¿Arte por el arte?

Una crítica necesaria en días de «concursos» y «convocatorias», para extrapolar a creadores y gestores culturales

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Algunos poetas utilizan moldes y fórmulas para asegurar su supervivencia en el mundo literario

Hace un tiempo el hombre que caminó por estos lugares no conocía la escritura, la pintura, la música, la poesía. Seguramente levantó la cabeza, y algo lo inquietó: el brillo de una estrella, un cometa, o se sintió abatido ante la vastedad del cosmos; esto puede considerarse el inicio de la ciencia, la filosofía y la religión. Es posible que este hombre o Sapiens haya reflexionado sobre la finitud, la mortalidad, y su primera reacción haya sido dejar una impronta a futuras generaciones; aquí surge la necesidad de perpetuidad.

Esta parte del relato son solo interpretaciones sobre una posible circunstancia que haya acaecido a un hombre en algún momento de la historia antigua. Lo más seguro es que mi interpretación jamás ocurrió, pero existe un hecho real: la impronta. En la cueva de Chauvet-Pont-d’Arc, en Francia, existe la marca de una mano sobre la pared de una roca. No sabemos el motivo: puede ser algo vital como decir: «yo estuve aquí» o simplemente haya sido un momento sin conciencia en la existencia del hombre. La marca data de unos 30.000 años y el escritor Yuval Noah Harari denominó este periodo como: revolución cognitiva.

Petroglifos en la cueva de Chauvet-Pont-d’Arc

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Hay una postura que argumenta que el arte se justifica por ser arte, y bajo una óptica purista el arte es lo que cumple las características para ser valorado como: lo bello o hermoso. Si consideramos arte solo lo que es bello entonces vamos a estar observando una parte de la realidad. Esta postura sesga al arte en la mera atmósfera de ser un entretenimiento de masas y no un elemento de construcción activa de sujeto y sociedad.

¿Cuál fue el pensamiento que presidió el acto de poner la huella en la pared de piedra? ¿Hay una estética basada en la belleza o existe pensamiento de perennidad en esa mano? Esta huella no podría elevarse fácilmente a la categoría de arte. Podemos cuestionar qué es arte y qué elementos configuran o sustentan esta definición. El arte es lo que se usa como utensilio o es aquella manifestación del espíritu que sin importar su condición estética propone un pensamiento crítico que, a su vez, permite cuestionar la construcción del sujeto en la sociedad y la sociedad misma.

Poeta turco Nazim Hikmet Ran

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Los concursos literarios han sido el instrumento de poetas para proyectar su obra, pero también son los grandes responsables de la ausencia de creatividad y de ruptura en la poesía. Cuando Nazim Hikmet (poeta incomprendido de su época) escribió obras memorables como: Cartas a Taranta-Babu o el hermoso poema Angina de pecho fue un instante de fracturación del alma. Nunca buscó una estética que le permitiera navegar entre los aplausos y el reconocimiento de la sociedad. Su poesía es el grito desmesurado de un hombre que pasó más de la mitad de su vida en las cárceles sufriendo atropellos por tener una postura que no se permuta ni se vende fácilmente. En la actualidad existe una necesidad de lo superfluo, de lo acomodado: la sociedad de consumo prefiere seguir en la comodidad del status quo.

La poesía se convirtió en algo predecible. Todos escriben con juicio y disciplina. Algunos poetas utilizan moldes y fórmulas que permiten asegurada la supervivencia en el mundillo literario. No existe autenticidad, sino copia de copia de otros o lo que es ridículo: infinidad de copias de uno mismo.

En una entrevista realizada por Zeuxis Vargas al poeta Gabriel Arturo Castro, el poeta dijo apreciaciones acertadas sobre el afán de publicar de los jóvenes. Esto me lleva a pensar en la necesidad de «maduración» que necesita un escrito.

La poesía nace de un desgarramiento del Ser a través del lenguaje. Es desnudarse. Es asumir la derrota y la soledad. Es también inmolarse. Creo que lo que voy a decir será motivo de polémica, pero en la actualidad existe una tendencia de asumir la escritura una moda mas no como filosofía de vida. Parece que se escribe más por el aplauso de un pequeño círculo de amigos, o para reacciones de las redes sociales que por una necesidad verdadera de asumir la humanidad: dolor, alegría, muerte, vida… a través del lenguaje poético. Parece que desapareció la protesta y la crítica y fue sustituida por esa peligrosa idea de no incomodar a nadie o a nada: a ningún sistema político y económico, o a un grupo de poetas «dueños de la palabra».

Yuval Noah Harari

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También existe reticencia por lo clásico y por la historia. Hay una moda de creer que la renovación de la poesía se logra a través de líneas que destilen hiel y mierda contra todo. Pensar que lo que escribo tiene más importancia que lo que escribieron otros antes de mí. En algunos recitales he escuchado poetas que escriben líneas en donde insultan el legado de generaciones del pasado, lo preocupante es que el insulto no se realiza haciendo uso de figuras literarias como la sátira o la ironía, sino que se hace con textos vacuos y mediocres. Pienso que estamos ante una generación que desconoce la importancia de nuestros clásicos.

El poeta Gonzalo Márquez Cristo en una entrevista con Eugenia Sánchez Nieto dijo que no tenemos una ruptura en nuestra poesía. Pienso que sí tenemos poetas y poemas que han marcado una encisión en nuestra historia literaria: el primer momento fue la publicación de Suenan timbres, 1926, de Luis Vidales. Después la poesía de León de Greiff la cual es rara avis en nuestra literatura, luego vino la generación Golpe de dados que conservó algunos tintes del extinto Nadaismo. Creo que sí hubo rupturas, pero sospecho que esta generación no va poder salir de la estética de generaciones anteriores, no por falta de talento sino por desconocimiento de la historia y la necesidad de acoplarse a los moldes que imponen los concursos literarios.

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