Aproximación a Gonzalo Arango

En este cuidadoso ensayo, Raul Mejía repasa las virtudes que hacen de Gonzalo Arango uno de los autores contemporáneos más importantes en la literatura colombiana

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¿Quién es Gonzalo Arango para jóvenes, escritores y afectos a la literatura? No aparece en billetes, ignoro si su nombre se lee en frontispicios de escuelas o bibliotecas

06/12/2020
Por Raúl Mejía
Ensayo

I

Pudo no tratarse del mejor viaje, el recorrido planeado durante semanas, incluyendo itinerarios, hoteles y, con suerte, ignotos parientes. No fue así, prisas y otros, a modo de reserva de sumario, obligaron a acudir a algunos municipios del sur occidente de Antioquia de manera angustiosa. Las tres, cuatro horas que separan a Medellín del turístico poblado “Jardín”, permiten registros visuales de diversos sitios, entre ellos la creciente ciudad de “Andes”. Este es el lugar de ascendencia de cercanos y sí, por supuesto, el sitio en donde nació Gonzalo Arango. Es feo, bullicioso, rodeado de cerros, fincas e idiosincrancias apuntaladas al cultivo, comercio del emblemático “café”. No tengo idea ante probable contraste entre aquel año 1931 y la actualidad municipal del fundador del “Nadaísmo”, cualquier apreciación urbanística o nostálgica ha de pasar por fanáticos seguidores del “profeta”, con especializaciones en “POTS”, arqueologías, personales añoranzas. Permanecí poco tiempo en este “pueblo”, insuficiente para rastrear lejanas huellas, ecos de abuelos maternos y aún más próximos seres; no pensaba en absoluto auscultar memorias de aquel hombre que salió de allí a los diecisiete años. En “Jardín”, a escasos minutos, el casual encuentro con algo de su obra, me animó a estas aproximaciones.

Gonzalo Arango (1931-1976)

II

Salvo por novelas de Fernando Vallejo, que no he leído en su totalidad y varias más, en donde se impone ferozmente esa “primera persona”, momificarse en ella, en el pronombre “yo” y afines semánticos, aburre por sus deslices de vanidad, subjetivismo, frivolidad. Sin embargo, en épocas de absoluta tiranía de la misma, tenues dosis de la misma no creo que generen cismas o agujeros negros. Dicho esto, entonces, recuerdo que, en el precioso poblado “Jardín”, me topé con inusitadas publicaciones, halladas en la biblioteca municipal. Entre textos, revistas, un libro que recogía parte de copiosas entregas y colaboraciones del juvenil Gonzalo Arango en magacines, periódicos, folletos de fines de los años cuarenta e inicios de los cincuenta. Al parecer “no publicados antes en formato de libro”, al decir del compilador. En presencia, cohabitación de horas y tiempo laxo, me entretuve leyendo algo de lo impreso allí: viejos discursos, notículas, referencias a propósito de lecturas, novedades universitarias, nada trascendente; sólo que, al pertenecer a él, merecieron ser llevadas a un volumen que se apiñará alrededor de muchos más, existentes y por surgir. Fueron escasos aquellos efluvios bucólicos para eclosionar en mí, fervores hacia la lectura “total” del célebre autor de “PROVIDENCIA”.

  ¿Arte por el arte?
Escritor, poeta, prosista, periodista, dramaturgo

III

Todo estudiante veterano, actual y futuro de licenciaturas en literatura y afines, en Colombia, forzosamente ha de estudiar aspectos sobre escritores, escuelas e ismos vividos o creados en el país. Es asunto académico de obligada cultura general. Llámese como se llame la asignatura, ha de ocuparse del “Nadaísmo”, asumiéndola bajo parámetros sospechosos o individualistas del docente o experto de marras. Hecho este proceso, el licenciado habrá de perpetuar lo “aprendido”, darlo a conocer a díscolos, irreverentes, displicentes, aburridos alumnos de secundaria, detalles sobre obras, escritores e instantes sublimes a propósito de la literatura nacional: ¿será el Nadaísmo capítulo “especial”? Lo dudo, no por la importancia del mismo, sino por feroces apatías y desgreños de la mayoría de los estudiantes. Yo (me excuso en serio por usar este monosílabo fastidioso) aprendí más sobre X-504, Amilkar U., Jotamario y el citado Gonzalo Arango, por lecturas individuales, al margen de lo precario que fue visto en la universidad. Yo, docente, apenas si insinúe mínimos detalles a “mis” estudiantes, dos citas allí, tres minúsculas biografías, algún aleatorio poema. Sé de colegas que hacen menos o se radicalizan con informaciones hechas polvo de ecos mudos en oídos y sensibilidades de impúberes. ¿Es suficiente lo que intentan academias, profesores para mantener vigentes obras y autores? Que Pilatos pida más agua…

Fundador del movimiento poético vanguardista «Nadaismo» (1958)

IV

“PROVIDENCIA” fue el primer (y único libro completo leído) asomo que tuve con respecto a la amplia bibliografía de Gonzalo Arango. Conocí esos, digamos, metafísicos, sutiles versos, finalizando la década de los setenta. Muy niño, desde brumosa distancia de ignorancias e ingenuidades, había visto a colectivos tardíos de “hippies” e iniciales amantes del rock fuerte, reunirse alrededor de canciones, marihuana y demás parafernalias. Supe del bullicio mediático ante la muerte del “profeta” a través de noticieros de la época, pero el apático estudiante que era, del grado séptimo, apenas si reaccionó a esa noticia. Si la memoria no falla, PROVIDENCIA, sus poemas, venían acompañados por viñetas, creo que de “Angelita”, compañera última del poeta. Supe también, por supuesto y años después, de furias, desvaríos, ofensas de otros sujetos del Nadaísmo, a raíz de esa ulterior faceta neo-cristiana de su antiguo líder: tonterías o reacciones en pro de hacerse usuario de entrevistas para seguir siendo “popular” en medios y publicaciones. Ya en la universidad y como cliente del “Círculo de Lectores”, me hice a una antología de la poesía colombiana. Recuerdo que el primer poeta antologizado era José Asunción Silva y la última (supongo) María Mercedes Carranza –curiosa secuencia de suicidas- Entre otros, estaban (y están) Gonzalo Arango, Jaime Jaramillo Escobar, Jotamario, tres Nadaístas, de los más notables, faltando el importantísimo nombre de Amilkar U. De ellos ya conocía textos de X-504, sus “POEMAS DE LA OFENSA”, notable poemario. Pero nunca viví instantes espirituales o reveladores para moderar tan pasmosa ignorancia acerca de nuestro primer y solitario “Ismo” local, debido –quizás- a lodosas apatías regionales.

  Sensación y escándalo en Pereira
Influenciado por el existencialismo francés, el surrealismo, el dadaismo y la generación beat

V

Recién y movido por mareas de alto ocio, contactos, presencia impenitente de la Poesía, se han facilitado accesos para corregir crasos vacíos y allegarme a prosas, cartas, crónicas y sí, poemas, de la mayoría de involucrados en este movimiento. Sólo vi, de paso, distante, al largamente moribundo Darío Lemos. Al excelente vate, X-504, le conocí en la biblioteca Piloto de Medellín, donde prosigue con su taller de escritores. Jotamario y Eduardo Escobar siguen siendo bastante visibles a través de sus columnas y publicaciones. Hay más, sin duda, pero se sabe desde lustros quienes fueron, son y serán fundamentales: ellos, los nombrados hasta este instante.

¿Quién es Gonzalo Arango para jóvenes, escritores y afectos a la literatura? No aparece en billetes, ignoro si su nombre se lee en frontispicios de escuelas o bibliotecas (como mínimo ha de haber una en que sí), tampoco se le pronuncia en canciones aún programadas. Pero, para contrastes epistemológicos, es cita ineludible en cuanto mundillo o grupúsculo añejo o advenedizo de poetas y poemas exista en Colombia. Junto con García Márquez, Silva, Mutis, hace parte de celebérrima galería de autores “clásicos”, en el sentido muy liberal de acumulaciones de referencias, estudios, publicaciones: es “archi conocido” y, a la vez, “híper desconocido” para masas y burguesías incultas. A juicio a priori, personal, diría que es el escritor más abismalmente irregular, vigente y atractivo en nuestro discutible, escabroso “Olimpo” o “Parnaso” nacional.

En su estilo poético intentó romper con los esquemas tradicionales de la época

VI

Es extraña la dinámica de publicaciones del Gonzalo Arango vivo, estudiante y líder de su movimiento: novela, cuentos, obras de teatro, poemas, cartas, manifiestos, crónicas, discursos, diarios de cárcel, ensayos, etc. Es formidable como hacedor de epístolas, agresivo, demoledor con su fina prosa. ¿Eclécticas facetas de escritor? No sé, a veces encanta y en otras se difumina, se pierde, afanado en escribir febrilmente. Amén de aquellos poemitas de PROVIDENCIA, se facilita –por no pocas compilaciones- leer poemas iniciales, extensos, plenos de aristas rabiosas, vehementes. Al igual que aquel deseo de Borges, ¿será el poeta el que sobrevivirá? Vaya ingenio y dureza que esgrime cuando se va lanza en ristre contra “vacas sagradas” de la cultura y literatura de aquellos años, especialmente escritores católicos, que conllevaron a encarcelamientos y resistentes episodios heréticos, simpáticos, que no dejan de recordarse, extrapolarse. Lo que pervive en la psiquis, ¿es lo importante? Conservo el placer que viví al leerle crónicas sobre “Cochise”, Carlos Lleras Restrepo y dos o tres más. ¿Es ese el “Gonzalo Arango” esencial? De serlo, no presumo que fuese conclusión peyorativa, sería adicional a varias más, personales y/o generacionales, que han visto, ven en él a un revolucionario, genio o escritor con vigencia indiscutible.

  Antonio Machado

VII

Son vastas, también, iconografías, recuerdos y anécdotas acerca de Gonzalo Arango. A través de las mismas, es viable para cada quien, hacerse o configurarse al Nadaísta vivo, fraterno, comprometido con sus ideas, palabras y proyectos. En alguna ocasión mencioné del curioso paralelo con otro memorable antioqueño, Porfirio Barba Jacob: descabellado o no, son divagaciones tangenciales. “El Nadaísmo” pudo ser, es y tal vez prosiga, debido a la energía, rebeldía y rabia de un sujeto cansado de verborreas, clasismos, pobrezas mayúsculas en la literatura colombiana. Para algunos, tanto él, como los demás Nadaístas, solo fueron deleznables payasos, viciosos, excéntricos dotados en ironías, pero intrascendentes como escritores “serios”. Pero es irresistible no percibir atavismos y acritudes que siguen siendo necesarios ahora, innegable es no admitir improntas, caballitos de batalla que lanzaron, que habitaron para ir despojando a nuestra sociedad y viciados entramados, de hipocresías, gazmoñerías y pobrezas proverbiales. Ese reconocido humor, apreciaciones de vanguardias literarias, energía desbordante, mantienen cohesionado al Nadaísmo como registro básico, perdurable en nuestro acaecer físico y, si se quiere, espiritual: jamás mueren susurros, diatribas, risas que permitieron lucideces, asombros…

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