Ensayo

Croniquilla de lectura: Ítaca o la necesidad del viaje

Por: Juan Sebastián Sánchez

Y viejo seas cuando a ella llegues, / rico con lo que has ganado en el camino / sin esperar que Ítaca te recompense

Quiero iniciar con una advertencia: no pretendo escribir un ensayo o una reseña crítica sobre el poema Ítaca de Constantino Cavafis, estoy simplemente escribiendo a posteriori mi percepción sobre el poema, este ejercicio es como si me estuviera tomando un café con usted, señor lector, y además lo someta a escuchar mis necedades.

Hace cinco o seis años un amigo me preguntó sobre los poemas que más recordaba. Me quedé pensativo casi una semana, y luego, mientras compartíamos un café, dije tres nombres: «A mi corazón el domingo», de Wislawa Szymborska; «Helena», de Giorgos Seferis, e «Ítaca», de Costantino Cavafis. Como el lector pondrá en evidencia mi elección es eurocéntrica, pero no por ello menos local ya que en esta selección encuentro sentires, emociones, miedos, que puede experimentar una persona en Sudamérica y otra persona en Asia.

¿Por qué llegué a estos tres poemas? Es la pregunta a la que después de cinco años trataré de responder. Quiero centrarme en el poema «Ítaca». Primero quiero hablar del autor del poema. Constantino Cavafis nace en Alejandría en 1836 y muere en la misma ciudad en 1933. Pasa siete años de su vida en Inglaterra, donde bebe de Shakespeare, Browing y Wilde influencias de las cuales es posible encontrar resonancias en su obra.

Uno de los comportamientos que conmueve del escritor alejandrino es el recelo con que protegió y difundió sus poemas entre la sociedad griega. Cuando Cavafis quiso mostrar algunos de sus textos escogió a sus lectores, lo cual no era acto de prepotencia, sino como, él mismo decía, de independencia intelectual. Un escritor con pocos ejemplares vendidos gana independencia para su trabajo creador, ya que no tendrá que tergiversar el estilo propio por el error de satisfacer al lector y asegurar ventas. —Yo, Juan Sebastián, me jacto de ser un poeta de ventas reducidas, pero de muchos lectores; pobres de ellos.

Constantino Kavafis (1863 – 1933)

Esta actitud mesurada, discreta y selectiva hizo que Cavafis no publicara en vida y en consecuencia obtuvo la gloria póstuma, virtud y desgracia de muchos artistas y mortales también, lo que conlleva a reflexionar sobre la actitud que tienen los poetas de nuestro tiempo. ¿Son las redes sociales una forma de empeñar esa independencia intelectual? ¿Existe una poética independiente en nuestro tiempo? ¿La poesía light pervivirá la criba del tiempo?

Ahora hablaré de cuando leí el poema «Ítaca» de Cavafis. Cuando partas hacia Ítaca / pide que tu camino sea largo / y rico en aventuras y conocimientos. Es importante reflexionar sobre el inicio de un escrito porque esto nos va a marcar cada palabra que desemboca en el final del poema, determinará en muchos casos la idea del poema.

En las líneas anteriores evidentemente se está hablando de un viaje o de un abandono de un territorio para llegar a otro. El poema inicia con el imperativo sapiencial que visto desde el materialismo filosófico es algo para demeritar. Sin embargo, desconocer la importancia y el impacto social de un poema basándose solo en las leyes interpretativas del materialismo filosófico es opinar desde un color de la gama del espectro de colores.

El poema de Cavafis tiene el imperativo sapiencial, pero no por ello se convierte en un poema vacío. La crítica debe asumir una postura basada en argumentos sólidos, tangibles. También es cierto que el crítico tiene una mirada subjetiva; esta condición parece formar parte de la crítica y por fortuna cuando se establecen cánones no existe solo uno.

Viaje a Ítaca

Si nos detenemos en las primeras tres líneas podemos intuir que detrás del vocablo partir habita otro verbo: el desprendimiento. El viajante se desprende de su patria, y desprovisto de su tierra encuentra en el trayecto obstáculos, triunfos y fracasos que, pedazo a pedazo, van construyendo un nuevo territorio; podemos hablar de un territorio que puede ser metafórico. Esta necesidad de salir, de partir, fue lo que impulsó a los fenicios a ser una de las primeras comunidades en implementar la navegación en el mundo. Es acá donde me pregunto qué se pierde y qué se gana en la partida y en la llegada, y también, qué se pierde qué se gana al escribir un libro, un diario o simplemente una croniquilla.

En la segunda estrofa dice: Y viejo seas cuando a ella llegues, / rico con lo que has ganado en el camino / sin esperar que Ítaca te recompense. Estas tres líneas son en esencia el poema y la vida. Si pretendemos que Ítaca sea la muerte, como cumplimiento de la fatalidad, entonces Cavafis plantea un problema en esas inocentes líneas, ya que para los cristianos de bien y los bautizados solo al final de la vida existe la certeza de la aprobación o negación de la recompensa: el paraíso (recordemos que el bautismo es uno de los sacramentos fundamentas para merecer entrar al cielo).

La última línea parece un sablazo para los perezosos que esperan recompensas sin hacer nada; aunque en el poema se hable de disfrutar el viaje, algo totalmente idealista. —En esta parte estoy en desacuerdo con los idealistas y hedonistas que pretenden que todo acto sea un continuo disfrute sin ningún esfuerzo—. Cuando leemos Ilíada u Odisea descubrimos la importancia de esfuerzo como ente transformador del Ser y de la sociedad. El poema es quizás un dialogo con el mítico Odiseo, o con nosotros, los lectores que conforme avanza el tiempo comprendemos que el destino será desolado y no esperaremos nada salvo el olvido.

One thought on “Croniquilla de lectura: Ítaca o la necesidad del viaje

  1. Totalmene del acuerdo con las palabra de Juan Sebastián sobre el poema ÍTACA de Kavafis. el tema de los viajes es de infinita gama poetico: partir, llegar, quedarse, no partir, volver, encontrar, desencontrar, los temores, la aventura, conocer….; somos en los viajes niños que vuelven a ser niños, es decir, doblemente niños para el asombro. a mi este poema me sugiere todo un universo y sentidos polisémicos, es todo un poema para llevar con un escapulario por el mundo, aún así si solo nos quedamos en casa.

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