea de un dios apacible y bondadoso revistiéndolo de una connotación de dios que clama sangre de la criatura inocente que teme a su creador.

Es su ironía lo que permite soportar una realidad cercana al desastre, donde existe la angustia de un país destruido por la segunda guerra mundial y de unos artistas y unos intelectuales que son perseguidos por un régimen totalitario. En este contexto el humor de Szymborska es una forma de instaurar una patria a través del lenguaje. Su poesía es el sitio donde pervive la libertad que fue robada durante años en Polonia.

Aunque su lenguaje es austero no pierde la profundidad necesaria en la poesía. Un poema de Szymborska puede parecernos diáfano, pero su misma transparencia es un enigma que invita a quedarse.

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