Dahama y Moussa

  Tras publicar los cuentos de Izanagi e

 

Tras publicar los cuentos de Izanagi e Izanami y Safo, cerramos el ciclo de Mitología erótica con este par de relatos árabes. A su vez cabe mencionar que estos, como las imágenes presentadas, están relacionados a El Jardín Perfumado, escrito más o menos en el siglo XV por Muhammad ibn Muhammad al-Nefzawi. El libro, tan importante como Las Mil y Una noches, contiene tópicos relacionados al atractivo de hombres y mujeres frente al acto sexual.

 

La Danza de Anitra en el jardín perfumado

 

Dahama y Moussa

– Mito erótico árabe –

 

Dahama

 

Se cuenta que Dahama ben Mesejel se había quejado al gobernador de la provincia de Yamama de que su marido, El Ajaje, era impotente, que no vivía con ella y que ni siquiera se le acercaba. El pueblo de Yamama reprochaba a su padre que defendiera esta causa y le preguntaba si no le avergonzaba exigir el coito para su hija.

—Quiero que tenga hijos —se defendía él—. Si los pierde, Dios le pedirá cuentas; si sobreviven, resultarán útiles.

Dahama presentó su caso ante el emir con estas palabras:

—Éste es mi marido. Hasta el momento no me ha tocado.

—Quizá no muestres buena predisposición —objetó el emir.

—Al contrario. Con mucho gusto me acuesto y abro las piernas.

—¡No, Emir! ¡Miente! Si quiero poseerla, antes tengo que emprender una dura batalla —exclamó el marido.

—Te daré un año para que puedas demostrar la falsedad del alegato —le concedió el emir. Mas obró así movido por la simpatía hacia el hombre.

El Ajaje se retiró.

En cuanto llegó a casa, tomó a su mujer en brazos y empezó a acariciarla y a besarla en la boca, pero hasta ahí llegaban sus denuedos, pues era incapaz de probar su virilidad. Dahama le dijo:

—Deja ya las caricias y los abrazos. No bastan para el amor. Lo que yo necesito es un miembro fuerte y duro cuyo esperma me inunde el útero.

Desesperado, aquella misma noche El Ajaje la repudió y la devolvió a su familia.

Sabed pues, que cuando se trata de satisfacer a una mujer, los besos sin coito no bastan. El pene es su única fuente de placer y entrega su amor al hombre que sabe darle buen uso, sin importar cuan desagradable y deforme sea su poseedor.

 

  Un himno a la gloria de Ra
Scheherazade

 

Moussa

 

Se cuenta que Moussa ben Mesab fue un día a casa de una señora que tenía una esclava, una hermosa cantante, para ver si podía comprársela. La señora resultó ser de gran belleza y muy rica. Al entrar en la casa, Moussa se percató de la presencia de un hombre todavía joven pero muy deforme, que daba órdenes. Le preguntó a la señora quién era aquel hombre y ésta respondió:

—Es mi marido y con gusto daría la vida por él.

—¡Estás sometida a la cruel esclavitud y me das lástima, pero somos hijos de Dios y a Él volveremos! Sin embargo, ¡qué desgracia que una mujer de tanta belleza y tan buena planta pertenezca a ese hombre!

—Mira, hijo, si te hiciera a ti por detrás lo que a mí me hace por delante, venderías todos tus bienes y hasta tu patrimonio. Entonces lo creerías atractivo y su fealdad se transformaría en perfección.

—¡Que Dios te lo conserve! —exclamó Moussa.

 

diambulosli@gmail.com

 

Elbert Coes
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