Camilo o la naturaleza del viento

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Camilo o la naturaleza del viento

– Diego Firmiano –

 

Lo primero que se impone cuando leo y releo La Escritura y el viento, libro ganador del premio Convocatoria Municipal Estímulos 2018 en Pereira, es el tono de Camilo Alzate González como ensayista, el sello de un escritor versado en su arte que este año se presenta con una curiosidad literaria.

Sin embargo, ¿quién puede negar la difícil tarea de separar en este caso al cronista del ensayista? Porque quien conoce al autor sabe que antes de la palabra fue la nada, y antes del ensayo primero fue la crónica, la no ficción deportiva, de guerra, de paz, de activismo ecológico, de personajes, lugares y remembranzas, es decir, retratos dramáticos del hombre en su contexto.

Pero pausemos este asunto un instante, ya que debido esta vocación o quehacer literario es que un escritor no es un hombre como los otros, sino un ser de rara dualidad. Y Camilo cabe en la definición porque es un cronista y también un ensayista; un ciclista y a la vez un narrador con lapicero, libreta, grabadora y aguardiente; un caminante por la plaza de Bolívar, al igual que un viajante por la ruta de Humboldt en el Quindío.

 

 

Así que cuando se leen estos ensayos melancólicos y se piensa sobre un género que nadie conocía en él, y que, para más, se ha ganado un premio local, no queda sino preguntar por otras intervenciones suyas de este tipo en la Internet. Y la respuesta se aviene a medias. Porque si bien es cierto (Camilo había escrito -y escribe- en portales como Prodavinci, FronteraD, Literariedad, La Cola de Rata y otros), sus aportes en esas plataformas se han reducido a esbozos, opiniones, participaciones polémicas, y observaciones generales sobre temáticas e ideas. Nada más.

De ahí entonces que este compilado de ensayos, publicados por la Colección Escritores Pereiranos, sean tentadores, sugerentes, cuyo tiempo invertido en su lectura será provechoso, y que finalmente serán los lectores de su obra digital o física los que determinen si este autor es mejor, gusta más, o es más versado, en la crónica que en el ensayo o viceversa, porque allí es donde hay que buscar las respuestas a este doble estilo, labrado, por supuesto, con juicio y al calor de las reflexiones personales.

Y con esto no se pretende boxear con La Escritura y el viento (2018), pues es criba de lecturas generales (y de autores universales), ni descifrar la composición que guarda su sintaxis, (hecho propio de un crítico), sino que se resalta la voz auténtica usada en este trabajo: la del ensayista, donde se presiente la cortesía del recato, la intensidad y la brevedad, y la rareza de una palabra como la suya, donde no hay coma que no se justifique en el ejercicio de su copiosa escritura.

 

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Después de leer esta obra solo se puede determinar que lo nuevo no es la temática abordada, lo nuevo es Camilo Alzate como ensayista. Los trece ensayos, que, a decir del subtítulo del libro, son tanteos, errores, en realidad al leerlas, uno se da cuenta que son reseñas, críticas, elucubraciones que calan (y van a calar) en el público culto y lector de Pereira, como ya lo está haciendo en la comunidad lectora de Bogotá.

Sin embargo, no hay que hablar de novedad; no, en literatura nada más absurdo que eso. Es mejor referirnos a estos “tanteos” como revisiones críticas de autores de la talla de Eduardo Galeano, Paul Auster, Francisco Quevedo, Emile Zola, Gabriel García Márquez, José Eustasio Rivera; y narraciones sobre asuntos menudos como los frailejones, el ciclismo, el hecho poético, y la salsa, esa música antillana, y caribeña que tuvo su arraigo en los antros de New York y en las confinadas esquinas de los barrios latinoamericanos. Escritos, a decir del autor, que no tienen unidad, sino que son un reflejo simétrico del dolor y de la vida, o eso de que “hemos vivido porque hemos sufrido”.

Finalmente, siendo razonables, el eco de esta obra pone sobre la mesa la pregunta por la ensayística en Risaralda. ¿Tenemos un género cultivado o solamente escritos académicos donde se abusa de las frases? ¿textos amateurs? ¿pastiches? Y otros interrogantes que nos llevan a pensar en una anomalía americanista o europeista en materia de ensayo, preferida por autores locales (y me arropo con la misma cobija). Por supuesto, esta observación no es trascendente; el artista es libre en su elección y cultivo intelectual, pero sí se plantea la duda capital del ensayo regional como una debilidad de nuestro contexto.

 

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En el departamento hay referentes en el género ensayístico con trabajos textuales de Zahur Klemath, Eduardo López Jaramillo, Juan de Dios Puerta, Cecilia Caicedo, Héctor Ocampo, Mauricio Ramírez, William Marín, Zulima Montoya, Rosario Suárez de Trejos, entre otros.  Por ello, Camilo Alzate, al igual que Montaigne, seguramente no aspira a convertirse en viento. Ya es viento, y es escritura. Es un cronista y ahora un ensayista. Un hombre de rara dualidad que puede figurar como un ensayista local, si adrede está en su visión producir más contenido textual que deleite al lector. Enhorabuena por su libro, que en realidad no es el primero como reza la contraportada. Salud.

 

Todas las imágenes pertenecen al autor del texto

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