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Alpha, encuentro de dos mundos

Por Charles Dexter Ward

en Alpha la naturaleza, ni amiga ni enemiga, es el contingente y el hombre y el animal se unen para cuidarse entre ellos.

Si tengo que explicar por qué leo con fervor a Paul Auster me hinco al silencio como hacía Kelpie con sus víctimas. Sin embargo, aferrado a los detalles, quizá por conocer una parte de la obra del norteamericano generalmente consigo invocarlo. Así Tombuctú me lleva a relacionarle con la nueva película de Albert Hughes, quien ya me había sorprendido con El Libro de Eli, película protagonizada por los talentosos Denzel Washington, Mila Kunis y Gary Oldman en 2010.

Resulta curioso que a diferencia de esta, una historia apocalíptica y llena de escepticismo, salvo esa maravillosa apuesta por la más excelsa de todas las artes, la literatura, Hughes abandona la distopía para viajar veinte mil años al pasado. Alpha es más viva, más trasegada, más espléndida y tal como la relación que existe entre hombre y can, como la de Míster Bones y Willy G. Christmas, esta es una película poética.

Quería verla desde su anuncio y para ser franco, con el mal expediente que por un lado dejó 10.000 ac, y de forma positiva Apocalypto, el hit de Mel Gibson, en el tráiler Alpha dejaba mucho que desear. Sí, esto pese al atractivo argumento que también fue base para el film protagonizado por Kevin Costner en 1990, Danza con lobos. El argumento que sostiene también a Tombuctú, una novela descarnada, pero también llena de metáforas y figuras literarias.

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Aquí el hombre y el perro se separan en un mundo caótico y monstruoso para ambos, poblado, civilizado y con todas las posibilidades de garantizar el bienestar de ambos sujetos. En cambio en Alpha la naturaleza, ni amiga ni enemiga, es el contingente y el hombre y el animal se unen para cuidarse entre ellos. El cielo es el paisaje, pero es un paisaje basto e intemperante, y sus personajes, que se sientan a contemplar el atardecer como si vieran una buena película, son conscientes de ello.

Si en Tombuctú la muerte es la salvación, en Alpha lo que se busca es el comienzo de la vida en todos los sentidos. En algunos pasajes queda claro que salvo la misma naturaleza pocas elementos podían distraer al hombre de ese objetivo, el de vivir y llenar la vida. Veinte mil años atrás era necesario permanecer unidos para subsistir y a mayor cantidad de sujetos en la unidad más probable era la supervivencia.

Lobos, búfalos, hombres, viven en manada. Esta es una dinámica del amor. En El Libro de Eli no hay animales, los hombres los devoraron como todo en la tierra. En Tombuctú Mister Bones es visto como un aperitivo por cierto restaurante. La esperanza, la amistad, la alianza de dos bestias muy distintas se halla veinte mil años atrás. ¿Cómo se rescata eso?

Pese a que en principio tuve la sensación de ver a Zack Snyder —sin desmeritar algunos de sus trabajos, 300Watchmen— Alpha tiene una fotografía, un ritmo y un montaje que la convierten en una película poética. La música es excelente. Más si se tiene en cuenta que acompasa el silencio y la dureza del clima. Y es al mismo tiempo leve como la narración y los diálogos y la mirada canina de ambos protagonistas.

Si el espectador busca emociones fuertes esta no es la película ideal, si busca un argumento contundente, menos. Si en cambio quiere sentir la fiereza, la nostalgia de la vida, cuestionarse su conexión con la naturaleza, en especial con el leal amigo del hombre, debe ver Alpha, tan bella como Tombuctú, tan esperanzadora como El Libro de Eli.

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