Batatabati o la narración como juego infantil

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Diego Firmiano
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Sobre un libro infantil que busca promover el conocimiento por las culturas ancestrales autóctonas.

 

10/06/2020
Por: Diego Firmiano

Narrativa Literatura

 

“En tierras del cacique Nabsecadas, hoy corregimiento La Florida, prosperó una tradición constructiva que trae hasta nuestros días el diálogo milenario de los pueblos aborígenes con el barro, la madera y la tierra.”
Jorge Alberto Jaramillo Arango


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Título: Nabsecadas: un viaje al corazón de los quimbayas.

Autor: Paula Arcila Jaramillo

Editorial: Corporación Oshún

Género: Literatura Indígena Infantil

Año: 2020.

Páginas: 28

 

«Nabsecadas: un viaje al corazón de los quimbayas» (2019) es un libro álbum infantil sumamente bello para leer con el corazón y exquisitamente melismático para oír con el alma. Un pequeño mundo narrativo, que, como el arte rupestre del Chiribiquete, está ambientado por los dibujos tiernos de Roger Ramírez Ospina; y tejido con las palabras suaves de Paula Arcila Jaramillo, una licenciada en español y literatura de la UTP, apasionada por las culturas indígenas ancestrales y presidenta de la reconocida Corporación Oshún.

Se trata de una historia raizal de nuestra identidad como descendientes del pueblo Quimbaya, y más que esto, del olvidado arte de escuchar y sentarnos alrededor de un sabio para conocer una épica o una gesta heroica de algún personaje o hecho de nuestra memoria indígena. ¿Qué etnias habitaban antes en el Viejo Cartago? ¿Quiénes fueron nuestros tras-tatarabuelos en este territorio? ¿La Florida fue tierra y dominio de Nabsecadas? Y otras preguntas que nos pueden situar culturalmente en los registros del departamento.

  "Canto a las cosas sin memoria"

Y es que este libro álbum tiene sus méritos, pues ya ha soportado dos ediciones, lo cual dice tácitamente que estamos ante un interés renovado por la etnoliteratura en Risaralda y también por la oralidad transcrita fonéticamente, y esto, ya que la lengua original Quimbaya desapareció, no así sus mitos, costumbres e historias que aún perviven en la memoria del país como oro que no se oxida.

 

 

Y sobre esto último, si nos atenemos a cierta etimología, la riqueza de los quimbayas, emberas, pijaos, kumbas y otras culturas protohistóricas, no era el oro sino el conocimiento, la tradición oral, o si se prefiere, las gestas y revoluciones heredadas de la boca al oído, que hoy, con trabajos pioneros como «Nabsecadas: un viaje al corazón de los quimbayas», podemos conocer en una narrativa simple en su composición literaria, pero compleja, si entendemos que ciertos símbolos ancestrales  han perdido su sentido en la modernidad.

¿Qué significa en el siglo XXI un jaguar, un cóndor o una lechuza? No, no es un carro inglés, una historieta chilena, ni una diosa griega, sino que son símbolos de una memoria psicogenética, a decir de Mario Guerrero Cañas o «Burem Kuricamayo», donde convergen relatos de ancianos a niños, de lenguaje aplicado a la vida cotidiana y de esquemas de asimilación cultural.

La corporación Oshún dirige este valioso trabajo de literatura indígena infantil y en su misión, difunde lo ancestral, el lenguaje, las costumbres, la música, la artesanía a través de un encuentro anual denominado «Palabras de nuestra tierra», donde además de visibilizar estas dinámicas, teje memoria enseñando nuestras raíces ancestrales más profundas.  Aunque cabe resaltar que en este proceso editorial, el historiador Víctor Zuluaga Gómez y el escritor Julián Chica, apoyaron de manera fundamental detrás de los lineamientos argumentales que permitieron ajustar la historia de «Nabsecadas: un viaje al corazón de los quimbayas», a un formato para niños. Simplemente, una obra única y magistral que debe estar en todos los anaqueles de las escuelas, colegios y bibliotecas del departamento.

  Huérfana

 

 

Porque en la historia de este libro álbum los niños son los protagonistas. Ahí están esos tiernos «musingos» de cara sucia y corazón limpio que abren su mente como un cofre para interiorizar las gestas, resoluciones y vidas de indígenas tan importantes como los caciques Pindaná, Tacoronví, Consotá, y la princesa guerrera Yanuba, es decir, nada que envidiar a las epopeyas o personajes de otras culturas literarias del mundo. Una narración lineal que no se ajusta a esa estructura occidental de inicio-nudo-desenlace, sino que trae los hechos desde lo endógeno, desde el interior mismo de la cultura Quimbaya, al igual que una célula nace dentro de otra.

Este tipo de obras escritas dentro de la literatura de Risaralda no es el juego de la apariencia o la ficción,  sino la transcripción de un episodio propio de nuestros quimbayas, ese pueblo textil, orfebre, que a la llegada de los españoles no opusieron resistencia, o al menos hasta que una revolución se gestó por medio del sabio Nabsecadas, el último rebelde autóctono,  que buscaba afanosamente la libertad colectiva, ese bien eterno heredado, insuflado  y preservado por el Naurikirma, el jefe supremo espiritual de la gran nación Quimbaya.

Al final, como el libro lo sugiere, es necesario entrar a un bosque, encontrar una fuente de sabiduría, escuchar con el corazón y entender que el fin de una civilización, nunca es el fin de una cultura. Los quimbayas siguen presente en la memoria de los oralitores, o al menos entre esa etno-literatura que cada vez cobra interés por ser descubierta en las escuelas y centros de formación en Risaralda. En la narración, el viejo sabio Nabsecadas afirma: «Si cierran sus ojos, podrán escuchar voces de hombres y mujeres tejiendo mantas, cargando sal y moldeando hermosas figuras en oro y barro».  E inmediatamente los niños responden, (y que igual es nuestro deseo como lectores): «Sí, los vemos abuelo. Cuéntanos todos esos secretos.»

 

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Información: Quien desee adquirir un ejemplar, o varios, con carácter pedagógico, puede comunicarse al celular 310 437 3119, envíos a todo el país.

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