Amar y Vivir o el melodrama colombiano II

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Amar y Vivir o el melodrama colombiano II

– Guess –

 

III

 

Los 80’s representa una de las décadas más complejas, convulsionadas pero interesantes de finales de siglo. Desde lo político, lo económico, lo cultural y lo social siempre generó cambios significativos a nivel global, latinoamericano y local. Es como el final de una gran saga donde todos los géneros, tramas y personajes fueron introducidos en una sola historia con final abierto.

El final de esta década, especialmente en Colombia, marcó un antes y un después; hubo una ruptura paradigmática. El país más feliz del mundo se encontraba viviendo un drama surrealista al mejor estilo de Buñuel. Esta agotada década visibilizó las venas abiertas de las malas administraciones, con unas instituciones supremamente débiles y un aparato judicial precario.

 

 

Al presidente Virgilio Barco (1986-1990) le tocó heredar una larga lista de fragilidades y situaciones anómalas convirtiendo al año 1989 en la suma de todos los miedos. Después del rifirrafe de su gobierno con la Corte Suprema por el Tratado de Extradición, Barco enfrentó al menos tres situaciones inéditas para el país. En primer lugar una inusitada ola de violencia que generaron los carteles en su  lucha contra la extradición, la guerra sucia contra miembros de partidos de izquierda y esa confusa mezcla entre narcotráfico, paramilitarismo y organismos de seguridad que hacían presencia, pero siempre en confusos hechos. El asesinato de cuatro precandidatos presidenciales: el carismático jurista Jaime Pardo Leal, el casi seguro presidente Luis Carlos Galán, el recién desmovilizado del M.19, Carlos Pizarro Leóngomez y el ex senador Bernardo Jaramillo Ossa.

Ante el fortalecimiento de tanto competidor, el gobierno de Barco quedó contra las cuerdas y no tenía la capacidad para combatir estos fenómenos. Pero la población colombiana que además de espectadora también resultó golpeada por dichos fenómenos, nunca tiró la toalla y se enfrentó en la contienda utilizando mecanismos democráticos al impulsar la inclusión de una «séptima papeleta» en los siguientes comicios y lograr la convocatoria a la Asamblea Nacional Constituyente.

 

  Dios en su tumba

 

 

IV

 

El director Carlos Duplat, asumió el compromiso de visibilizar la realidad del país en la pantalla chica y a su vez exponer la cotidianidad parcialmente presentada por los noticieros o diarios de la época que incluso se encontraban amenazados. Para esa tumultuosa época, la televisión colombiana solo tenía 3 canales, y la serie “Amar y Vivir” se transmitía por la Cadena Uno. Eran tiempos donde ni la televisión por suscripción, ni el internet, ni las redes sociales les robaba el sueño a los colombianos, sino la realidad del país.

Además de unas pocas producciones rescatables, la pantalla estaba inundada de telenovelas mexicanas y venezolanas. El desafío de Duplat, incluía distanciarse de la cotidianidad de las historias de la época. Para ello se arriesga con una serie sin triángulos amorosos, sin estrellas ni lágrimas, con poco sexo y sin playa, brisa y mar.  De algún modo Duplat se las arregla para ser pionero en la exhibición de muchos temas tabú. Este outsider santandereano, mostro mundos que aún no se habían presentado en la televisión como el desplazamiento, la migración a la ciudad, el sicariato, el crimen organizado y el narcotráfico. Otras Producciones nacionales como “La Malayerba” se habían acercado al tema de los ilícitos pero se distanciaban enormemente de un contexto real y social que convocara a todo un país.

Más que una serie, didáctica, coloquial o moralizante como sus predecesoras, “Amar y Vivir” se servía de sus personajes para exhortar a acelerar la exploración y la introspección.

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