Antonio Machado

Raúl Mejía reflexiona sobre la poesía de Antonio Machado, las ambiciones literarias, los amores y lecturas que lo inspiraron y su legado a la lengua hispana

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Además de un análisis a la obra, este texto es un elogio al poeta sevillano

06/28/2020
Por Raúl Mejía
Ensayo

I

¿Cuántos “Antonios Machados” existen?  Es fácil escoger a ése que musicalizó Serrat, el de “Proverbios y Cantares”, cuyos versos, para una gran difusa mayoría, han de ser los únicos conocidos. Existe otro Antonio Machado, recordado por poetas, mayores y contemporáneos a él: lo conocemos en poema célebre de Rubén Darío, en diversas alusiones mordaces del misántropo Juan Ramón Jiménez y en evocaciones de Rafael Alberti.
__Persiste aquel maestro Machado, comprometido con la riqueza del idioma castellano, su tránsito milenario del latín al lenguaje que hoy hablamos; es también quien ha recuperado la belleza de los versos de Berceo, Garcilaso, Lope y Bécquer, etcétera. Es, igualmente, el poeta que impactó a Camus, seduciéndolo al punto de traducirlo al francés. Existe, pues, el escritor de meditados, musicales versos, ese profundo caminante de riberas, montes y manantiales; el incisivo ensayista sobre el quehacer poético, nuestro melancólico guía a través de tristezas y contundencias de lo que existe.

«Campos de Castilla» de Antonio Machado

II

__Antonio Machado nace y muere en medio de décadas difíciles para su país y especialmente para Europa. Vive el desmoronamiento español de fines del siglo XIX, primera guerra mundial, la fratricida guerra civil y prolegómenos de la segunda guerra mundial. No muy político –afortunadamente- se sabe huésped de esos avatares sociales, mas su invariable serenidad y compromiso con la poesía no lo arrojan hacia desmedidas lides guerreristas. Es época fértil de sonoros “Ismos”, siéndole el más allegado (y bastante conocido), el Modernismo.
__Es gigantesca la proliferación de ensayos con respecto a este movimiento creado por el “nicaragüense universal”, su influencia o no sobre poéticas varias de los autores de la generación del 98. Ha sido, es, será festín para eruditos; ante lo cual, agregar un postulado más no ayuda en ese sinfín de especulaciones. Antonio Machado, cercano a Francia por trabajo, estudio e idioma, sabe de las propuestas simbolistas de Verlaine, Mallarmé… Pero al igual que ocurre con el Modernismo, hace catarsis del Simbolismo y probablemente de otros como el Expresionismo, Surrealismo etc. Morrocotudo asunto este de los “Ismos”, extraños sustantivos, consecuentes adjetivos para un único fenómeno: la Poesía. No hay duda que en avezados y largos estudios de la obra del autor de “Campos de Castilla”, es viable hallar resonancias de éste o aquel movimiento, incluso evidentes líneas modernistas y/o simbolistas. Pero es pesquisa huera, mañas de “profesionales” vanidosos, casados con teorías, utopías. Los sesenta y cuatro años vividos por Machado, dejaron en él cuanta evidencia e influencia pudiera rastrearse, pero ello es secundario ante el legado de su obra.

  César Vallejo

III

__Aún se conoce el grado décimo de escolaridad en Colombia, en el “área” de Español y Literatura, como el año para “trabajar” y “conocer” lo concerniente a la literatura española: el sólo hecho de expresarlo es símil de “náusea”.
__Generaciones de docentes, planes curriculares y estudiantes han ido dejando un vaho de mediocridad abismal sobre aquellos minúsculos asomos a un trasunto literario de más de mil años. Supuestamente deben dedicarse “muchas “de esas cuarenta semanas” al estudio del “Quijote”, novela que encaja en todo cliché que habla de clásicos citados y no leídos. En Colombia es un fiasco este grado décimo, evidencia de sinnúmeros de hipocresías e ignorancias. Algo muy similar debe apreciarse en otros países de habla hispana y me temo que incluso, en España –tan proclive a nacionalismos-no sea de gran rigor el conocimiento de su propia literatura. Pero en las facultades de educación el fenómeno asume síntomas de perversa decadencia, se presentan con pomposos nombres (Lit. hispana, castellana, iberoamericana…) y en uno, dos semestres quizás –en medio de documentos y fragmentos- apenas si se matiza la riqueza de decenas de autores. Tal vez en maestrías o doctorados se logre más, no lo sé.
__No es, ni ha sido ni será extraño que Antonio Machado sea un desconocido para el joven actual, para el normalista e incluso para ciertos intelectuales. No es extraño, si en Colombia Silva y Aurelio Arturo siguen siendo desconocidos, cómo no lo ha de ser un “señor” de otro país. Dado nuestro canibalismo cultural, nuestra insaciable vanidad y desprecio por lo propio, se asiste a despiadadas omisiones y Machado no es la excepción: escritores que convivieron con él durante las primeras décadas del siglo pasado, habitaron odios, diatribas en contra de supuestos enemigos del movimiento de “moda” o de aquellos alejados del caos social beligerante de esos años, no fueron pocas las calificaciones hacia Machado de “anacrónico”, “cobarde”. No sorprende. En el ámbito local, están más vivos aquel autor de las “Flores Negras” y el de “Los Camellos”, que quien nos habla desde su angustia existencial y ominosa nostalgia en poemas como “Día de Difuntos”, “Psicopatía”.

Antonio Machado

IV

__No sé hasta qué punto sea válido hablar de “ciclos” o de períodos” en el devenir biográfico y bibliográfico de un poeta. Es una manera de escindir su legado para, tal vez, hacerlo más comprensible. Vale. Considero que en Antonio Machado son muy visibles sus instantes de juventud, fugaz matrimonio, el terrible duelo a éste; su extensa y épica labor de docente, caminante a través de la geografía española y el otoñal vate enamorado, ya próximo al destierro, a la muerte. En sus libros, mejor, se atestiguan dichos tránsitos.
__Desde “Soledades” hasta sus últimos versos, el poeta es un exquisito orfebre de líneas, del vocablo castizo y de la musicalidad. Maneja con maestría rimas, estrofas, entre asonantes y consonantes, buscando, puliendo, logrando un ritmo personal, seductor:

“¡Oh montes lejanos
De malva y violeta!
En el aire en sombra
Sólo el río suena!”

__Montes, aire, río, sombra… Palabras del léxico de Machado, sustantivos concretos, realidades al alcance y con las cuales (sumando otras más) elabora descriptivos poemas, hondas instantáneas de tristeza y añoranzas. Rápidamente nos delega textos preciosos, es un clásico “ipso facto”. Antes de él, autores del siglo de oro y del barroco, alcanzaron enorme perfección formal indiscutible, pero con Machado se aúnan verticalidad y sentimiento, matizando estructuras un tanto densas. El TIEMPO es para nuestro poeta un “leviatán” con el que se puede dialogar, lograr alguna unción que permita el acceso a secretos no delegables o confesables a todos. Tiempo y poesía, tiempo y exaltación ante la luz, lo que ella construye; tiempo y amor por la adolescente, tiempo y vasta soledad de caminante, tiempo y pasión, tiempo y sueños, tiempo y muerte.

  El corazón de la orca pesa cien kilos

V

__Considero que, al hacer uso de los epígrafes, la idea básica busca resaltar la impronta de ellos en ese instante de lectura o de epifanía sí, verazmente, han permitido la elaboración de textos. Vale. Sin embargo, cuando publicas un poemario o colección de ensayos y a cada uno le vas asignando uno diferente, el asunto trasciende de la admiración a la sospecha: ¿qué se pretende? ¿Que nos deleitemos más con el epígrafe o con nuestro escrito? Estúpida costumbre, tan inoficiosa como la proliferación de recitales o grupúsculos líricos.
__Empero, con Antonio Machado sí admitiría múltiples citas, epígrafes. (Incluso utilicé aquel que reza: “Quien habla solo espera/ hablar a Dios un día”). Escogería bastantes, en especial de sus “Proverbios y Cantares”, “Campos de Castilla”, “Canciones a Guiomar”. Poeta de versos memorables: “se hace camino al andar”, “en un jardín te he soñado” … La excepción en cuanto a este maestro sería más que disculpable.
__Poemas hay de Machado de constante relectura. “A un Olmo Seco”, escrito hacia 1912. No es viejo el poeta, pero ya es viudo. En el texto se aprecian varias de sus constantes: analíticas descripciones, la naturaleza con su plenitud de adjetivos y búsqueda de esa “segunda oportunidad” a la que jamás dejamos de anhelar: “mi corazón espera/también hacia la luz y hacia la vida/otro milagro de la primavera”. Metáforas evidentes de sí mismo, nosotros en anhelo de “otro milagro”.
__“Canciones a Guiomar”, todo un deleite de versos, amor, vida y experiencias encauzados hacia la seducción no sólo de la dama, sino de lo exultante de existir, presenciando plenitud de instantes, sean brevísimos o eternos: “a ti, Guiomar, esta nostalgia mía”.
__Es inevitable el riesgo de no citar una buena cantidad de títulos. Antonio Machado es incuestionable habitante de cuanta rigurosa antología sobre poesía universal se publique. “Google”, en segundos, provee miles de páginas, para toda clase de gustos.
__Hay un poema no muy citado de este vate español: MI PADRE, está fechado el 13 de marzo de 1916, época de trascendentales sucesos para un Machado pleno en su poesía. Más allá de hacer recuentos irrelevantes sobre cuantos poemas se han escrito sobre figuras paternas, o la frívola estadística sobre si se han escrito más versos sobre la madre o el padre, me atrae la discreta cifra de poemas escritos desde el hijo a su progenitor. Pareciera no ser lo usual, ya que se registran más “cartas” o referencias autobiográficas.
__Este hombre, este padre: “los ojos grandes, la alta frente”, regresa pleno a la memoria del hijo; pero es en estos versos donde el poema adquiere nostalgia avasalladora: “Ya soy más viejo que eras tú, padre mío, cuando me besabas. /Pero en el recuerdo, soy también el niño que tú llevabas de la mano. / ¡Muchos años pasaron sin que yo te recordara, padre mío! / ¿Dónde estabas tú esos años?”
__Enemigo e ignorante de especulaciones psicoanalíticas, desconozco si en la sensibilidad de los hijos perdura más aquel o este complejo. La relación madre-hijo es, desde cualquier perspectiva, la más trillada y analizada. Vale. Pero sé que, en personas como yo, recuperamos –adultos- la presencia del padre; esa, si se quiere, leve memoria de instantes que en la adultez gravitan enormemente. Machado nos recuerda en esos últimos versos, aquella sensación de observar ante el espejo no sólo nuestro reflejo, sino el paternal asemejándose muchísimo al propio. También, como él, la contundente pregunta: “¿Dónde estabas tú esos años?”

Portada «Proverbios y cantares» de Antonio Machado

VI

Colofones:
__En distante “era”, en la cual fui docente, propuse un trabajo sobre Antonio Machado. Sugerí a los alumnos preciosa biografía escrita por el también poeta José Luis Cano. Aún la recomiendo.
__Finalizando mi licenciatura surgió en un examen parcial, la pregunta sobre este verso de Machado: “Poeta, ¿qué buscas tú en el ocaso? (espero haber citado bien) El maestro español no dio respuestas, pero persiste la pregunta: ¿qué buscamos allí?
__Por supuesto recomendaría la lectura de la obra poética completa de Antonio Machado, sin ignorar su producción en prosa, en particular “Los Complementarios”, delicioso discurrir de sabiduría lírica, proveniente de uno de sus varios heterónimos.

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